rentabilidad

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Todos los años Inverco, la asociación de los fondos de inversión y los planes de pensiones, organiza una comida a principios de febrero con periodistas para hacer balance del año pasado y previsiones del presente. Este año ha sido el primero que entre los presentes había un blogger, el que escribe, aunque no sé si por convencimiento o porque todavía seguía en la base de datos de prensa de Inverco.

En fin, al grano. El centro de la conversación giró en torno a los planes de pensiones, ya que de los fondos había poco que hablar: el año ha sido tan negativo en salidas de dinero, el peor de la historia, que ya estaba todo dicho. Y centrándonos en pensiones, en Inverco se mostraron contentos por el hecho de que en 2008 aumentaron las aportaciones netas a planes de pensiones. Es decir, entró más dinero del que retiraron quienes se van jubilando.

Eso sí, el flujo positivo cada vez es menor, pero el discurso oficial de la asociación es de satisfacción, de que bien han ido las cosas ante el mal momento que atraviesa todo. Y me sorprende porque todos sabemos que si esto sigue ocurriendo es porque muchos españoles tienen la costumbre de hacerlo para desgravar impuestos y no por la calidad de los productos.

Hay un tema inquietante en los datos cada año. Los ciudadanos retiran su dinero de los planes de pensiones en cuanto se jubilan. Y cada vez más. ¿Los motivos? Aquí está la discusión. Para mí, está claro: por las flojas rentabilidades. A diez años, con datos a cierre de diciembre, los planes de pensiones sólo ganaban un 0,6% de media anual. A cinco años, un 1,14%. A tres años pierden un 0,82% y a un año, la caída supera el 6%. Sólo a 15 años se acerca al 4% y a 18, al 6%.

En fin, yo en el turno de preguntas me centré en esto que os cuento. Para mi éste es realmente el motivo. Pero desde la asociación consideran que no, que se debe a un tema cultural entre los ahorradores, y a los pocos ingresos que se han hecho antes de la jubilación. Y ahora confían en que haya mejoras en la liquidez de los planes y, de paso, una mejor fiscalidad, para fomentar este producto. Me gustaría saber qué opináis.

Y, sobre todo, que entre todos respondamos esta pregunta: ¿Alguien estructura sus inversiones en planes de pensiones como resultado de una planificación financiera con vista a la jubilación o sólo se hace pensando en tener que pagarle un poco menos a Hacienda en la declaración del año siguiente?

Imagina que pasas por delante de un edificio en demolición y te encuentras con un comercial que te ofrece la posibilidad de comprar a buen precio el solar que va a quedar para hacer un gran centro comercial. ¿Cuál sería tu respuesta? Valorarías si el precio es adecuado, si el negocio que montarías allí te generaría suficientes beneficios, los socios que tendrías que buscar… Pero no creo que dijeras: “De eso nada, cómo le voy a comprar nada… ¡si este edificio está en plena demolición!”.

¿Por qué con las bolsas mucha gente si piensa así? Los mercados llevan desplomándose 18 meses y muchos ahorradores piensan que hasta no dejen de caer cascotes no habrá nada que hacer. En los días de rebotes que tienen lugar ahora es habitual en foros y chats la siguiente pregunta: “¿Qué está pasando si la cifra del paro ha sido la peor en nosecuantosmil años?”.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma visión. Hay quienes ven en este derrumbe una oportunidad para construir unos sólidos cimientos de rentabilidad futura. Éstos no miran tanto si las acciones pueden caer un 10% o un 20% adicional, sino que se fijan en si el precio es adecuado para el valor que ellos dan al negocio, los socios y gestores que tienen estas compañías, los flujos de caja que pueden generar…

Ellos empiezan a comprar cuando todos los demás no quieren acercarse a menos de un kilómetro del edificio en demolición. Y, por eso, los suelos se suelen formar mientras siguen apareciendo noticias lamentables, no cuando los cimientos de la recuperación económica ya están plantados.

Quién sabe si estamos cerca del suelo, no tengo ni idea, pero sí sé que el día que los mercados empiecen a remontar parecerá el peor de los días. Como hace cinco años y medio, cuando no sabíamos hacia dónde se dirigía el mundo tras la famosa foto de los Azores, que suponía el inicio figurado de la Guerra de Irak.

