riesgo

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No es nada habitual que, en un diario de información general, una noticia relativa a un producto financiero se convierta en la más leída del día. Y menos todavía cuando no se trata de una estafa ni de una actuación ilegal… Casi casi todo lo contrario. elmundo.es ha tenido este miércoles 27 de diciembre como la más leída una historia relativamente habitual, por desgracia, dentro del mundo financiero, que ha ascendido a las alturas en las listas de lecturas por una cifra llamativa: un cliente atrapado en preferentes hasta el año 3000… Que en realidad es lo de menos.

Es la historia, cuenta el artículo, de Vicente, un castellonense que fue a su entidad financiera a retirar el dinero de un producto donde no existe “la retirada”, como sí sucede en los depósitos o en las cuentas. Un producto que se parece más a las acciones que a estos otros en ese sentido: para obtener el dinero, necesitas vendérselo a alguien (y acordar un precio); un producto que, con su cultura financiera (o lo que se deja ver de ella en el artículo), nunca debería haber contratado: las preferentes de la CAM (que ya hemos tratado y también por malas noticias anteriormente).

No debería haberlo hecho. Por varias razones. Sobre todo, por prudencia. Vicente metió 36.000 euros en estas preferentes, siguiendo esta actuación: “Un día me llamaron del banco en 2006 y me dijeron que me iban a poner el dinero en un nuevo sitio y les di mi autorización por teléfono. Al cabo de unos días fui y firmé”. ¿Cómo es posible que nos llamen del banco, nos digan que nos van a poner esos 36.000 euros que tanto nos han costado ahorrar en “un sitio nuevo” y demos la autorización por teléfono, sin pedir más información?

Esto sólo se explica por cuatro posibles motivaciones: a) porque nos ciega el interés que nos ofrecen, que en estos productos era muy alto (precisamente por el elevado riesgo que tenían), y no queremos hacer más preguntas, mientras sigamos ingresando en la cuenta b) por un exceso de confianza en la persona de la sucursal (el famoso “es que el director es amigo mío y me ha dicho que…”); c) por no querer reconocer la escasa cultura financiera, por no querer hacer más preguntas para no evidenciar que no sabemos de qué nos están hablando; d) por cualquier combinación de las anteriores.

Quizá, si hubiera preguntado, quizá, a Vicente le habrían dicho que las preferentes son productos “a perpetuidad”. Es decir, hasta que al banco le de la gana amortizarlas. En el caso de este ahorrador, en este producto le ponían hasta el año 3000, que no deja de ser otra forma de decir “a perpetuidad”, pero que precisamente es el detalle llamativo que, en un titular, llevó esta noticia a ser la más leída del día en elmundo.es

O quizá le hubieran dicho “la otra” posibilidad de recuperar su dinero… O lo que quedara de él. Si quería venderlas, necesitaba que la CAM le encontrase un comprador. Normalmente, otro cliente… Pero habría que fijar un precio. Y claro, el precio puede depender por ejemplo de la salud de la entidad financiera, de si obtendrá beneficios o no… Vamos, que venderlas al precio que le puedan pagar puede suponer una buena pérdida. Y eso es precisamente lo que al final no quiere Vicente. Perder dinero…

Digo “quizá” en los párrafos anteriores porque también cabe la posibilidad de que la entidad financiera no le informara de viva voz de estos “detallitos” ni preguntando. ¿Para qué? El cliente, en teoría, está más que informado. No obstante, antes de invertir, es obligatorio que firme un papelito en el que asegura conocer los riesgos a los que se enfrenta, un documento que obliga la normativa europea Mifid en el que el inversor se declara apto para ese producto, digamos. El problema es que estos papeles los firmamos como quien ve llover.

El error en este sentido está en que esta normativa europea, cargada de buenas intenciones, se ha convertido en la mejor “trampa” legal de las entidades financieras. Como el cliente ya firma un papel en el que asegura conocer los riesgos (y lo va a firmar en el 90% de los casos -siendo muy generosos- sin leerlo), le podemos colocar lo que haga falta. Una vez más, el problema no es de ausencia de regulación… Sino del defecto de la regulación vigente o, vaya usted a saber, si de la propia regulación en sí.

