riesgo

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Dentro de las estadísticas que Unience, la red social de inversores, ofrece para valorar el comportamiento de la cartera, hay una por la que algunos usuarios nos han preguntado su significado. Se trata del ratio sharpe y muestra la rentabilidad que se obtiene por el riesgo que se asume. Es decir, que cuanto más alta sea esta cifra, mejor está gestionándose la volatilidad de la cartera.

Cartera pública de acciones de Kaloxa

Por lo tanto, puede pasar que una cartera que sólo gana un 12 por ciento en el último mes tenga un mejor ratio sharpe que otra con una ganancia del 24 por ciento. Esto ocurre ahora mismo en las carteras que los usuarios de Unience hemos hecho públicas.

La cartera que tiene un mejor ratio sharpe en lo que va de abril es, casualmente, la mía en Unience. En mi caso, el sharpe es de 0,54, a pesar de que desde el primer día de abril “sólo” ganó un 12,78 por ciento.  Esta cifra es casi la mitad del 24,3 por ciento que sube en el mes la cartera de Hispania, otro uniencer (recuerda que sólo puedes ver la información de carteras que el dueño comparte contigo). Sin embargo, el ratio sharpe de esta cartera es del 0,29 por ciento, casi la mitad que en mi caso.

¿Significa esto que yo gestiono mejor que Hispania? No. Sencillamente significa que, para las rentabilidades que está obteniendo, este usuario pone sobre la mesa mayor riesgo que yo para las ganancias que yo estoy obteniendo. Imaginemos que ambos fuéramos gestores, pues entonces la cartera de Hispania sería sólo apta para inversores muy muy agresivos, mientras que la mía sería para inversores que quieren estar en bolsa pero con una volatilidad controlada en sus carteras.

Y esto ocurre, en parte, porque mi cartera está mucho más diversificada, mientras que la de Hispania está centrada en pocos valores.

En fin, si alguien tiene algo que añadir sobre el ratio sharpe o tenéis alguna pregunta, sería buena que lo compartiéseis para así aclarar este concepto. ¿Verdad?

Una de los daños colaterales de la crisis financieras está siendo el concepto de la diversificación. La teoría dice que debes tener tus inversiones diversificadas entre distintos activos para reducir el riesgo. Sin embargo, muchos inversores se dieron cuenta el año pasado de que prácticamente todos los mercados se hundieron a la vez, y en las bolsas, todos los sectores y todos los valores, casi nada se salvó.

Por eso, tiene lógica que muchos actores del mercado, desde inversores a asesores financieros, se estén replanteando este concepto. Lo que la ciencia dice es que una buena diversificación ayuda a mejorar la relación rentabilidad-riesgo, pero no te evita sufrir pérdidas. Pero me gustaría considerar con vosotros varios puntos sobre el tema:

1. ¿Diversificar es tener un Arca de Noé?
Dice Warren Buffett, mejor inversión del mundo, que empiezas diversificando con dos animales de cada especie y acabas teniendo un Arca de Noé. Esa no es la idea, diversificar por diversificar no tiene sentido. Según algunos estudios, como la Teoría Moderna de Carteras, de Harry Markowitz, a partir de las 20 acciones deja de reducirse el riesgo global de la cartera.

2. Diversificar sí, ¿pero qué?
¿Cómo diversificar? Lo lógico es pensar que entre distintas clases de activos, como renta variable, renta fija, materias primas, gestión alternativa… Pero empieza a haber gente que habla de la necesidad de diversificar también entre entidades financieras o asesores financieros. Por lo menos, contar con una segunda opinión.

3. ¿Diversificamos todos igual?
¿Existe la diversificación personalizada? La lógica dice que la diversificación no puede ser la misma para un inversor que está próximo a la jubilación, que para otro que acaba de empezar a trabajar y esta invirtiendo sus primeros ahorros.

4. ¿Cómo medir la diversificación de mi cartera si tengo fondos?
A veces, si no llevas un control global de tus inversiones, es muy difícil saber cómo estás diversificando si inviertes en fondos. Por ejemplo, si tienes un fondo sobre acciones europeas y otro sobre acciones españolas, en realidad estás invirtiendo dos veces en algunos valores españoles y haciendo lo contrario a diversificar. En este sentido, creo necesario saber muy bien dónde invierte el fondo o, si no es posible, tener un asesor que sí disponga de esa información.