A veces, dos palabras muy parecidas tienen significados radicalmente opuestos. En ingles, hedge significa cobertura, y edge, límite, borde, extremo (también puede ser ventaja, pero no aplica en este caso). Y hay un tipo de fondos de inversión que se conocen como hedge (por cierto, el primero lo creó un periodista llamado Alfred Jones) precisamente porque su intención era desarrollar una estrategia que no cayera cuando las bolsas lo hacían, una solución que cubriera la cartera.

Sin embargo, con el paso del tiempo a muchos hedge se les ha ido cayendo la hache inicial. Los años de fuertes ganancias de los mercados llevaron a muchos gestores de este tipo de fondos a adoptar estrategias más arriesgadas, aunque en realidad no lo parecían. Sí, efectivamente la volatilidad de los movimientos de sus fondos no era muy elevada, y parecían estar consiguiendo altas rentabilidades con poco riesgo.

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? En este libro se utiliza edge con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de "al límite"

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? (En este libro se utiliza la palabra 'edge' con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de 'al límite'). A más rentabilidad siempre hay mayor riesgo; si no ves donde está ese riesgo es porque, en mi opinión, no has entendido bien el producto y no es para tí.

Pero es que el verdadero riesgo de estos productos no estaba ahí, sino escondido en una de las palabras más repetidas en los últimos meses: el apalancamiento. Las estrategias de muchos de estos productos se basan en aprovechar pequeñas ineficiencias de mercado. Como por cada operación, la ganancia es baja, la idea era conseguir mucho crédito para aumentar exponencialmente la ganancia. ¿Y de dónde salía ese dinero?

Efectivamente, de la banca de inversión, de los Lehman Brothers, Bear Stearns, Morgan Stanley, Goldman Sachs y cada vez más en bancos comerciales que no querían perderse el festín. Ahora, sin embargo, estas entidades han cerrado el grifo y piden más garantías para poder mantenerles el crédito. ¿Pero de dónde sale el dinero para poner garantías? No lo hay. Así que, sólo queda vender los activos en cartera para deshacer el endeudamiento. Y claro, se ven obligados a malvender.

Eso les obliga a registrar pérdidas abultadas en sus fondos, que por lo tanto irritan y asustan a sus inversores, que justo les habían confiado su dinero pensando en que estos fondos less cubrirían en un escenario negativo de mercado. Ante el disgusto, los ahorradores piden retirar su dinero, lo que se traduce en que los gestores tienen que salir a vender otra vez al mercado. Pero el desastre no acaba ahí.

Al vender activos de cartera y materializar más perdidas, los recursos propios del fondo sobre su deuda caen, con lo que los bancos les piden todavía más garantías. Y ya saben lo que pasa entonces: tienen que salir otra vez a vender para hacer frente a los llamados ‘margin calls’, con lo que provocan más perdidas que asustan a más inversores y les obligan a malvender otra vez, en una peligrosa espiral que se repite hasta la liquidación del fondo en muchos casos. En muchos casos, la única solución es congelar temporalmente los reembolsos, como ha hecho esta semana GLG con dos fondos.

Los resultados de octubre de la mayoría de muchos hedge van a ser dramáticos, peores incluso que los de las bolsas. El índice HFRX Global Hedge Fund Index ha caído más de un 9% en octubre y pierde casi un 20 por ciento en el año. Y hay que tener en cuenta que los índices sólo recogen a los fondos vivos, los que van muriendo salen de estos indicadores.

Cada vez se oyen más voces que advierten de que este proceso de desapalancamiento (que provocará una selección natural que dejará vivos sólo a los más fuertes, entre ellos algunos españoles que lo están haciendo muy bien y están muy poco apalancados), será la tercera oleada de la crisis para los mercados. Y el mensaje tiene lógica: hay muchos que se van a ver obligados a vender a cualquier precio. Eso podría provocar ventas forzadas en muchas compañias de calidad que pondrá nerviosos a muchos inversores, pero dejaría oportunidades de inversión inimaginables para el inversor de largo plazo.