Casos como el de Vicente, los hay a millares. Personas que han invertido en preferentes, atraídos por sus altas rentabilidades en los anuncios, sin conocer los riesgos del producto asociados a esa rentabilidad, fiándose en exceso del personal de la sucursal… Que a su vez no tiene más remedio que hacer lo posible para colocar el producto de campaña que le exigen desde arriba.

Por cierto, que clama al cielo que esto suceda con las preferentes que hace sólo un par de años eran el producto de moda, que todas las entidades colocaban por sus interesantísimas ventajas, vendían decían, y en el que que ahora, sin el más mínimo reparo, animan al cliente a cancelar para pasarse a bonos, pagarés o acciones del propio banco.

La razón es que las preferentes ya no cuentan como capital básico para el banco, como sucedía antes. Así que ahora, nos dicen, mejor pasar a acciones o a convertibles… Que son mucho más líquidas que las preferentes… Sí, exactamente igual que cuando ustedes colocaron estos productos a borbotones entre quienes nunca debieron haberlos contratado.

De nuevo, los intereses del clientes están al final del todo… Como para no leerse lo que firmamos y fiarnos de que se ponga el dinero en “un sitio nuevo”, Vicente.

La nacionalización de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), después del desastre al que la han conducido sus gestores, ha dejado en el aire un punto de gran polémica, y de enorme dificultad en la decisión a tomar por parte del Banco de España: qué pasa con las participaciones preferentes que habían contratado sus clientes durante los últimos cuatro años.

Para empezar, y para evitar dudas mayores o incomprendidos entre ciudadanos o inversores con pocos conocimientos financieros, quiero aclarar que las dudas se centran sólo en estos productos: NO en los depósitos, NI en las cuentas, que no corren ningún peligro y están respaldadas por el Banco de España; TAMPOCO, en los fondos de inversión, por ejemplo, ya que estos son propiedad de sus partícipes y la gestora de la CAM sólo es eso, una entidad gestora. Sólo hablamos de las participaciones preferentes, de las que en los últimos años la caja mediterránea ha emitido hasta 1.400 millones de euros, según leemos en Expansión.

Estos productos, como se dice muy claramente en los folletos de emisión, son un “producto” complejo y de numerosos riesgos. Basta sólo con leerse por ejemplo las primeras páginas del folleto de una de estas emisiones, en las que se citan hasta nueve tipos de riesgo distintos: “de no percepción de las remuneraciones”, de “absorción de pérdidas“, de “perpetuidad“, de “orden de prelación“, de “mercado“, de “liquidez“, de “liquidación de la emisión“, de “variación de la calidad crediticia“, de “riesgo del emisor y del Garante“, entre ellos el de “riesgos regulatorios, reputacional, legales, de exposición al mercado inmobiliario…”

No son comparables prácticamente en nada a los depósitos, y precisamente por esa cantidad de riesgo, y por los que el mercado percibía en la entidad, la caja se veía obligada a pagar un altísimo tipo de interés para captar dinero de sus clientes. Por ejemplo, en las emitidas en septiembre de 2009, las del folleto que hemos comentado más arriba, que en total fue de 850 millones de euros tras ampliarse (la mayor), pagaban durante los dos primeros años un tipo de interés anual del 7,35% (este periodo de dos años termina este próximo septiembre) y a partir de entonces, euribor a tres meses más 590 puntos básicos (100 puntos básicos son un punto porcentual), con un tipo mínimo del 6,8%.

La primera pregunta que uno debería hacerse es… Si los tipos están al 1%, ¿por qué va a pagar tantos intereses más este producto? Aquí cabrían dos respuestas: a) porque la entidad quiere mucho a sus clientes y les regala el dinero b) porque el que no puede financiarse barato, tiene que financiarse caro. La respuesta acertada era la b, claro. La situación era tan límite ya para la CAM que tuvo que pagar un interés así de alto para captar dinero.

