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Esta mañana he leído en el diario El Mundo una noticia que me ha provocado una sonrisa. Por lo visto, aprovechando las vacaciones, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, salió de su refugio de Doñana y se dejó caer por El Corte Inglés de Jérez para gastarse unos 60 euros en compras. En concreto, en libros.

Y no me ha provocado una sonrisa porque muchos pensaran que fue una inocentada, sino porque va en la línea del post que escribí la semana pasada. ¿Acaso el presidente del Gobierno es uno de los lectores de este blog? ¿Si es así, un saludo si estás leyendo este post) ¿Acaso está entre los usuarios de nuestra red social de inversores? (aunque fuera así y lo supiéramos, lógicamente no lo diríamos porque la privacidad es sagrada en Unience).

Bromas al margen, sí me llama la atención el movimiento. Está claro que a un presidente del Gobierno no le hace falta ir a un Corte Inglés para comprar unos libros. No necesita desplazarse hasta allí con un equipo de guardaespaldas, y, que uno sepa, tampoco debe ser una de las actividades más placenteras en vacaciones. (Aunque para gustos, los colores).

Ayer hubo más "zapateros" que este en El Corte Inglés de Jerez

Ayer hubo más "zapateros" que éste en El Corte Inglés de Jerez

¿Por qué lo hizo? Imagino que mucha más gente estará pensando la idea que esbocé el otro día en mi post, que el movimiento se demuestra andando, que los líderes políticos deberían dejarse ver haciendo compras para intentar animar el consumo, para recuperar la confianza, y que deberían animar a los empresariales y sociales a imitarles.

Tras escribir el post del otro día, alguién me preguntó en privado que a qué líder español veía yo saliendo de compras para intentar transmitir confianza. Le dije que no veía a ninguno, pero la realidad me ha sorprendido sólo unos días después. En mi opinión, si el movimiento obedece a una estrategia, se ha hecho poco y mal: sólo unos libros y encima un 28 de diciembre, lo que ha generando más notoriedad por si era o no una inocentada que por el hecho de salir a consumir a un centro comercial.

Este fin de semana, en el fragor de una tertulia junto al fuego de una chimenea, un familiar volvió a hacerme la pregunta que más he escuchado en los últimos meses: “Pero si el problema es que la gente no tiene dinero, ¿por qué el Gobierno no le da a la maquinita de hacer billetes y le da unos cuantos a cada uno?”.

Hasta ahora, siempre respondía con respuestas más o menos clásicas: que eso es como dividir una misma tarta (la riqueza nacional) en más pedacitos, y por lo tanto, cada uno vale menos; que al haber más dinero y valer cada billete menos, lo normal es que se acaben subiendo precios en una espiral inflacionista que eso acabe propiciando una subida bestial de tipos, etc, etc, etc… Sin embargo, estas respuestas ya no valen.

Casi todas las economías ya están dándole a la maquinita de hacer dinero y el caso más claro es EEUU, que ha decidido darlo gratis a quien lo quiera, bajando los tipos a entre el 0 y el 0,25 por ciento. En Europa vamos por ese camino también, aunque con tibieza, demostrando que los americanos tienen razón en llamarnos “vieja Europa”. Siempre a medio camino, ni frios ni calientes.

Volviendo al caso de la tertulia, le respondí a mi tío: “De hecho, eso ya se está haciendo. Ya se está regalando dinero. Pero se está demostrando que eso sólo no vale. Para que la gente vuelva a consumir y las empresas a invertir no sólo hace falta dinero, sino también confianza”. Y entonces tuve una idea que me gustaría saber cómo de ingenua consideráis. En mi opinión, necesitamos una campaña de comunicación bestial.

EEUU ya no tiene más armas monetarias y casi tampoco fiscales para llevar a cabo, pero todavía puede lanzarse a la calle. En mi opinión, los grandes líderes políticos y empresariales deben dejarse ver en las tiendas, en los supermercados, comprarse coches, anunciar que han adquirido una casa nueva y que están pensando comprar una para sus hijos porque los precios son una ganga.

Hacer como Fraga, cuando fue a bañarse a Palomares para demostrar que las playas no eran radioactivas. En

Los líderes de EEUU deben sumergirse en el océano del consumo y la inversión para demostrar que es una oportunidad y quitar miedos, como Fraga hizo con la playa de Palomares

Los líderes de EEUU deben sumergirse en el océano del consumo y la inversión para demostrar que es una oportunidad y quitar miedos, como Fraga hizo con la playa de Palomares

realidad, los ciudadanos seguían inseguros, pero pensaban: “Si él lo hace, igual no es tan malo…” Ayer ví el peliculón El Intercambio y hay una escena que también me recordó esta idea de otro modo. Uno de los protagonistas venía a decir algo así: “Los niños no quieren subir al coche de un desconocido, pero me ven a mí que soy otro niño, y piensan que si hay otro niño en el coche quizá no sea tan malo, por lo que, aún temerosos, acaban subiendo” .

El Gobierno de EEUU también debe invertir más que nunca en tecnología y hacerlo ver; crear “granjas de talento” innovador; demostrar que estamos ante una oportunidad histórica de apoyar a nuevas generaciones de talento, de invertir en nuevos proyectos que borren de la memoria las truculencias financieras de los últimos años.

E incluso, un lema patriótico, de esos que tanto siente el pueblo estadounidense. Por ejemplo, ¿qué tal si los comercios regalan a cada ciudadano que compre más de 100 dólares un pin que diga “Yo compro por América”. Y si las empresas que inviertan determinada cantidad al año pueden colgar en su web una chapa que diga “Yo invierto por América”.

Quizá fue lo que se intentó con Warren Buffett hace un par de meses, con su famoso artículo “Buy American. I am”. pero no se trata de algo sólo financiero, tiene que ir por todos los estratos sociales y empresariales, una campaña a gran escala. La mejor arma contra la pérdida de valor es aumentar la autoestima. O dicho de otra forma, contra la deflación, “reflación moral”, no sólo monetaria.

En fin, quizá la idea sea demasiado naif, espero vuestras opiniones.