5. ¿Quién tiene capacidad para medir cómo de diversificada está la cartera?
No resulta nada sencillo saber si la diversificación que tienes optimiza la relación rentabilidad-riesgo de tu cartear. ¿Cómo puedo hacerlo?  Un camino es un buen asesor financiero, que conozca bien tu perfil y la composición de tu cartera, que te haga un análisis de las correlaciones entre tus distintos activos y te sugiera como mejorarla. Lo veo aquí como cuando quieres hacer dieta. Si vas a un nutricionista, te ayudará mucho más a conocer mejor tu cuerpo y saber cómo deberías alimentarte en función de tus necesidades. Aunque eso no quiere decir que no seas capaz de adelgazar por tu cuenta.

En fin, me gustaría conocer vuestra opinión sobre algunas de estas preguntas que he lanzado más arriba. Y, de paso, si os animáis, cuentanos si diversificas y cómo lo haces.

Me ha llegado (gracias a @andreucastelano) una curiosa columna de opinión publicada el pasado sábado en el New York Times con el atrevido titular “Mistresses of the Universe”, que en mi traducción más o menos libre sería “Señoras del Universo”. En fin, uno puede estar de acuerdo o no, considerarlo más o menos relevante, pero a mí me parece que hay aquí algunas ideas interesantes a considerar. Las resumo:

- La crisis ¿culpa de la testosterona?
Yo creo que algunos estudios hay que mirarlos desde la distancia, pero tampoco despreciarlos. El año pasado salió a la luz uno que mostró que los operadores financieros con mayores niveles de testosterona asumían más riesgo que el resto. ¿Tiene esto sentido? Al parecer, tendría una lógica evolutiva. De acuerdo con otro estudio, a través de las distintas culturas, las mujeres preferían al hombre de mayor estatus, lo que llevaba a estos a tomar las decisiones más atrevidas para alcanzarlo y conquistar así a la dama.

-¿Mejoran las cosas cuando ellas tienen más peso en las decisiones?
Según la tribuna, sí. Y lo demuestra con lo ocurrido con la llegada del derecho al voto para las mujeres en EEUU. De acuerdo con otro informe, los gobernantes empezaron a prestar más atención a mejoras en la sanidad pública para intentar atraer el voto femenino. Y, fruto de esa apertura de mente, una decisión sobre la sanidad pública provocó cambios que redujeron las muertes infantiles a un ritmo de 20.000 al año.

- ¿Pero cómo están las mujeres en los ambitos de poder económico?
Esto ya no es de la tribuna del New York Times, sino cosecha propia. Ya sabemos que tanto en Wall Street como en la banca española, la presencia es más bien escasa, con la honrosa excepción de Ana Patricia Botín en Banesto y otros casos más modestos. Pero es que a nivel de grandes supervisores, bancos centrales y ministros de finanzas, la cosa adquiere tintes dramáticos.

Foto de familia del Ecofin. Resulta hasta difícil encontrar a las dos mujeres que hay

Foto de familia del Ecofin del año pasado. Resulta hasta difícil encontrar a las dos mujeres que asistieron

En el ecofin, la foto que adjunto en estas líneas habla por sí sóla. Sólo hay dos mujeres entre decenas de corbatas, que además casi ni siquiera se ven, arrinconadas en uno de los últimos escalones. En el BCE, sólo hay una entre los 22 miembros del consejo de gobierno. En el comité de Gobierno del Banco Internacional de Pagos, ninguna. Y en la Fed, la cosa mejora algo, pero poco: una señora junto a cuatro caballeros.

¿Qué os parece todo esto? A mi no me parece bien que a la hora de elegir los cargos haya que fijarse en las cuotas, pero también me parece raro que no haya más mujeres en puestos de poder en los supraorganismos financieros. Quizá aquí siguen primando algunos prejuicios. De todas formas, si nuestro presidente del Gobierno lee este post no descarto que, si hay una crisis de gobierno, ponga en el cargo a una mujer. En realidad, el género debería importar bastante poco, sería lo de menos, sólo el talento de la persona elegida.

