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Ya tenemos los datos agregados en agosto de las carteras reales que los inversores tienen conectados en Unience. Y como podéis ver en el gráfico a continuación, ha sido un mes complicado en general para las carteras, una resaca veraniega después de las alegrías que los usuarios vieron en sus inversiones en julio.

El resultado negativo está en consonancia con las caídas del mercado en agosto, cuando el Ibex 35, índice de referencia del mercado español, retrocedió un 3% y el S&P 500 perdió un 4,7%. En este gráfico a continuación podéis ver los resultados agregados:

Rentabilidad de las carteras reales de los usuarios de Unience en agosto

Como se puede ver la franja en la que han quedado ubicadas la mayoría de las carteras ha sido la de pérdidas de hasta un 5%, con casi cuatro de cada diez carteras, prácticamente el doble que todas las carteras que terminaron julio en negativo.

Pero también llama la atención que una de cada cinco carteras haya sufrido retrocesos de entre un 5% y un 15%, una señal de que muchas carteras tienen entre sus posiciones algunos de los valores y sectores más castigados en agosto.

No todo son malas noticias. A pesar de la tendencia bajista generalizada en los mercados, un 38% de las carteras han logrado salvar el mes en positivo, aunque la abrumadora mayoría haya sido por los pelos, con ganancias de hasta un 5%.

Ayer ya os mostramos en este artículo las acciones más compradas y vendidas por los usuarios este verano y pronto os informaremos también de los fondos con más movimientos en las carteas.

Hoy doy una ponencia en el Instituto de Empresa (IE) en un seminario denominado “El Community Manager como clave del éxito”. Comparto una clase de 60 minutos con ícaro Moyano, director de comunicación de Tuenti, y entre ambos vamos a tratar de explicar cómo se forman las redes sociales, por qué tienen éxito estos proyectos y en qué se basa su desarrollo como entornos de confianza.

Yo, en concreto, me voy a centrar en uno de los aspectos que en Unience consideramos más importantes: la reputación. Estamos en un momento de mercado en el que la credibilidad en los mensajes y las personas ha resultado tan dañada, que necesitamos herramientas para distinguir a aquellos usuarios en los que más confiar.

Pero no sólo las redes sociales de inversores, como Unience, necesitamos esas herramientas para mejorar la confianza. También las precisan las propias comunidades de inversión en sentido global. Es decir, los mercados. Y si no, observemos este gráfico que he visto en el último barómetro de Edelman sobre confianza.

Se puede ver en la estadística que la reputación también se puede traducir por rentabilidad. Es decir, que cuando los inversores se creen a las empresas las acciones tienden a subir, y cuando los mensajes no son creíbles o se descubren engaños que traicionan esa fidelidad el accionista tiende a vender.

El informe contiene otras estadísticas que me parecen muy interesantes para los mercados. Por ejemplo, que a un 26% de los encuestados la confianza en una compañía le ha llevado a comprar acciones de la misma, y que la desconfianza en las compañías ha llevado a un 17% a vender acciones. Os inserto a continuación el informe de Edelman.

Trust Book Final 2

Interesante, ¿no?

Dentro de las estadísticas que Unience, la red social de inversores, ofrece para valorar el comportamiento de la cartera, hay una por la que algunos usuarios nos han preguntado su significado. Se trata del ratio sharpe y muestra la rentabilidad que se obtiene por el riesgo que se asume. Es decir, que cuanto más alta sea esta cifra, mejor está gestionándose la volatilidad de la cartera.

Cartera pública de acciones de Kaloxa

Por lo tanto, puede pasar que una cartera que sólo gana un 12 por ciento en el último mes tenga un mejor ratio sharpe que otra con una ganancia del 24 por ciento. Esto ocurre ahora mismo en las carteras que los usuarios de Unience hemos hecho públicas.

La cartera que tiene un mejor ratio sharpe en lo que va de abril es, casualmente, la mía en Unience. En mi caso, el sharpe es de 0,54, a pesar de que desde el primer día de abril “sólo” ganó un 12,78 por ciento.  Esta cifra es casi la mitad del 24,3 por ciento que sube en el mes la cartera de Hispania, otro uniencer (recuerda que sólo puedes ver la información de carteras que el dueño comparte contigo). Sin embargo, el ratio sharpe de esta cartera es del 0,29 por ciento, casi la mitad que en mi caso.

