El optimismo está enraizando de un modo generalizado en cuanto a las expectativas de los inversores para 2010. Según una encuesta de Bloomberg, de las 11 principales firmas de inversión en Estados Unidos, ni una sola espera recortes para el próximo año.
El consenso medio para el S&P 500 estaría en 1.379 puntos, lo que supone una subida cercana al 10% desde los niveles actuales.
Uno de los estrategas que más cerca se está quedando respecto al cierre que preveía para este año, el de Goldman Sachs, espera una subida por encima del 15 por ciento respecto a los niveles actuales.
Bespoke ha recogido las respuestas de los estrategas a Bloomberg en este gráfico.
¿Y en España? Precisamente ayer estuve en la presentación de estrategia para 2011 que realizó Banco Inversis. Y también se mostraron optimistas con los mercados. De hecho, establecen una zona ideal para el S&P de entre 1.350 y 1.400 puntos, de la que el centro estaría prácticamente en el mismo nivel que el consenso que hemos comentado de los estrategas americanos.
Juan Luis García, Marian Fernández y Fernando Fernández explicaron que su optimismo se debe tanto a los buenos crecimientos que esperan en beneficios, sobre todo por la salud de los emergentes, como a la intensa actividad que esperan en el mercado de fusiones y adquisiciones.
¿Es sano tanto optimismo? Seguro que los que siguen una estrategia de inversión “contrarian” no lo tienen tan claro. ¿Cómo lo ves tú?
El porcentaje de inversores particulares temerosos de nuevas caídas en los mercados ha retrocedido con fuerza en marzo de 2010, según las respuestas de los 275 participantes en la encuesta de sentimiento de mercado de Morningstar y www.unience.com, la red social de inversores. Así, el porcentaje de pesimistas se ha reducido hasta el 18%, la cifra más baja desde que se empezó a realizar este estudio en diciembre de 2009, lejos del 23% que se registró en febrero, cuando las caídas de los índices atenazaron el ánimo inversor.
Además, el porcentaje de alcistas ha vuelto a recuperarse, pasando del 41 por ciento de la lectura de febrero al 43 por ciento actual. Este dato no supone un nuevo máximo, como sí sucede con el porcentaje de inversores neutrales, que se ha elevado hasta el 39%. Los datos demuestran, por lo tanto, que la volatilidad de los mercados en estos primeros meses del año, está generando muchas dudas e incertidumbres entre los inversores.
Ahora bien, como sucedía en febrero, vuelve a haber una diferencia muy importante entre cómo ven la situación los particulares y cómo la ven los profesionales de la inversión, como se puede ver en estos gráficos.
Mientras en los particulares los bandazos del mercado sí tienen un claro efecto en el ánimo inversor, y muchos abandonan el pesimismo al ver las subidas, no sucede lo mismo entre los profesionales. En este caso, el porcentaje de alcistas ha caído al punto más bajo desde que se realiza esta encuesta, hasta situarse en el 45%, un brusco retroceso desde el 55% que veíamos en febrero. ¿Y hacia dónde se ha ido su sentimiento?
En este caso, sí coincide con los particulares: la opción “neutral” ha sido la que más respuestas ha ganado en la encuesta de este último mes, al pasar del 18 al 31%. Parece que muchos consideran que el mercado se está situando en un punto de equilibrio, después de las ganancias recientes y tienen menos clara la dirección que puede tomar ahora.
Otro de los puntos más llamativos de la encuesta es que, por primera vez, la bolsa española no aparece como la primera opción entre las preferencias de inversión para los próximos tres meses. Esto no había ocurrido hasta ahora entre los inversores particulares, aunque sí venía ocurriendo entre los profesionales. Parece que las peores perspectivas económicas para España pesan cada vez más en el sentimiento hacia el Ibex.
Y todo lo contrario sucede con la bolsa americana, donde las mayores perspectivas de recuperación de su economía le convierten en el activo preferido por los inversores para los próximos meses. Y en esto sí coinciden los particulares y los profesionales, aunque entre estos últimos hay mucha más decisión: casi la mitad de los encuestados piensan añadir bolsa americana a su cartera durante los próximos tres meses, mientras que apenas un tercio de los particulares lo hará.
Ambos grupos también coinciden en el segundo activo en el que más piensan invertir próximamente, la renta variable europea, y también muestran unas intenciones claras a favor de las bolsas emergentes. Llama la atención también el elevado porcentaje de profesionales que se decanta por la renta fija corporativa.