A pesar de la situación, estas emisiones fueron más que cubiertas, en una demostración más del poder de las redes de oficinas, capaces de colocar en plena crisis un producto de un riesgo muy elevado como si fueran rosquillas. Estoy convencido de que en la venta en las sucursales no se insistió tanto en los riesgos que sí vemos en los folletos y también de que muchos clientes se dejaron cegar por el atractivo de ganar un 7,35% de interés cuando el activo libre de riesgo (o con menos riesgo) ronda el 1%.

¿Y por qué no emitieron más si también les fue colocando estas participaciones? Básicamente porque no podían. Hay un límite para el peso que pueden tener estas participaciones en el balance de las entidades del 30%, y según vemos en este artículo de Cinco Días, ya suponían el 25,5% de los recursos propios. Casi en el límite.

¿Qué pasa ahora con quienes tienen estas preferentes? Para empezar, en el caso de que se mantuviesen como tal, habría que ver si se abona en septiembre ese interés del 7,35% que tocaría por el segundo año. Para ello, básicamente, harían falta dos condiciones:
- que la entidad haya obtenido beneficios
- que el Banco de España decida pagarlo, porque al haber pasado a manos del regulador se han cumplido algunos de los riesgos que se describían en el folleto.

Al haber sido nacionalizada la entidad, el dinero con el que se pagarían esos desmedidos intereses serían en última instancia del bolsillo del contribuyente. ¿Y tiene sentido que todos paguemos a quienes contrataron estas preferentes un tipo de interés tan alto que era evidente que conllevaba elevados riesgos?

No lo parece y, de hecho, en el caso de CCM, la primera entidad intervenida por el Banco de España, no se pagó el interés.  Lo que se hizo por parte del Banco de España fue recomprar las preferentes al valor nomimal. Es decir, recomprándoselas a los clientes al mismo precio al que ellos las habían suscrito.

Pero la siguiente pregunta es: Y más allá de los intereses, ¿qué pasa con las propias participaciones? ¿Las adquirirá el Banco de España como hizo con CCM? No parece tan sencillo. En aquella ocasión eran sólo 100 millones de euros, frente a los 1.400 millones en la actualidad. Además, según la información de Expansión, el criterio de Bruselas al respecto ha sido muy claro: no permitir las recompras si las entidades se nacionalizan.

De no ser así, a los clientes les esperarían unas fuertes pérdidas por sus participaciones preferentes, ya que el valor de las mismas, al que las podrían vender, está muy lejos del valor nominal y además se trata de un mercado ilíquido, con lo que todavía tendrían más dificultades para desprenderse de ellas.

La pelota, o la patata caliente, la tiene ahora sobre el tejado el Banco de España. Por un lado, no parece nada ético que todos los ciudadanos paguen por los miles que asumieron el riesgo de comprar estas participaciones, captados por su elevadísima rentabilidad, pero al mismo tiempo sería difícil de entender que los ciudadanos sí paguen por ello y las entidades financieras hayan sido rescatadas por tomar decisiones igual de temerarias, por ejemplo con el crédito inmobiliario.

Por lo menos, esperemos que con este tipo de sustos, pase lo que pase, aprendamos que cuando hay un producto con una rentabilidad tan alta, antes de contratarlo hay que entender muy bien los riesgos en los que se está incurriendo. Y si no se aprecian, no es que no existan, sino que no se ven, y entonces esos son los peores riesgos. Aquello de “si no sabes quien es el primo en la partida de póker, probablemente es porque lo estés siendo tú mismo“.

Desde EFPA España, la asociación de asesores y planificadores financieros, se ha publicado un decálogo con 10 lecciones que la crisis financiera ha dejado para los ahorradores e inversores. Seguro que tu puedes tener otras cuantas con las que complementar esta lista, y te animo a hacerlo en los comentarios, pero me parece muy interesante reproducir los 10 consejos, que puedes encontrar también en la web de EFPA.

Crisis económica

Foto de p22earl http://www.flickr.com/photos/p22earl/

Aquí van las 10 lecciones:

1. Si no entiendo el producto, no lo compro. Hay que preguntar para conocer todos los detalles de dónde estamos invirtiendo nuestro dinero. Todos los productos tienen riesgos, si no los conoces, mejor no contratarlo.