¿Significa esto que yo gestiono mejor que Hispania? No. Sencillamente significa que, para las rentabilidades que está obteniendo, este usuario pone sobre la mesa mayor riesgo que yo para las ganancias que yo estoy obteniendo. Imaginemos que ambos fuéramos gestores, pues entonces la cartera de Hispania sería sólo apta para inversores muy muy agresivos, mientras que la mía sería para inversores que quieren estar en bolsa pero con una volatilidad controlada en sus carteras.

Y esto ocurre, en parte, porque mi cartera está mucho más diversificada, mientras que la de Hispania está centrada en pocos valores.

En fin, si alguien tiene algo que añadir sobre el ratio sharpe o tenéis alguna pregunta, sería buena que lo compartiéseis para así aclarar este concepto. ¿Verdad?

Una de los daños colaterales de la crisis financieras está siendo el concepto de la diversificación. La teoría dice que debes tener tus inversiones diversificadas entre distintos activos para reducir el riesgo. Sin embargo, muchos inversores se dieron cuenta el año pasado de que prácticamente todos los mercados se hundieron a la vez, y en las bolsas, todos los sectores y todos los valores, casi nada se salvó.

Por eso, tiene lógica que muchos actores del mercado, desde inversores a asesores financieros, se estén replanteando este concepto. Lo que la ciencia dice es que una buena diversificación ayuda a mejorar la relación rentabilidad-riesgo, pero no te evita sufrir pérdidas. Pero me gustaría considerar con vosotros varios puntos sobre el tema:

1. ¿Diversificar es tener un Arca de Noé?
Dice Warren Buffett, mejor inversión del mundo, que empiezas diversificando con dos animales de cada especie y acabas teniendo un Arca de Noé. Esa no es la idea, diversificar por diversificar no tiene sentido. Según algunos estudios, como la Teoría Moderna de Carteras, de Harry Markowitz, a partir de las 20 acciones deja de reducirse el riesgo global de la cartera.

2. Diversificar sí, ¿pero qué?
¿Cómo diversificar? Lo lógico es pensar que entre distintas clases de activos, como renta variable, renta fija, materias primas, gestión alternativa… Pero empieza a haber gente que habla de la necesidad de diversificar también entre entidades financieras o asesores financieros. Por lo menos, contar con una segunda opinión.

3. ¿Diversificamos todos igual?
¿Existe la diversificación personalizada? La lógica dice que la diversificación no puede ser la misma para un inversor que está próximo a la jubilación, que para otro que acaba de empezar a trabajar y esta invirtiendo sus primeros ahorros.

4. ¿Cómo medir la diversificación de mi cartera si tengo fondos?
A veces, si no llevas un control global de tus inversiones, es muy difícil saber cómo estás diversificando si inviertes en fondos. Por ejemplo, si tienes un fondo sobre acciones europeas y otro sobre acciones españolas, en realidad estás invirtiendo dos veces en algunos valores españoles y haciendo lo contrario a diversificar. En este sentido, creo necesario saber muy bien dónde invierte el fondo o, si no es posible, tener un asesor que sí disponga de esa información.

5. ¿Quién tiene capacidad para medir cómo de diversificada está la cartera?
No resulta nada sencillo saber si la diversificación que tienes optimiza la relación rentabilidad-riesgo de tu cartear. ¿Cómo puedo hacerlo?  Un camino es un buen asesor financiero, que conozca bien tu perfil y la composición de tu cartera, que te haga un análisis de las correlaciones entre tus distintos activos y te sugiera como mejorarla. Lo veo aquí como cuando quieres hacer dieta. Si vas a un nutricionista, te ayudará mucho más a conocer mejor tu cuerpo y saber cómo deberías alimentarte en función de tus necesidades. Aunque eso no quiere decir que no seas capaz de adelgazar por tu cuenta.

En fin, me gustaría conocer vuestra opinión sobre algunas de estas preguntas que he lanzado más arriba. Y, de paso, si os animáis, cuentanos si diversificas y cómo lo haces.