Entre los particulares, y de modo coherente con el aumento del sentimiento neutral del que hablábamos antes, destaca que casi una cuarta parte no piensa invertir en los próximos tres meses, y que cerca de un 20 por ciento esté considerando hacerlo en depósitos, a pesar de las bajas rentabilidades que estos ofrecen.
Esta encuesta de Morningstar y Unience se ha realizado entre el 15 y el 21 de febrero. La próxima se realizará entre el 19 y el 25 de abril. Más detalles en el grupo de Morningstar en Unience.
El sentimiento de los inversores españoles se ha visto debilitado finalmente debilitado por los bandazos del mercado desde los máximos de enero. Entre los 260 participantes en la encuesta de sentimiento de mercado de Morningstar y Unience, la red social de inversores, el porcentaje de optimistas se ha reducido hasta el 40%, frente al 45% de enero, mientras que la cifra de pesimistas ha subido hasta el 23,3%.
Este porcentaje de pesimistas, aunque sigue siendo muy bajo en comparación con los alcistas y los neutrales, ha marcado la lectura más alta desde que se empezó a realizar esta encuesta hace tres meses, en diciembre de 2009. Ahora bien, hay una diferencia muy importante entre cómo ven la situación los particulares y cómo la ven los profesionales de la inversión.
Mientras en los particulares los bandazos de las acciones sí tienen un claro efecto en la visión de mercado, y la evolución del sentimiento oscila con cierto retraso sobre los movimientos de las bolsas, no sucede lo mismo entre los profesionales, como se puede ver en los gráficos que adjuntamos más abajo.
En este caso, el porcentaje de alcistas incluso ha subido tras los descensos de los índices, hasta situarse en el 55%, el punto más alto de las tres encuestas precedentes. Pero también ha hecho lo propio el porcentaje de bajistas, que ha avanzado hasta el 27% en la lectura de marzo, y que por primera vez supera la cifra de los neutrales.
Es decir, el aumento de la volatilidad ha polarizado el sentimiento en los profesionales de la inversión. Muchos que parecían indecisos en la parte final de 2009 han ido tomando posiciones a medida que va avanzando el ejercicio. Y, desde luego, las caídas no les han afectado demasiado.
Estas diferencias también se aprecian perfectamente en otra de las preguntas de la encuesta, la que tiene que ver con las intenciones de inversión para los próximos tres meses. El activo donde hay un mayor número de inversores particulares que piensan invertir próximamente es la renta variable española, con cerca de un 35%, mientras que casi un 20 por ciento afirma que no espera invertir en los próximos tres meses. En el resto de bolsas, la estadounidense, la europea y las emergentes la intención de inversión de los particulares se sitúa casi en la mitad que en el caso de España. Casi lo opuesto a lo que sucede entre los profesionales.
Llama la atención de un modo extraordinario que cerca de un 60 por ciento de los profesionales tiene intención de invertir en renta variable de EEUU durante los próximos tres meses, al hilo de la esperada recuperación de la economía americana. Sin duda ha ayudado los resultados empresariales mejores de lo esperado que se están conociendo en Estados Unidos. Además, cerca de un 40% también piensa hacerlo en renta variable europea y emergente.
Interesante también los elevados porcentajes que confían en la renta fija corporativa en euros y en la gestión alternativa entre los profesionales. Por el contrario, la cifra de profesionales que no piensa invertir en los próximos tres meses es prácticamente imperceptible, señal de que aprecian muchas oportunidades en los mercados en la actualidad.
Hay que tener en cuenta que de los 260 inversores que han respondido la encuesta (de los cuales un 87% eran particulares y un 13% profesionales), cerca de un 40% afirma que el activo que más pesa en su cartera es la renta variable, por lo que son ahorradores de un perfil orientado a las acciones. Eso sí, el siguiente activo que más pesa en sus carteras son los depósitos y la liquidez y entre los dos prácticamente igualan el porcentaje de las acciones.
Pesimismo sobre el euro
Pero la conclusión quizá más contundente de la encuesta la encontramos en el sesgo tremendamente bajista que tienen los inversores con el euro. En la pregunta de la comunidad (en la que se elige una de las sugeridas por usuarios de Unience en el grupo de Morningstar dentro de la red social de inversores), se lanzaba la siguiente cuestión: ¿Qué hará el euro contra el dólar hasta final de año? Atención a las respuestas.