El Gobierno acaba de anunciar que los ahorradores tendrán garantizados hasta 100.000 euros en sus depósitos en caso de quiebra de la entidad financiera. Seguro que las asociaciones de consumidores lo celebran y también muchas otras voces y medios de comunicación, los mismos que hasta hace poco criticaban que se ayude a las entidades financieras en problemas por haber asumido demasiado riesgo. Menuda contradicción. ¿Por qué?

Esta medidas crean otra burbuja mucho más peligrosa que atenta directamente contra la cultura financiera: “Usted invierta en el depósito que más intereses le ofrezca, que si a su banco o caja quiebra o le ocurre algo por financiarse tan caro, su dinero estará a salvo”. Nadie se para a pensar que si este banco o caja tenía que financiarse tan caro era precisamente porque en los últimos años no había hecho bien los deberes, concediendo por ejemplo abultados y ahora fallidos créditos a promotores.

Hay muchas más preguntas por responder: ¿Se va a aumentar el fondo de garantía de las inversiones o se queda todo en un brindis al sol? Si se aumenta, ¿quien va a poner el dinero? ¿el Estado? ¿Pero por qué tengo yo que pagar con mis impuestos las inversiones que otros ahorradores han venido haciendo en el depósito que más interés daba sin pensar en el riesgo de su entidad? ¿Por qué tiene que pagar el ciudadano que había sido cauto la poca precaución de su vecino?

¿Lo pagarán los bancos y las cajas? No creo que estén como para hacer muchas provisiones… Y si lo hacen no creo que pongan dinero las que estén peor, sino las más saneadas… ¿Pero por qué deben pagar los accionistas de las entidades más saneadas las malas decisiones de las peores? En descargo del Gobierno hay que decir que no tenía muchas más opciones, después de anunciarse medidas similares en Alemania e Irlanda, ya que entonces el dinero podría volar hacia los depósitos de estos países. Esperemos que sea sólo un brindis al sol para intentar transmitir confianza.

Imaginemos la siguiente situación inventada: Pedro Pépez Plómez acaba de cobrar una herencia de 50.000 euros y está pensando dónde invertir ese dinero. Sólo quiere que sea un lugar seguro, porque se da cuenta de que la economía está entrando en crisis, paga más de 1.000 euros al mes de hipoteca y teme quedarse sin empleo en cualquier momento.

De pronto, ve una oferta en el escapate de un banco que le ofrece un 8 por ciento TAE por llevar su dinero allí, pero sólo durante dos meses; después lee en Internet que otra entidad le ofrece un 7 por ciento a seis meses, pero sólo para el 80 por ciento de la inversión; el otro 20 por ciento depende de no se qué movimiento de no se cual índice bursátil; y en el portal de su casa le dejan publicidad de una caja de ahorros que paga el 7,5 por ciento si contratas también no sé cuantos productos del banco.

¿Cuál es el mejor de estos tres ejemplos de productos reales? Vaya usted a saber. Lo único garantizado es el mareo al que se somete el inversor que busca la mayor rentabilidad para el dinero en el que quiere ser más conservador. Las técnicas marketinianas confunden cada vez más al poner tanto énfasis en la rentabilidad y hacen que al ahorrador se olvide de lo que buscaba: seguridad.

Los intereses que ofrecen algunas entidades muestran cierta desesperación en la lucha por atraer dinero. Parecemos asistir a una caza de efectivo, mediante la promesa de unos intereses que casi duplican ya los tipos oficiales. A mí desde luego que no me gustaría estar en un banco o caja al que le sale tan caro financiarse. Y menos en estos tiempos que corren.

Cuando vaya a elegir, Pedro Pépez Plomez debería pararse antes a pensar si su dinero está igual de seguro en un producto que busca rentabilidades cercanas a los tipos de interés oficiales, que en una entidad que tiene que pagar casi el doble para llevarse sus ahorros.

Querido Pedro, no olvides que la rentabilidad y el riesgo son un matrimonio inseparable. Y que si te prometen más intereses, es porque “el mercado” ve en ellos más riesgo. Pedro, hazte en voz alta esta pregunta: ¿Habrías comprado hace tres semanas un depósito de Lehman Brothers (si lo hubiera) porque había lanzado una oferta del 8,5 por ciento a doce meses?

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