Antes de empezar a leer este post, imagínate que tienes un angelito a la derecha y un pequeño demonio a la izquierda. Te va a hacer falta, porque para tratar de comprender lo que viene a continuación hace falta tener claro que todo se puede ver de manera positiva o negativa, que un mismo dato se puede ver con esperanza o con pesimismo, como casi todo en la vida.

Esta mañama me he encontrado vía Seeking Alpha un dato interesante. Resulta que la venta de videojuegos está como un cohete en Estados Unidos. En febrero, se vendieron 2,2 millones de consolas, muy por encima de lo esperado, pese a no ser un mes especial para el consumo, ni tener fechas simbólicas de regalos, como ocurría en noviembre, diciembre y enero. Esta línea confirma la tendencia de 2008, cuando en el mundo la venta de videojuegos aumentó un 11% respecto al año anterior. ¿Un buen dato? Depende.

Si prestas atención al angelito que tienes a tu derecha te dirá que sí, que no debe estar tan mal el consumidor americano cuando se gasta 1.470 millones dólares en consolas y videojuegos en un sólo mes; que siendo un consumo totalmente prescindible, se han gastado casi 700.000 dólares en nuevos videojuegos y que esto indica que hay dinero en muchos bolsillos, que está dispuesto a pagar por aquello que realmente le entretiene.

“Pero oye, oye”, te estará gritando ahora mismo el pequeño demonio a tu oreja izquierda. “¿No será que la gente se compra la consola para quedarse en casa y no salir a gastarse dinero en restaurantes, cine, parques temáticos y demás? ¿No será una señal más de la recesión en la que estamos inmersos?” Bueno, echemos un vistazo a lo que más se vende para sacar conclusiones.

La consola más vendida en febrero ha vuelto a ser la Wii de Nintendo, con 753.000 unidades en un sólo mes (como si todos los habitantes de Valencia se la hubieran comprado, vamos). “El hecho de que la mayoría de juegos de la Wii sean para toda la familia parece apuntar en esa línea de que se va a pasar más tiempo en casa y por lo tanto se va a reducir el consumo” (no te lo digo yo, sino tu demonio de la izquierda, recuerda). Varios de los juegos más vendidos son para jugar en familia, como el Wii Play o el Wii Mario Kart. Este vídeo muestra que a los niños de EEUU no les importa quedarse en casa con tal de tenerla.

Y, como complemento, el videojuego más vendido de todos es el Wii Fit, ese que te ayuda a ponerte en forma. “Lo que quiere decir que mucha gente está dejando de ir al gimnasio, donde un sólo mes de cuota cuesta como tener el juego Wii Fit para toda la vida”. Esta tesis del pequeño demonio no la he podido confirmar porque no he encontrado estadísticas de gimnasios en EEUU, pero los seguiré buscando. Más allá del mundo wii, los videojuegos más vendidos son los de Street Fighter, también muy adecuados para contener en casa a los hijos de una cierta edad y evitar gastar dinero saliendo por la ciudad.

¿Quién tiene más razón: el angelillo o el demonio? Hay una última estadística que favorece un poco más las visiones de este último: a pesar de que las ventas estaban subiendo, los comercios han bajado los precios de los videojuegos. Por eso la cifra de aumento de facturación es menor a la del aumento de unidades vendidas. O sea, que los comercios aprovechan los productos de más exito para hacer rebajas y por lo menos ingresar por esta vía. Claro, eso tiene como víctima la rentabilidad y los márgenes de beneficios.

En cualquier caso, si todo el mundo se compra consolas y videojuegos, parece claro que ésta no será otra “gran depresión”, por lo menos la gente se divertirá en casa. ¿No?

Uno de los artículos estrella en la prensa especializada durante las fases bajistas es aquel que cuestiona las virtudes de la bolsa a largo plazo. El último ejemplo lo tenemos hoy en El Confidencial, pero yo recuerdo haberlo leído en otros medios de información financiera en las últimas semanas. Seamos francos, “desmontar mitos” es algo que nos encanta a los periodistas.

Precisamente por eso me ha llamado poderosamente la atención este artículo que he visto en la edición online del semanario estadounidense Barron’s. El titular es contundente: “Caso cerrado: las acciones funcionan” y el texto empieza citando, por errónea, una famosa portada del Business Week del 13 de agosto de 1979, que proclamaba a los cuatro vientos “La muerte de las acciones”, un hecho que trataré más a fondo en otro post.