Tan sólo un 14% de los encuestados espera una recuperación de la divisa europea frente a la americana. Y el porcentaje de usuarios que espera que se revalorice más de un 5% desde los niveles actuales se reduce hasta sólo un 8,9 por ciento. Por el contrario, más de la mitad de los encuestados espera retrocesos. Y un 28,2 por ciento considera que podrían ser superiores al 5% por ciento, lo que supondría ver al euro en niveles cercanos a los 1,25 dólares por euro, frente a los 1,35 dólares a los que se mueve en la actualidad.
Parece que el escepticismo sobre la unión monetaria ante los problemas por los que está atravesando Grecia y su posible contagio a otros países está generando mucha incertidumbre entre los inversores. Si además a esto se le une las expectativas de recuperación de la economía estadounidense, que se aprecian también en las preferencias de inversión, se explica fácilmente el escenario tan negativo esperado para la moneda europea.
Un susurro en mi oreja derecha. Jueves de la semana pasada, a las 14 horas: “Vicente, Vicente, Mira que bien, las economías alemana y francesa han vuelto a crecer; la Reserva Federal y el BCE han sido optimistas o al menos esperanzadores en sus últimos mensajes; gigantes del consumo como Wal-Mart han tenido resultados mejores de lo esperado… Anda, igual deberías invertir un poco más para aprovechar la recuperación”.
Una voz en mi oreja izquierda. El mismo día, dos horas más tarde. “Ni hablar. No le hagas caso: vende todo lo que tengas. La cosa está muy malita. Mira, fíjate: las ventas minoristas han vuelto a caer inesperadamente en Estados Unidos; las peticiones semanales de desempleo también han subido contra pronóstico allí. Y eso que te dice el ángel de Wal-Mart tiene truco: los resultados fueron buenos por ajuste de costes, pero no por ingresos, que dieron pena. Y además la cadena alemana Escada se ha declarado en quiebra. Yo vendía y a disfrutarlo”.
Perdonadme la licencia de presentaros la historia así, pero es que refleja con bastante fidelidad lo que me pasó ese día. El viernes me iba de vacaciones unos días y estaba dándole vueltas a qué hacer con mis posiciones. La subida desde mínimos ya era muy alta y, como muchos ahorradores como yo, andaba pensando si recoger parte de las ganancias acumuladas en mi cartera de acciones.
Y en estas, las noticias no podían ser más difíciles de interpretar. Hay casi tantos argumentos para ser optimistas con el futuro económico como pesimistas. Y en mi opinión vamos a seguir así durante un buen tiempo. Esta estabilización y recuperación económica se va a distinguir precisamente por eso: por un baño de contrastes continuo, por una dicotomía estadística que a más de uno le acabará produciendo esquizofrenia financiera. Cuanta más arena veas en la playa, más cal tendrás en tu lavadora.
Pero es que además la situación se refleja en los bruscos movimientos que ya estamos viendo en los índices de sentimiento del inversor. Por ejemplo, la semana pasada había el doble de ahorradores confiados en próximas subidas en las bolsas, según la encuesta de la American Association of Individual Investors, que un mes antes. En concreto, el 51 por ciento de la última lectura, frente al 27,9 por ciento de la primera de julio.
Y esto, a su vez, genera más dudas para quienes estamos atentos a las teorías del comportamiento y de la opinión contraria: si tanta gente se ha vuelto optimista quizá sea porque está llegando el momento de salir del mercado. ¿No? ¿Qué hacer entonces? ¿Aprovechar la inestabilidad del tiempo para salir a surfear o quedarse en casa leyendo un buen libro y jugando de vez en cuando con los sobrinos a la wii?
En mi caso, cuando el ángel y el demonio volvieron para preguntarme qué pensaba hacer, les pedí a ambos que me dejaran en paz. Y durante un buen tiempo. En las próximas semanas y meses los que estamos muy pendientes del mercado vamos a vivir muchas situaciones de estrés como esta, muchísimas. Se avecina un periodo largo de confrontación continua entre el bien y el mal, entre el “mejor de lo previsto” y el “peor de lo estimado”. Y en esa batalla permanente habrá que encontrar el equilibrio, más vale estar descansado y preparado para ello. Por cierto, al final no toqué mi cartera.
Nota: este artículo también se publica hoy en mi blog “No brain no gain” en El Confidencial.