2.    Valorar los riesgos antes de endeudarse. Por ejemplo, si queremos comprar un piso, no es recomendable pedir una hipoteca que represente más del 15% de nuestros ingresos. Las subidas de los tipos de interés pueden incrementar en un futuro el coste de nuestra deuda y que nos resulte mucho más difícil llegar a fin de mes.

3.    La vivienda, incluso en España, baja. Hubo un momento en que parecía que la vivienda nunca bajaría de precio, pero la realidad ha demostrado lo contrario.

4.    No hay que dejarse llevar por los productos de moda. A la hora de invertir tenemos que tener en cuenta nuestro plan financiero a largo plazo, no contratar el producto del momento que nos ofrece más rentabilidad.

5.    La crisis también puede ser una oportunidad. A veces hay que comprar cuando unos venden desesperadamente y vender cuando otros compran de manera eufórica.

6.    Mejor ser más hormiga y menos cigarra. Hay que encontrar el equilibrio entre el consumo de hoy y el consumo del futuro. Nuestro futuro depende de nosotros mismos.

7.    No es lo mismo riesgo que volatilidad. Quienes han invertido a largo plazo en los momentos de más volatilidad han tenido menor riesgo en sus inversiones que aquellos que lo han hecho a corto plazo.

8.    La diversificación funciona. Aunque en España haya crisis, invertir en otros países puede ser rentable.

9.    Invertir con la cabeza, no con el corazón. La mayoría de los inversores compró en la euforia en la parte más alta del ciclo y vendió en los días de pánico, sufriendo importantes minusvalías.

10.    Planificar es de sabios… y planificar nuestra vida financiera requiere conocimientos. Un asesor financiero cualificado y certificado nos ayudará a planificar nuestras finanzas personales.

¿Qué te parecen estos consejos? ¿Qué otros añadirías tú?

Seguimos mostrando datos interesantes sobre lo que ha ocurrido en Unience, la red social financiera, durante el último ejercicio. Hoy vamos a mostrar la lista de los 10 fondos con más entradas en las carteras reales de los usuarios en 2010. Es decir, aquellos en los que han realizado más aportaciones reales de dinero los usuarios de la red social durante el ejercicio.

En la elaboración de esta lista hemos tenido en cuenta tanto el número de operaciones de suscripción, como el número de usuarios distintos, como la cantidad total que los usuarios han aportado. De este modo, se evita que aparezcan fondos con muchísimas operaciones, pero de muy pocos usuarios, o productos con muchas aportaciones periódicas, pero de muy baja cantidad.

Es decir, este ranking está construido de la forma más ajustada posible para reflejar la importancia desde el punto de vista de la comunidad de las entradas en estos productos.

Un último apunte: estos datos son agregados y anónimos. Es decir, suman los datos de todas las carteras agregadas por los usuarios de Unience a través de conexiones automáticas y seguras con sus entidades financieras.

Bueno, sin más dilación, os dejo con la lista, que como véis está claramente dominada por las aportaciones a productos de Bestinver y Carmignac, que copan las cinco primeras posiciones del ránking. Los productos de ING tienen muchas operaciones de usuarios distintos, pero en general de bajas cantidades.

1. Bestinver Internacional

Bestinver Internacional

2. Carmignac Investissement

Carmignac Investissement

3. Bestinfond

Bestinfond

4. Carmignac Patrimoine

Carmignac Patrimoine

5. Carmignac Securité

Carmignac Securité

6. ING Direct FN EuroStoxx5o

7. Renta 4 Pegasus

8. ING Direct FN Moderado

9. ING Direct FN Ibex 35

10. BK Índice América

En los próximos días seguiremos mostrando más datos de carteras agregadas. Por ejemplo, las acciones con más compras, los fondos más populares en carteras, las carteras con mejor rentabilidad ajustada a riesgo… No se despeguen de las pantallas!!!

Dentro de las estadísticas que Unience, la red social de inversores, ofrece para valorar el comportamiento de la cartera, hay una por la que algunos usuarios nos han preguntado su significado. Se trata del ratio sharpe y muestra la rentabilidad que se obtiene por el riesgo que se asume. Es decir, que cuanto más alta sea esta cifra, mejor está gestionándose la volatilidad de la cartera.