El artículo de Barron’s se basa en los estudios realizados por el profesor Jeremy Siegel, autor del exitoso libro “Stocks for the long run”, que ahora va por la cuarta edición. Siegel mide cada periodo de 5, 10, 20 y 30 años desde 1871 hasta ahora, y lo hace para cada uno de los años transcurridos desde entonces E incluso tiene en cuenta las compañías que desaparecen, según se indica en el artículo. Para el cálculo de la rentabilidad tiene en cuenta los dividendos, que suma a la subida o caída de las acciones, y la cifra resultante la ajusta por inflación.

Pues bien, la rentabilidad media de las bolsas en estos plazos, ya descontada la inflación, ha sido del 6,97 por ciento en periodos de cinco años; del 6,84 por ciento en los de 10; del 6,85 por ciento en los de 20 y del 6,23 por ciento en los de 30. Esto no quiere que nunca haya habido periodos en los que estas rentabilidades hayan sido negativas. Bueno, mejor dicho, nunca los ha habido a 20 y 30 años, pero sí a 5 y 10 años, como sucede ahora. En concreto, entre el 20 por ciento de las veces en las fases de 5 años; y el 10 por ciento en las de diez años. ¿Pero cuando se dieron estos casos que ocurrió después? Aquí viene lo bueno.

Tras los malos periodos de cinco y diez años, las bolsas de EEUU han tenido comportamientos mucho mejores que la media de periodos, con ganancias más cercanas al 10 por ciento. Y en el caso de la decena de años, de hecho, nunca después de un periodo bajista, se dio otro del mismo signo. Algo que, como podrán adivinar, sí ha sucedido en las fases de cinco años, si bien sólo ocurrió en 5 de los 31 casos estudiados.

En fin, si no tienen problemas con el inglés les recomiendo encarecidamente la visita al artículo de Barron’s que les he citado arriba, por lo menos para contrastar otros artículos desmontando el mito. El único “pero”, en uno y otro caso, radica en que siempre estamos hablando de rentabilidades pasadas. Y nunca sabremos si el futuro será como el pasado o si esta vez será diferente (y al menos una vez lo será).

Todos los años Inverco, la asociación de los fondos de inversión y los planes de pensiones, organiza una comida a principios de febrero con periodistas para hacer balance del año pasado y previsiones del presente. Este año ha sido el primero que entre los presentes había un blogger, el que escribe, aunque no sé si por convencimiento o porque todavía seguía en la base de datos de prensa de Inverco.

En fin, al grano. El centro de la conversación giró en torno a los planes de pensiones, ya que de los fondos había poco que hablar: el año ha sido tan negativo en salidas de dinero, el peor de la historia, que ya estaba todo dicho. Y centrándonos en pensiones, en Inverco se mostraron contentos por el hecho de que en 2008 aumentaron las aportaciones netas a planes de pensiones. Es decir, entró más dinero del que retiraron quienes se van jubilando.

Eso sí, el flujo positivo cada vez es menor, pero el discurso oficial de la asociación es de satisfacción, de que bien han ido las cosas ante el mal momento que atraviesa todo. Y me sorprende porque todos sabemos que si esto sigue ocurriendo es porque muchos españoles tienen la costumbre de hacerlo para desgravar impuestos y no por la calidad de los productos.

Hay un tema inquietante en los datos cada año. Los ciudadanos retiran su dinero de los planes de pensiones en cuanto se jubilan. Y cada vez más. ¿Los motivos? Aquí está la discusión. Para mí, está claro: por las flojas rentabilidades. A diez años, con datos a cierre de diciembre, los planes de pensiones sólo ganaban un 0,6% de media anual. A cinco años, un 1,14%. A tres años pierden un 0,82% y a un año, la caída supera el 6%. Sólo a 15 años se acerca al 4% y a 18, al 6%.

En fin, yo en el turno de preguntas me centré en esto que os cuento. Para mi éste es realmente el motivo. Pero desde la asociación consideran que no, que se debe a un tema cultural entre los ahorradores, y a los pocos ingresos que se han hecho antes de la jubilación. Y ahora confían en que haya mejoras en la liquidez de los planes y, de paso, una mejor fiscalidad, para fomentar este producto. Me gustaría saber qué opináis.