Geisha se creía un marinero. Cuando era pequeño, lo encontraron atrapado unos pescadores japoneses en sus redes y decidieron incorporarlo a la tripulación de su barco como mascota. Y allí vivió hasta que acabó recalando en el Loro Parqué de Tenerife. Lo curioso es que, según vi en un reportaje en televisión, al principio hubo que realizarle un intenso proceso de educación, ya que tenía problemas de personalidad: se creía un marinero.
Geisha había sufrido las consecuencia del efecto anclaje, el mismo que ya os conté que tienen por ejemplo los ansarinos al nacer. Y esto generaba una situación preocupante para el animal: se comportaba de manera distinta a como tenía que hacerlo, a sus objetivos vitales. A mí, que ando buscando patrones de este tipo para entender la realidad a la hora de tomar decisiones de inversión, me resultó familiar esta historia.
¿Es posible que al invertir repliquemos el comportamiento de los primeros a los que hemos visto hacerlo, o al menos tomemos decisiones de la misma manera o claramente influidas por ellos? Yo, a falta de experimentos que lo confirmen, diría que en muchos casos así sucede.
Cuando empiezas a invertir, sueles preguntarle primero a algún conocido que ya tiene experiencia en el mercado. Su respuesta y sus comportamientos se convierten entonces en tu primera referencia real en este mundo. Es lo único a lo que puede agarrarse nuestro subconsciente, nuestro único mapa para moverse por este mundo de las inversiones, al menos hasta que encuentre otro mapa para comparar o desarrolle el suyo propio (me temo que en muy pocos casos).
Y creo que esto provoca, como en el caso de Geisha, graves problemas para los inversores que tienen esta facilidad con los anclajes. Primero, porque probablemente se asocien a una idea equivocada de la realidad: mucha gente miente al hablar de inversiones concretas. Hay una tendencia a contar los pelotazos que has dado con determinado título y cómo lo has hecho y a “olvidar” las fuertes pérdidas en otros.
Pero segundo, y más importante, porque las soluciones y la forma de gestionar el ahorro de un inversor no suele servir para otro. Cada uno debe plantearse primero cuánto dinero quiere invertir; cuántas pérdidas está dispuesto a asumir; en qué plazos… Y especialmente qué objetivos tiene con la rentabilidad que espera obtener (¿La educación de sus hijos? ¿Comprarse un deportivo? ¿La jubilación?). Y en esto es muy difícil que dos inversores seamos exactos.
Geisha nunca habría sido un buen marinero, no estaba en este mundo para eso, sino para vivir en su comunidad de pingüinos, criar y perpetuar la especie, algo que consiguió tras su proceso de educación en el Loro Parqué de Tenerife. Los inversores que hemos dado nuestros primeros pasos mimetizando los de quienes pasaban por allí quizá también lo necesitemos.
Nota: este post se publicó también el jueves en mi blog “No brain, no gain” en El Confidencial
Atención a todos los que seguís indicadores de opinión contraria. En la encuesta de esta semana de la American Associaton of Individual Investors (AAII), ya hay más de un 50 por ciento de inversores que se muestran optimistas (bullish) sobre el futuro de los mercados en las próximas semanas, algo que no sucedía desde mayo de 2008.
Gráfico realizado a partir de los datos de AAII
Esta cifra supone casi el doble de la registrada en la lectura de principios de julio, cuando este indicador de sentimiento tocó mínimos de los últimos meses. En concreto, entonces se quedó en el 27,9 por ciento, frente al 51,1 por ciento en el que está ahora. Por el contrario, el sentimiento bajista ha perdido muchos adeptos. En sólo un mes ha pasado del 54 por ciento hasta el 33 por ciento.
Como bien sabéis, una de las lecturas más habituales de estos datos es que, quien se declara optimista es porque ha comprado acciones y quien se muestra pesimista todo lo contrario: ya ha vendido. Por lo tanto, cuanta más gente sea optimista menos quedan por comprar y más por vender. Lo que explica que la anterior ocasión que el indicador de sentimiento cotizara en estos niveles concidió con un pico del mercado.
Lógicamente, no quiere decir que vaya a ocurrir de nuevo lo mismo, pero sin duda se trata de una pista a seguir de cerca por quienes tienen en cuenta estos indicadores.