Cartera pública de acciones de Kaloxa

Por lo tanto, puede pasar que una cartera que sólo gana un 12 por ciento en el último mes tenga un mejor ratio sharpe que otra con una ganancia del 24 por ciento. Esto ocurre ahora mismo en las carteras que los usuarios de Unience hemos hecho públicas.

La cartera que tiene un mejor ratio sharpe en lo que va de abril es, casualmente, la mía en Unience. En mi caso, el sharpe es de 0,54, a pesar de que desde el primer día de abril “sólo” ganó un 12,78 por ciento.  Esta cifra es casi la mitad del 24,3 por ciento que sube en el mes la cartera de Hispania, otro uniencer (recuerda que sólo puedes ver la información de carteras que el dueño comparte contigo). Sin embargo, el ratio sharpe de esta cartera es del 0,29 por ciento, casi la mitad que en mi caso.

¿Significa esto que yo gestiono mejor que Hispania? No. Sencillamente significa que, para las rentabilidades que está obteniendo, este usuario pone sobre la mesa mayor riesgo que yo para las ganancias que yo estoy obteniendo. Imaginemos que ambos fuéramos gestores, pues entonces la cartera de Hispania sería sólo apta para inversores muy muy agresivos, mientras que la mía sería para inversores que quieren estar en bolsa pero con una volatilidad controlada en sus carteras.

Y esto ocurre, en parte, porque mi cartera está mucho más diversificada, mientras que la de Hispania está centrada en pocos valores.

En fin, si alguien tiene algo que añadir sobre el ratio sharpe o tenéis alguna pregunta, sería buena que lo compartiéseis para así aclarar este concepto. ¿Verdad?

Una de los daños colaterales de la crisis financieras está siendo el concepto de la diversificación. La teoría dice que debes tener tus inversiones diversificadas entre distintos activos para reducir el riesgo. Sin embargo, muchos inversores se dieron cuenta el año pasado de que prácticamente todos los mercados se hundieron a la vez, y en las bolsas, todos los sectores y todos los valores, casi nada se salvó.

Por eso, tiene lógica que muchos actores del mercado, desde inversores a asesores financieros, se estén replanteando este concepto. Lo que la ciencia dice es que una buena diversificación ayuda a mejorar la relación rentabilidad-riesgo, pero no te evita sufrir pérdidas. Pero me gustaría considerar con vosotros varios puntos sobre el tema:

1. ¿Diversificar es tener un Arca de Noé?
Dice Warren Buffett, mejor inversión del mundo, que empiezas diversificando con dos animales de cada especie y acabas teniendo un Arca de Noé. Esa no es la idea, diversificar por diversificar no tiene sentido. Según algunos estudios, como la Teoría Moderna de Carteras, de Harry Markowitz, a partir de las 20 acciones deja de reducirse el riesgo global de la cartera.

2. Diversificar sí, ¿pero qué?
¿Cómo diversificar? Lo lógico es pensar que entre distintas clases de activos, como renta variable, renta fija, materias primas, gestión alternativa… Pero empieza a haber gente que habla de la necesidad de diversificar también entre entidades financieras o asesores financieros. Por lo menos, contar con una segunda opinión.

3. ¿Diversificamos todos igual?
¿Existe la diversificación personalizada? La lógica dice que la diversificación no puede ser la misma para un inversor que está próximo a la jubilación, que para otro que acaba de empezar a trabajar y esta invirtiendo sus primeros ahorros.

4. ¿Cómo medir la diversificación de mi cartera si tengo fondos?
A veces, si no llevas un control global de tus inversiones, es muy difícil saber cómo estás diversificando si inviertes en fondos. Por ejemplo, si tienes un fondo sobre acciones europeas y otro sobre acciones españolas, en realidad estás invirtiendo dos veces en algunos valores españoles y haciendo lo contrario a diversificar. En este sentido, creo necesario saber muy bien dónde invierte el fondo o, si no es posible, tener un asesor que sí disponga de esa información.