Y, sobre todo, que entre todos respondamos esta pregunta: ¿Alguien estructura sus inversiones en planes de pensiones como resultado de una planificación financiera con vista a la jubilación o sólo se hace pensando en tener que pagarle un poco menos a Hacienda en la declaración del año siguiente?

Imagina que pasas por delante de un edificio en demolición y te encuentras con un comercial que te ofrece la posibilidad de comprar a buen precio el solar que va a quedar para hacer un gran centro comercial. ¿Cuál sería tu respuesta? Valorarías si el precio es adecuado, si el negocio que montarías allí te generaría suficientes beneficios, los socios que tendrías que buscar… Pero no creo que dijeras: “De eso nada, cómo le voy a comprar nada… ¡si este edificio está en plena demolición!”.

¿Por qué con las bolsas mucha gente si piensa así? Los mercados llevan desplomándose 18 meses y muchos ahorradores piensan que hasta no dejen de caer cascotes no habrá nada que hacer. En los días de rebotes que tienen lugar ahora es habitual en foros y chats la siguiente pregunta: “¿Qué está pasando si la cifra del paro ha sido la peor en nosecuantosmil años?”.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma visión. Hay quienes ven en este derrumbe una oportunidad para construir unos sólidos cimientos de rentabilidad futura. Éstos no miran tanto si las acciones pueden caer un 10% o un 20% adicional, sino que se fijan en si el precio es adecuado para el valor que ellos dan al negocio, los socios y gestores que tienen estas compañías, los flujos de caja que pueden generar…

Ellos empiezan a comprar cuando todos los demás no quieren acercarse a menos de un kilómetro del edificio en demolición. Y, por eso, los suelos se suelen formar mientras siguen apareciendo noticias lamentables, no cuando los cimientos de la recuperación económica ya están plantados.

Quién sabe si estamos cerca del suelo, no tengo ni idea, pero sí sé que el día que los mercados empiecen a remontar parecerá el peor de los días. Como hace cinco años y medio, cuando no sabíamos hacia dónde se dirigía el mundo tras la famosa foto de los Azores, que suponía el inicio figurado de la Guerra de Irak.

A veces, dos palabras muy parecidas tienen significados radicalmente opuestos. En ingles, hedge significa cobertura, y edge, límite, borde, extremo (también puede ser ventaja, pero no aplica en este caso). Y hay un tipo de fondos de inversión que se conocen como hedge (por cierto, el primero lo creó un periodista llamado Alfred Jones) precisamente porque su intención era desarrollar una estrategia que no cayera cuando las bolsas lo hacían, una solución que cubriera la cartera.

Sin embargo, con el paso del tiempo a muchos hedge se les ha ido cayendo la hache inicial. Los años de fuertes ganancias de los mercados llevaron a muchos gestores de este tipo de fondos a adoptar estrategias más arriesgadas, aunque en realidad no lo parecían. Sí, efectivamente la volatilidad de los movimientos de sus fondos no era muy elevada, y parecían estar consiguiendo altas rentabilidades con poco riesgo.

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? En este libro se utiliza edge con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de "al límite"

¿"Maximo beneficio con el minimo riesgo"? (En este libro se utiliza la palabra 'edge' con el sentido de ventaja, pero yo me refiero al sentido de 'al límite'). A más rentabilidad siempre hay mayor riesgo; si no ves donde está ese riesgo es porque, en mi opinión, no has entendido bien el producto y no es para tí.

Pero es que el verdadero riesgo de estos productos no estaba ahí, sino escondido en una de las palabras más repetidas en los últimos meses: el apalancamiento. Las estrategias de muchos de estos productos se basan en aprovechar pequeñas ineficiencias de mercado. Como por cada operación, la ganancia es baja, la idea era conseguir mucho crédito para aumentar exponencialmente la ganancia. ¿Y de dónde salía ese dinero?