A veces, dos palabras muy parecidas tienen significados radicalmente opuestos. En ingles, hedge significa cobertura, y edge, límite, borde, extremo (también puede ser ventaja, pero no aplica en este caso). Y hay un tipo de fondos de inversión que se conocen como hedge (por cierto, el primero lo creó un periodista llamado Alfred Jones) precisamente porque su intención era desarrollar una estrategia que no cayera cuando las bolsas lo hacían, una solución que cubriera la cartera.

Sin embargo, con el paso del tiempo a muchos hedge se les ha ido cayendo la hache inicial. Los años de fuertes ganancias de los mercados llevaron a muchos gestores de este tipo de fondos a adoptar estrategias más arriesgadas, aunque en realidad no lo parecían. Sí, efectivamente la volatilidad de los movimientos de sus fondos no era muy elevada, y parecían estar consiguiendo altas rentabilidades con poco riesgo.

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? En este libro se utiliza edge con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de "al límite"

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? (En este libro se utiliza la palabra 'edge' con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de 'al límite'). A más rentabilidad siempre hay mayor riesgo; si no ves donde está ese riesgo es porque, en mi opinión, no has entendido bien el producto y no es para tí.

Pero es que el verdadero riesgo de estos productos no estaba ahí, sino escondido en una de las palabras más repetidas en los últimos meses: el apalancamiento. Las estrategias de muchos de estos productos se basan en aprovechar pequeñas ineficiencias de mercado. Como por cada operación, la ganancia es baja, la idea era conseguir mucho crédito para aumentar exponencialmente la ganancia. ¿Y de dónde salía ese dinero?

Efectivamente, de la banca de inversión, de los Lehman Brothers, Bear Stearns, Morgan Stanley, Goldman Sachs y cada vez más en bancos comerciales que no querían perderse el festín. Ahora, sin embargo, estas entidades han cerrado el grifo y piden más garantías para poder mantenerles el crédito. ¿Pero de dónde sale el dinero para poner garantías? No lo hay. Así que, sólo queda vender los activos en cartera para deshacer el endeudamiento. Y claro, se ven obligados a malvender.

Eso les obliga a registrar pérdidas abultadas en sus fondos, que por lo tanto irritan y asustan a sus inversores, que justo les habían confiado su dinero pensando en que estos fondos less cubrirían en un escenario negativo de mercado. Ante el disgusto, los ahorradores piden retirar su dinero, lo que se traduce en que los gestores tienen que salir a vender otra vez al mercado. Pero el desastre no acaba ahí.

Al vender activos de cartera y materializar más perdidas, los recursos propios del fondo sobre su deuda caen, con lo que los bancos les piden todavía más garantías. Y ya saben lo que pasa entonces: tienen que salir otra vez a vender para hacer frente a los llamados ‘margin calls’, con lo que provocan más perdidas que asustan a más inversores y les obligan a malvender otra vez, en una peligrosa espiral que se repite hasta la liquidación del fondo en muchos casos. En muchos casos, la única solución es congelar temporalmente los reembolsos, como ha hecho esta semana GLG con dos fondos.

Los resultados de octubre de la mayoría de muchos hedge van a ser dramáticos, peores incluso que los de las bolsas. El índice HFRX Global Hedge Fund Index ha caído más de un 9% en octubre y pierde casi un 20 por ciento en el año. Y hay que tener en cuenta que los índices sólo recogen a los fondos vivos, los que van muriendo salen de estos indicadores.

Cada vez se oyen más voces que advierten de que este proceso de desapalancamiento (que provocará una selección natural que dejará vivos sólo a los más fuertes, entre ellos algunos españoles que lo están haciendo muy bien y están muy poco apalancados), será la tercera oleada de la crisis para los mercados. Y el mensaje tiene lógica: hay muchos que se van a ver obligados a vender a cualquier precio. Eso podría provocar ventas forzadas en muchas compañias de calidad que pondrá nerviosos a muchos inversores, pero dejaría oportunidades de inversión inimaginables para el inversor de largo plazo.