5. ¿Quién tiene capacidad para medir cómo de diversificada está la cartera?
No resulta nada sencillo saber si la diversificación que tienes optimiza la relación rentabilidad-riesgo de tu cartear. ¿Cómo puedo hacerlo?  Un camino es un buen asesor financiero, que conozca bien tu perfil y la composición de tu cartera, que te haga un análisis de las correlaciones entre tus distintos activos y te sugiera como mejorarla. Lo veo aquí como cuando quieres hacer dieta. Si vas a un nutricionista, te ayudará mucho más a conocer mejor tu cuerpo y saber cómo deberías alimentarte en función de tus necesidades. Aunque eso no quiere decir que no seas capaz de adelgazar por tu cuenta.

En fin, me gustaría conocer vuestra opinión sobre algunas de estas preguntas que he lanzado más arriba. Y, de paso, si os animáis, cuentanos si diversificas y cómo lo haces.

Me ha llegado (gracias a @andreucastelano) una curiosa columna de opinión publicada el pasado sábado en el New York Times con el atrevido titular “Mistresses of the Universe”, que en mi traducción más o menos libre sería “Señoras del Universo”. En fin, uno puede estar de acuerdo o no, considerarlo más o menos relevante, pero a mí me parece que hay aquí algunas ideas interesantes a considerar. Las resumo:

- La crisis ¿culpa de la testosterona?
Yo creo que algunos estudios hay que mirarlos desde la distancia, pero tampoco despreciarlos. El año pasado salió a la luz uno que mostró que los operadores financieros con mayores niveles de testosterona asumían más riesgo que el resto. ¿Tiene esto sentido? Al parecer, tendría una lógica evolutiva. De acuerdo con otro estudio, a través de las distintas culturas, las mujeres preferían al hombre de mayor estatus, lo que llevaba a estos a tomar las decisiones más atrevidas para alcanzarlo y conquistar así a la dama.

-¿Mejoran las cosas cuando ellas tienen más peso en las decisiones?
Según la tribuna, sí. Y lo demuestra con lo ocurrido con la llegada del derecho al voto para las mujeres en EEUU. De acuerdo con otro informe, los gobernantes empezaron a prestar más atención a mejoras en la sanidad pública para intentar atraer el voto femenino. Y, fruto de esa apertura de mente, una decisión sobre la sanidad pública provocó cambios que redujeron las muertes infantiles a un ritmo de 20.000 al año.

- ¿Pero cómo están las mujeres en los ambitos de poder económico?
Esto ya no es de la tribuna del New York Times, sino cosecha propia. Ya sabemos que tanto en Wall Street como en la banca española, la presencia es más bien escasa, con la honrosa excepción de Ana Patricia Botín en Banesto y otros casos más modestos. Pero es que a nivel de grandes supervisores, bancos centrales y ministros de finanzas, la cosa adquiere tintes dramáticos.

Foto de familia del Ecofin. Resulta hasta difícil encontrar a las dos mujeres que hay

Foto de familia del Ecofin del año pasado. Resulta hasta difícil encontrar a las dos mujeres que asistieron

En el ecofin, la foto que adjunto en estas líneas habla por sí sóla. Sólo hay dos mujeres entre decenas de corbatas, que además casi ni siquiera se ven, arrinconadas en uno de los últimos escalones. En el BCE, sólo hay una entre los 22 miembros del consejo de gobierno. En el comité de Gobierno del Banco Internacional de Pagos, ninguna. Y en la Fed, la cosa mejora algo, pero poco: una señora junto a cuatro caballeros.

¿Qué os parece todo esto? A mi no me parece bien que a la hora de elegir los cargos haya que fijarse en las cuotas, pero también me parece raro que no haya más mujeres en puestos de poder en los supraorganismos financieros. Quizá aquí siguen primando algunos prejuicios. De todas formas, si nuestro presidente del Gobierno lee este post no descarto que, si hay una crisis de gobierno, ponga en el cargo a una mujer. En realidad, el género debería importar bastante poco, sería lo de menos, sólo el talento de la persona elegida.