Hace poco la agencia Bloomberg publicó una noticia que, cuando menos, parece inquietante: durante las últimas semanas de rebote en los mercados, los directivos de las empresas estadounidenses han aprovechado para vender acciones. En concreto, según los datos de la firma Washington Service, lo hicieron al ritmo más alto desde hace dos años.
Esto supone una mala señal, en un principio, para quienes confían en que este rebote se vaya mucho más arriba. Se supone que los directivos de las compañías tienen mejor información sobre la marcha de los negocios que los inversores. La lógica dice que si los consejeros delegados, directores generales y presidentes están aprovechando el primer rebote de envergadura para vender, será porque están viendo esto como una oportunidad para salir corriendo.
Sin embargo, hay quien pone en tela de juicio estas ideas y asegura que esta vez está siendo diferente. ¿Por qué? Según estos observadores, los directivos de las empresas también se habían hiper-endeudado por la confianza en que las acciones de sus compañías seguirían subiendo. Muchos de ellos habían estado esperando desde hace tiempo un rebote fuerte para vender y reducir su apalancamiento, pero el mercado no les había dado una oportunidad hasta ahora.
No sería una buena señal, de todas formas. Si tuvieran una visión positiva de sus negocios, los directivos harían lo posible para mantener esos préstamos y sacar provecho de lo barato que en este caso estarían las acciones. Y un ratio de ocho acciones vendidas por cada tres compradas parece demasiado drástico. La anterior vez que estuvo tan alto fue en octubre de 2007, justo antes de que empezara el desplome que llevó a los índices bursátiles a perder más de la mitad.
El problema, además, no está sólo en las muchas ventas, sino en las escasas compras de acciones. La cantidad de títulos adquiridos por los insiders desde mediados de marzo hasta mediados de abril representóla cifra más baja, si se compara con meses completos, desde 1992. Y entonces también fue un adelanto de momentos de dudas en los mercados.
¿Se equivocarán los directivos esta vez? De momento, el resto de indicadores de sentimiento americanos no muestran un optimismo exagerado que sugiera fuertes descensos. Por ejemplo, ya hay más inversores particulares optimistas que pesimistas, un 44% frente a un 33%, de acuerdo con la AAII, pero estas cifras demuestran que todavía hay muchos inversores desconfiados con el rebote, y esto sugiere que las subidas pueden continuar, según las teorías de inversión “contrarians”.
Hace casi 30 años, una portada de la revista Business Week proclamaba a los cuatro vientos “La muerte de las acciones”. Su publicación no pudo ser más inoportuna, ya que coincidió prácticamente con el suelo del mercado y apenas unos meses después nació un mercado alcista que se prolongó durante las siguientes dos décadas. ¿Se está repitiendo la historia de nuevo?
Poco después de publicarse esta portada en 1979, se inició un mercado alcista que duró 20 años
A principios de febrero, la web de FT Alphaville recogía una cita similar a la de la revista americana. En esta ocasión, tomada del último informe de unos de los responsables de estrategia de Citigroup, Robert Buckland. Con su cita también buscaba meter en una tumba a la renta variable: “La cultura de las acciones está muerta”, dijo por la “la combinacion de retornos miserables y volatlidad extrema”.
Si el rebote de los mercados en las últimas semanas se confirma y las bolsas han visto suelo (no tengo ni idea), los inversores deberían apuntar la siguiente máxima en algún lugar: “Cuando alguien dé por muertas las acciones están a punto de resucitar”.
Lo cierto es que estas teorías están en la línea de las llamadas finanzas del comportamiento, que básicamente indican que cuanto mayor es el pesimismo suele ser el mejor momento para comprar y viceversa. Y esto si ha funcionado durante esta crisis: por ejemplo, justo en el máximo de pesimismo de la encuesta de la Asociación Americana de Inversores Individuales fue cuando empezó el rebote de los mercados, que coincidió también con la portada de Barron’s que aquí comentamos que pronosticaba un suelo en las bolsas, que se mostró tan acertada.
¿Y cómo está la citada encuesta ahora? Pues ganando adeptos al optimismo, pero todavía poco a poco. La señal de sentimiento que ahora invita más a la prudencia viene de la encuesta semanal de Charcrafts, que mide cómo de optimistas son los editores de newsletter americanos a corto plazo. Según cuenta este blog, ahora se encuentra ahora en el nivel más alto desde que empezó el mercado bajista, algo que ha coincidido con techos de mercado en ocasiones anteriores.