Efectivamente, de la banca de inversión, de los Lehman Brothers, Bear Stearns, Morgan Stanley, Goldman Sachs y cada vez más en bancos comerciales que no querían perderse el festín. Ahora, sin embargo, estas entidades han cerrado el grifo y piden más garantías para poder mantenerles el crédito. ¿Pero de dónde sale el dinero para poner garantías? No lo hay. Así que, sólo queda vender los activos en cartera para deshacer el endeudamiento. Y claro, se ven obligados a malvender.

Eso les obliga a registrar pérdidas abultadas en sus fondos, que por lo tanto irritan y asustan a sus inversores, que justo les habían confiado su dinero pensando en que estos fondos less cubrirían en un escenario negativo de mercado. Ante el disgusto, los ahorradores piden retirar su dinero, lo que se traduce en que los gestores tienen que salir a vender otra vez al mercado. Pero el desastre no acaba ahí.

Al vender activos de cartera y materializar más perdidas, los recursos propios del fondo sobre su deuda caen, con lo que los bancos les piden todavía más garantías. Y ya saben lo que pasa entonces: tienen que salir otra vez a vender para hacer frente a los llamados ‘margin calls’, con lo que provocan más perdidas que asustan a más inversores y les obligan a malvender otra vez, en una peligrosa espiral que se repite hasta la liquidación del fondo en muchos casos. En muchos casos, la única solución es congelar temporalmente los reembolsos, como ha hecho esta semana GLG con dos fondos.

Los resultados de octubre de la mayoría de muchos hedge van a ser dramáticos, peores incluso que los de las bolsas. El índice HFRX Global Hedge Fund Index ha caído más de un 9% en octubre y pierde casi un 20 por ciento en el año. Y hay que tener en cuenta que los índices sólo recogen a los fondos vivos, los que van muriendo salen de estos indicadores.

Cada vez se oyen más voces que advierten de que este proceso de desapalancamiento (que provocará una selección natural que dejará vivos sólo a los más fuertes, entre ellos algunos españoles que lo están haciendo muy bien y están muy poco apalancados), será la tercera oleada de la crisis para los mercados. Y el mensaje tiene lógica: hay muchos que se van a ver obligados a vender a cualquier precio. Eso podría provocar ventas forzadas en muchas compañias de calidad que pondrá nerviosos a muchos inversores, pero dejaría oportunidades de inversión inimaginables para el inversor de largo plazo.

El Gobierno acaba de anunciar que los ahorradores tendrán garantizados hasta 100.000 euros en sus depósitos en caso de quiebra de la entidad financiera. Seguro que las asociaciones de consumidores lo celebran y también muchas otras voces y medios de comunicación, los mismos que hasta hace poco criticaban que se ayude a las entidades financieras en problemas por haber asumido demasiado riesgo. Menuda contradicción. ¿Por qué?

Esta medidas crean otra burbuja mucho más peligrosa que atenta directamente contra la cultura financiera: “Usted invierta en el depósito que más intereses le ofrezca, que si a su banco o caja quiebra o le ocurre algo por financiarse tan caro, su dinero estará a salvo”. Nadie se para a pensar que si este banco o caja tenía que financiarse tan caro era precisamente porque en los últimos años no había hecho bien los deberes, concediendo por ejemplo abultados y ahora fallidos créditos a promotores.

Hay muchas más preguntas por responder: ¿Se va a aumentar el fondo de garantía de las inversiones o se queda todo en un brindis al sol? Si se aumenta, ¿quien va a poner el dinero? ¿el Estado? ¿Pero por qué tengo yo que pagar con mis impuestos las inversiones que otros ahorradores han venido haciendo en el depósito que más interés daba sin pensar en el riesgo de su entidad? ¿Por qué tiene que pagar el ciudadano que había sido cauto la poca precaución de su vecino?

¿Lo pagarán los bancos y las cajas? No creo que estén como para hacer muchas provisiones… Y si lo hacen no creo que pongan dinero las que estén peor, sino las más saneadas… ¿Pero por qué deben pagar los accionistas de las entidades más saneadas las malas decisiones de las peores? En descargo del Gobierno hay que decir que no tenía muchas más opciones, después de anunciarse medidas similares en Alemania e Irlanda, ya que entonces el dinero podría volar hacia los depósitos de estos países. Esperemos que sea sólo un brindis al sol para intentar transmitir confianza.

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