A veces, dos palabras muy parecidas tienen significados radicalmente opuestos. En ingles, hedge significa cobertura, y edge, límite, borde, extremo (también puede ser ventaja, pero no aplica en este caso). Y hay un tipo de fondos de inversión que se conocen como hedge (por cierto, el primero lo creó un periodista llamado Alfred Jones) precisamente porque su intención era desarrollar una estrategia que no cayera cuando las bolsas lo hacían, una solución que cubriera la cartera.

Sin embargo, con el paso del tiempo a muchos hedge se les ha ido cayendo la hache inicial. Los años de fuertes ganancias de los mercados llevaron a muchos gestores de este tipo de fondos a adoptar estrategias más arriesgadas, aunque en realidad no lo parecían. Sí, efectivamente la volatilidad de los movimientos de sus fondos no era muy elevada, y parecían estar consiguiendo altas rentabilidades con poco riesgo.

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? En este libro se utiliza edge con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de "al límite"

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? (En este libro se utiliza la palabra 'edge' con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de 'al límite'). A más rentabilidad siempre hay mayor riesgo; si no ves donde está ese riesgo es porque, en mi opinión, no has entendido bien el producto y no es para tí.

Pero es que el verdadero riesgo de estos productos no estaba ahí, sino escondido en una de las palabras más repetidas en los últimos meses: el apalancamiento. Las estrategias de muchos de estos productos se basan en aprovechar pequeñas ineficiencias de mercado. Como por cada operación, la ganancia es baja, la idea era conseguir mucho crédito para aumentar exponencialmente la ganancia. ¿Y de dónde salía ese dinero?

Efectivamente, de la banca de inversión, de los Lehman Brothers, Bear Stearns, Morgan Stanley, Goldman Sachs y cada vez más en bancos comerciales que no querían perderse el festín. Ahora, sin embargo, estas entidades han cerrado el grifo y piden más garantías para poder mantenerles el crédito. ¿Pero de dónde sale el dinero para poner garantías? No lo hay. Así que, sólo queda vender los activos en cartera para deshacer el endeudamiento. Y claro, se ven obligados a malvender.

Eso les obliga a registrar pérdidas abultadas en sus fondos, que por lo tanto irritan y asustan a sus inversores, que justo les habían confiado su dinero pensando en que estos fondos less cubrirían en un escenario negativo de mercado. Ante el disgusto, los ahorradores piden retirar su dinero, lo que se traduce en que los gestores tienen que salir a vender otra vez al mercado. Pero el desastre no acaba ahí.

Al vender activos de cartera y materializar más perdidas, los recursos propios del fondo sobre su deuda caen, con lo que los bancos les piden todavía más garantías. Y ya saben lo que pasa entonces: tienen que salir otra vez a vender para hacer frente a los llamados ‘margin calls’, con lo que provocan más perdidas que asustan a más inversores y les obligan a malvender otra vez, en una peligrosa espiral que se repite hasta la liquidación del fondo en muchos casos. En muchos casos, la única solución es congelar temporalmente los reembolsos, como ha hecho esta semana GLG con dos fondos.

Los resultados de octubre de la mayoría de muchos hedge van a ser dramáticos, peores incluso que los de las bolsas. El índice HFRX Global Hedge Fund Index ha caído más de un 9% en octubre y pierde casi un 20 por ciento en el año. Y hay que tener en cuenta que los índices sólo recogen a los fondos vivos, los que van muriendo salen de estos indicadores.

Cada vez se oyen más voces que advierten de que este proceso de desapalancamiento (que provocará una selección natural que dejará vivos sólo a los más fuertes, entre ellos algunos españoles que lo están haciendo muy bien y están muy poco apalancados), será la tercera oleada de la crisis para los mercados. Y el mensaje tiene lógica: hay muchos que se van a ver obligados a vender a cualquier precio. Eso podría provocar ventas forzadas en muchas compañias de calidad que pondrá nerviosos a muchos inversores, pero dejaría oportunidades de inversión inimaginables para el inversor de largo plazo.