El Gobierno acaba de anunciar que los ahorradores tendrán garantizados hasta 100.000 euros en sus depósitos en caso de quiebra de la entidad financiera. Seguro que las asociaciones de consumidores lo celebran y también muchas otras voces y medios de comunicación, los mismos que hasta hace poco criticaban que se ayude a las entidades financieras en problemas por haber asumido demasiado riesgo. Menuda contradicción. ¿Por qué?

Esta medidas crean otra burbuja mucho más peligrosa que atenta directamente contra la cultura financiera: “Usted invierta en el depósito que más intereses le ofrezca, que si a su banco o caja quiebra o le ocurre algo por financiarse tan caro, su dinero estará a salvo”. Nadie se para a pensar que si este banco o caja tenía que financiarse tan caro era precisamente porque en los últimos años no había hecho bien los deberes, concediendo por ejemplo abultados y ahora fallidos créditos a promotores.

Hay muchas más preguntas por responder: ¿Se va a aumentar el fondo de garantía de las inversiones o se queda todo en un brindis al sol? Si se aumenta, ¿quien va a poner el dinero? ¿el Estado? ¿Pero por qué tengo yo que pagar con mis impuestos las inversiones que otros ahorradores han venido haciendo en el depósito que más interés daba sin pensar en el riesgo de su entidad? ¿Por qué tiene que pagar el ciudadano que había sido cauto la poca precaución de su vecino?

¿Lo pagarán los bancos y las cajas? No creo que estén como para hacer muchas provisiones… Y si lo hacen no creo que pongan dinero las que estén peor, sino las más saneadas… ¿Pero por qué deben pagar los accionistas de las entidades más saneadas las malas decisiones de las peores? En descargo del Gobierno hay que decir que no tenía muchas más opciones, después de anunciarse medidas similares en Alemania e Irlanda, ya que entonces el dinero podría volar hacia los depósitos de estos países. Esperemos que sea sólo un brindis al sol para intentar transmitir confianza.

Imaginemos la siguiente situación inventada: Pedro Pépez Plómez acaba de cobrar una herencia de 50.000 euros y está pensando dónde invertir ese dinero. Sólo quiere que sea un lugar seguro, porque se da cuenta de que la economía está entrando en crisis, paga más de 1.000 euros al mes de hipoteca y teme quedarse sin empleo en cualquier momento.

De pronto, ve una oferta en el escapate de un banco que le ofrece un 8 por ciento TAE por llevar su dinero allí, pero sólo durante dos meses; después lee en Internet que otra entidad le ofrece un 7 por ciento a seis meses, pero sólo para el 80 por ciento de la inversión; el otro 20 por ciento depende de no se qué movimiento de no se cual índice bursátil; y en el portal de su casa le dejan publicidad de una caja de ahorros que paga el 7,5 por ciento si contratas también no sé cuantos productos del banco.

¿Cuál es el mejor de estos tres ejemplos de productos reales? Vaya usted a saber. Lo único garantizado es el mareo al que se somete el inversor que busca la mayor rentabilidad para el dinero en el que quiere ser más conservador. Las técnicas marketinianas confunden cada vez más al poner tanto énfasis en la rentabilidad y hacen que al ahorrador se olvide de lo que buscaba: seguridad.

Los intereses que ofrecen algunas entidades muestran cierta desesperación en la lucha por atraer dinero. Parecemos asistir a una caza de efectivo, mediante la promesa de unos intereses que casi duplican ya los tipos oficiales. A mí desde luego que no me gustaría estar en un banco o caja al que le sale tan caro financiarse. Y menos en estos tiempos que corren.

Cuando vaya a elegir, Pedro Pépez Plomez debería pararse antes a pensar si su dinero está igual de seguro en un producto que busca rentabilidades cercanas a los tipos de interés oficiales, que en una entidad que tiene que pagar casi el doble para llevarse sus ahorros.

Querido Pedro, no olvides que la rentabilidad y el riesgo son un matrimonio inseparable. Y que si te prometen más intereses, es porque “el mercado” ve en ellos más riesgo. Pedro, hazte en voz alta esta pregunta: ¿Habrías comprado hace tres semanas un depósito de Lehman Brothers (si lo hubiera) porque había lanzado una oferta del 8,5 por ciento a doce meses?