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¿Inflación o deflación? El gestor de inversiones que más millonario y famoso se ha hecho con esta crisis, John Paulson, parece no tener dudas: inflación. Al menos, eso es lo que muestra con sus hechos. En las últimas semanas, el hombre que no sólo predijo la crisis de las hipotecas basura, sino que además invirtió su dinero para aprovecharla, ha estado comprando ingentes cantidades de oro.

De acuerdo con sus últimas notificaciones a los reguladores, Paulson se ha convertido en el mayor inversor particular del SPDR Trust Gold, un fondo que invierte en onzas de oro, con una posición valorada en casi 3.000 millones de dólares, mientras que tiene posiciones superiores a 500 millones de dólares en Market Vectors Gold Miners, un ETF que replica el comportamiento de un índice basado en compañías relacionadas con el oro. Además, tiene acciones de otras mineras como Goldfield o Kinross.

Paulson no está sólo en su convicción alcista sobre el metal dorado. De hecho, como recuerda este comentarista en The Guardian, se trata del tercer miembro de una trinidad muy especial, ya que Rusia y China han estado tomando posiciones también recientemente.

¿Significa esto que el oro sólo puede subir? No del todo. En las últimas semanas sí lo ha hecho, mientras estas gigantescas fuerzas de los mercados han estado tomando posiciones. Desde que se conoció la noticia, el precio de la onza ha vivido una fuerte subida y ha vuelto a acercarse a los 1.000 dólares, que podría poner pronto a prueba y que hasta ahora se han resistido.

Ahora bien, conviene tener en cuenta que el verano suele ser un periodo difícil para el oro por motivos fundamentales: la bajada de la demanda por joyerías, entre otras. Y el escenario de inflación está ahí, pero sigue habiendo voces que recuerdan que no se puede descartar un periodo de deflación como le ocurrió a Japón.

En Unience, la red social de inversores, el oro es uno de los temas más tratados recientemente en los blogs personales de los usuarios. Fernando Luque recordaba recientemente su utlidad para diversificar la cartera, dada su correlación negativa con las acciones. Lo hacía en este grupo creado justo para eso, para intentar aprender y saber más sobre cómo tener una buena diversificación en las carteras.

Con la política hemos topado. A sólo seis semanas de las elecciones, tanto los demócratas como los republicanos quieren ganar votos a costa de hacer objeciones, más o menos electoralistas, al plan de rescate diseñado por el Tesoro y la Fed la semana pasada.

Trae más rédito electoral criticar a Wall Street por sus miserias que al estadounidense medio que se compró una casa, además de otras muchas posesiones, con créditos imposibles que ahora no puede pagar. Y digo yo, ¿no fueron también errores privados los de aquellos que apalancaron a lo bestia su economía familiar sin medir los riesgos de una caída de precios y una subida de tipos? ¿Qué diferencia hay entre quienes especularon con la vivienda a través de productos estructurados derivados y quienes lo hicieron comprando una casa directamente?

Al leer las crónicas que van llegando de las comparecencias de Bernanke, Paulson, y Dodd (el presidente de la Sec), uno se queda con la sensación de que el plan de rescate se está quedando atrapado en un barrizal. Y que en el Congreso los partidos están pensando más en ganar las elecciones que en restaurar la economía. ¡Claro que las medidas propuestas son impopulares e incluso injustas¡ pero parecen ser la única alternativa, a juzgar por el ruego casi desesperado de actuación urgente que ha recitado hoy Bernanke ante la Cámara de Representantes.

Más interesantes y menos electoralistas me parecen las críticas que se están viendo en blogs como 24/7, valorando la fórmula en que la Fed comprará la deuda tóxica. Según ha dicho Bernanke la idea es quedársela hasta vencimiento, lo que eliminaría la opción de que el Tesoro (y por tanto los contribuyentes) pudieran acabar ganando con esta operación si los mercados se recuperan).

En mi opinión, en cuanto los mercados vuelvan a enfurecerse, el plan tardará apenas unos días en aprobarse, pero mientras tanto el ruido electoral seguirá dejando sordos a los mercados.