El Gobierno acaba de anunciar que los ahorradores tendrán garantizados hasta 100.000 euros en sus depósitos en caso de quiebra de la entidad financiera. Seguro que las asociaciones de consumidores lo celebran y también muchas otras voces y medios de comunicación, los mismos que hasta hace poco criticaban que se ayude a las entidades financieras en problemas por haber asumido demasiado riesgo. Menuda contradicción. ¿Por qué?

Esta medidas crean otra burbuja mucho más peligrosa que atenta directamente contra la cultura financiera: “Usted invierta en el depósito que más intereses le ofrezca, que si a su banco o caja quiebra o le ocurre algo por financiarse tan caro, su dinero estará a salvo”. Nadie se para a pensar que si este banco o caja tenía que financiarse tan caro era precisamente porque en los últimos años no había hecho bien los deberes, concediendo por ejemplo abultados y ahora fallidos créditos a promotores.

Hay muchas más preguntas por responder: ¿Se va a aumentar el fondo de garantía de las inversiones o se queda todo en un brindis al sol? Si se aumenta, ¿quien va a poner el dinero? ¿el Estado? ¿Pero por qué tengo yo que pagar con mis impuestos las inversiones que otros ahorradores han venido haciendo en el depósito que más interés daba sin pensar en el riesgo de su entidad? ¿Por qué tiene que pagar el ciudadano que había sido cauto la poca precaución de su vecino?

¿Lo pagarán los bancos y las cajas? No creo que estén como para hacer muchas provisiones… Y si lo hacen no creo que pongan dinero las que estén peor, sino las más saneadas… ¿Pero por qué deben pagar los accionistas de las entidades más saneadas las malas decisiones de las peores? En descargo del Gobierno hay que decir que no tenía muchas más opciones, después de anunciarse medidas similares en Alemania e Irlanda, ya que entonces el dinero podría volar hacia los depósitos de estos países. Esperemos que sea sólo un brindis al sol para intentar transmitir confianza.

Imaginemos la siguiente situación inventada: Pedro Pépez Plómez acaba de cobrar una herencia de 50.000 euros y está pensando dónde invertir ese dinero. Sólo quiere que sea un lugar seguro, porque se da cuenta de que la economía está entrando en crisis, paga más de 1.000 euros al mes de hipoteca y teme quedarse sin empleo en cualquier momento.

De pronto, ve una oferta en el escapate de un banco que le ofrece un 8 por ciento TAE por llevar su dinero allí, pero sólo durante dos meses; después lee en Internet que otra entidad le ofrece un 7 por ciento a seis meses, pero sólo para el 80 por ciento de la inversión; el otro 20 por ciento depende de no se qué movimiento de no se cual índice bursátil; y en el portal de su casa le dejan publicidad de una caja de ahorros que paga el 7,5 por ciento si contratas también no sé cuantos productos del banco.

¿Cuál es el mejor de estos tres ejemplos de productos reales? Vaya usted a saber. Lo único garantizado es el mareo al que se somete el inversor que busca la mayor rentabilidad para el dinero en el que quiere ser más conservador. Las técnicas marketinianas confunden cada vez más al poner tanto énfasis en la rentabilidad y hacen que al ahorrador se olvide de lo que buscaba: seguridad.

Los intereses que ofrecen algunas entidades muestran cierta desesperación en la lucha por atraer dinero. Parecemos asistir a una caza de efectivo, mediante la promesa de unos intereses que casi duplican ya los tipos oficiales. A mí desde luego que no me gustaría estar en un banco o caja al que le sale tan caro financiarse. Y menos en estos tiempos que corren.

Cuando vaya a elegir, Pedro Pépez Plomez debería pararse antes a pensar si su dinero está igual de seguro en un producto que busca rentabilidades cercanas a los tipos de interés oficiales, que en una entidad que tiene que pagar casi el doble para llevarse sus ahorros.

Querido Pedro, no olvides que la rentabilidad y el riesgo son un matrimonio inseparable. Y que si te prometen más intereses, es porque “el mercado” ve en ellos más riesgo. Pedro, hazte en voz alta esta pregunta: ¿Habrías comprado hace tres semanas un depósito de Lehman Brothers (si lo hubiera) porque había lanzado una oferta del 8,5 por ciento a doce meses?