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Así como los astrólogos dedican parte de su vida a mirar las estrellas buscando señales, los inversores hacen lo mismo con los mercados. Y de vez en cuando, encuentran alguna estadística que se pone de moda y genera una enorme discusión. Si, además, tiene un nombre exótico, la popularidad de esta medida está garantizada.

Eso está ocurriendo con la denominada “Coppock Guide”, que según cuenta Mark Hulbert en Marketwatch, se ha convertido en una de las herramientas más de moda entre los editores de newsletter financieros para intentar identificar el inicio de los mercados alcistas.  Pues bien, según cuenta el propio Hulbert en su último artículo, este indicador habría sugerido “comprar bolsa” el pasado viernes.

La mayoría de las señales de la Coppock Guide han sido certeras. Gráfico visto en www.safehaven.com

La mayoría de las señales de la Coppock Guide han sido certeras. Gráfico visto en www.safehaven.com

Si queréis calcularlo, en este post se explica cómo, pero yo lo voy a resumir. Se trata de medir las variaciones mensuales del Dow Jones durante dos periodos: uno de 14 meses y otro de 11 meses, y hacer una suma y una media ponderando más los meses más recientes. Cuando la media está muy por debajo de 100 y pega un giro brusco al alza, se produce la señal. Siempre, claro, unos meses después del punto más bajo del mercado.

¿Por qué 11 y por qué 14 meses? La razón, según Wikipedia, es de lo más extraña. El creador de la estadística preguntó a un monje cuánto tardaba la gente en reponerse de un duro golpe vital, y el monje le respondió que entre 11 y 14 meses. Como Coppock pensaba que las fases bajistas en los mercados eran similares a esos tiempos de desazón en los hombres, aplicó estas cifras para elaborar su guia identificadora de suelos.

¿Cómo de fiable resulta esta estadística? Pues como todo lo basado en datos pasados, muy poco. Vale, dirá algún lector inquieto y curioso, ¿pero más o menos que otras medidas del pasado? Según las cifras, podría estar entre las más efectivas. Normalmente sí ha identificado momentos de entrada en el mercado. Sin embargo, también ha tenido algunas pifias importantes. ¿Y a que no adivinan cuál fue la más relevante?

Efectivamente, durante el bear market rally que vivieron los mercados tras el crack de 1929. En conclusión, quienes piensen que no estamos en una situación como entonces, tienen un indicador más que sugiere comprar, pero quienes consideren que esta crisis es sospechosamente parecida a la de 1929, que sigan mirando los toros desde la barandilla.

La publicación de referencia del mercado estadounidense viene esta semana con una dosis de optimismo. En su tema de portada de esta edición (es semanal y se publica los lunes), Barron’s viene a decir que las bolsas están muy cerca del suelo y que los precios ya resultan muy atractivos, aunque no se puede descartar  descensos hacia los 5.000 puntos del Dow Jones.

Para refrendar sus tesis se basa, principalmente, en dos puntos:

-Las acciones están baratas por PER
Según la publicación, el PER (veces que el beneficio por acción está recogido en el precio. Cuanto más bajo, teóricamente más barato) del S&P 500 ya se ha ido cerca de las 13 veces, y a estas alturas ha rebotado en la mayoría de crisis, excepto en 1974, 1982 y 1987, pero entonces los rendimientos de los bonos del Gobierno eran mucho más altos.

- Las acciones están baratas midiéndolas sobre el PIB.
La capitalización del mercado bursátil americano ahora supone tan sólo el 60 por ciento del PIB de este país, la cifra más baja desde principios de los años 90. En teoría, positivo, aunque este dato también tiene una lectura menos optimista: supone casi el doble de los niveles a los que se llegó a caer en los años 70 y 80.

A esta noticia he llegado a través de Seeking Alpha, donde también he visto esta interesante estadística: según la última encuesta de la Asociación Americana de Inversores Individuales, el 70% espera que las acciones sigan cayendo en las próximas semanas, un nuevo récord de pesimismo que suele tomarse como un indicador contrario (bajo la idea de que si todo el mundo es tan pesimista ya habrá vendido sus acciones): es decir, como que la capitulación ya se ha visto.

¿Qué os parecen estas estadísticas? ¿Estáis de acuerdo con Barron’s o os apuntáis al “esta vez será diferente”?

Como nos gustaría poder aplicar a los mercados eso que a veces decimos cuando alguien se pega un trastazo y da con sus huesos en el suelo: “De ahí no pasas”. Los mercados han cerrado la semana “pasando de ahí”, del suelo que había funcionado bien los últimos meses para detener las caídas. Otra vez han sido los bancos los que han taladrado el mercado, con caídas muy fuertes de nuevo para el Popular, agobiado por los bajistas y sus rumores.

Los analistas técnicos ya tienen trabajo para intentar buscar una nueva zona hacia la que se dirijan los índices. De momento, en Bolságora no descartan una caída adicional de entre el 15 y el 20% en los índices. Lo cierto es que una vez que hemos perdido el suelo y hemos caído al infierno de los mínimos, ni siquiera el mismo demonio, como pasa en la viñeta que pongo más arriba, sabe habrá más abajo.

Una discusión habitual entre pesimistas y optimistas estos días es sobre cuánto de la caída que llevamos recoge el complicadísimo entorno macroeconómico en el que nos adentramos. Yo siempre digo que, por mal que vayan las cosas, un descenso superior al 50% en un año y medio ya recoge muchísimo desastre. ¿Entonces no puede caer más los próximos meses?

Como siempre digo, no lo sé. Y menos a la vista de este gráfico que hace unos días publicó Marc Garrigasait en su muy recomendable Investors Conundrum.

Cada punto refleja la rentabilidad que habría obtenido un inversor si hubiera invertido en bolsa diez años antes. Es decir, el cerca de 25% que marca ahora refleja las pérdidas que acumularía en su cartera quien compró acciones en 1998. ¿Capici?

Aunque hay muchas lecturas que hacer, y Marc ya ha hecho unas cuantas en su blog, a mí me llama la atención el hecho de que sólo una vez en la historia, en concreto tras el crack del 29, habría sido peor momento que en el escenario actual para haber invertido en bolsa.

Pero esta lectura aparentemente positiva tiene una negativa para quienes crean que se viene encima otra gran depresión como entonces. Incluso quien invirtió una vez ocurrido el desplome de 1929-30 tuvo unas pérdidas a diez años gigantescas, mayores todavía que en el periodo actual. Como podéis ver, tanto los optimistas como los pesimistas tienen argumentos para pelear.