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El oro ha dado un paso al frente esta mañana y ha superado con fuerza la barrera de los 1.000 dólares por onza, en la que hasta ahora se había frenado. En concreto, a la hora en la que escribo este post, subé más de un 1 por ciento y marca nuevo máximo anual en 1005 dólares. La pujanza de la materia prima se puede atribuir a varios factores. Elija el que más le guste:

Gráfico tomado de Yahoo Finance

Gráfico tomado de Yahoo Finance

- Posibles tensiones inflacionistas. Si realmente la recuperación está en marcha, a los bancos centrales les resultará muy complicado drenar a tiempo la liquidez del sistema para evitar la formación de otra gran burbuja. En ese caso, podrían verse obligados a subir con fuerza los tipos de interés.

- Búsqueda de refugio. En la mente de muchos inversores, el oro sigue siendo el activo refugio por excelencia. Es posible que tras las fuertes subidas de la bolsa, haya quien esté preocupado por un posible batacazo; o quizá quien no descarte otra oleada de quiebras bancarias. Esta teoría, sin embargo, no cuadra demasiado con la tendencia del otro valor refugio por excelencia, en dólar, muy débil últimamente.

- Crecimiento asiático. Aunque en el mundo occidental uno aparentemente ve poco oro por las calles, en el mundo asiático sí resulta habitual,  como sabrá quien haya paseado alguna vez por los mercadillos de cualquier ciudad importante de la región. Y, por ejemplo, la mayoría de imágenes de Buda se recubren de pan de oro.

- Diversificación. Con la renta fija y los fondos de dinero prácticamente sin dar rentabilidad, y tras la fuerte recuperación del mercado de acciones, muchos inversores han decidido destinar parte de su cartera a este metal precioso que se tiene por seguro (algo muy discutible en todo caso) y, sobre todo, por elemento para diversificar. De todos los activos suele ser uno de los que tiene menos correlación con otros.

Ahora, como cada vez que un activo supera un número redondo tan claro como éste, llegará la discusión de si le queda recorrido por delante o no. Algo que lógicamente resulta imposible de conocer, pero que dependerá de lo que cada uno considere que puede influir más en el metal precioso durante los próximos meses.

Del oro se ha escrito bastante en los blogs personales de los usuarios de Unience. He aquí una muestra:
- Gold, por Juan800
- El oro como indicador adelantado de recesión, por Fernando Luque

Es lógico que a las bolsas les asuste la deflación, como se conoce a la caída continuada de los precios… los veteranos del mercado nos hablan muy mal de este monstruo y la mayoría de los que estamos en los mercados nunca le hemos visto la cara. En concreto, quienes tenemos menos de 50 año nunca hemos convivido con ella (en Estados Unidos), según revela este gráfico visto en dshort.com.

Lo cierto es que el gráfico demuestra los efectos positivos de la política monetaria durante los últimos cincuenta años. Salvo en el periodo de estanflación (subida de precios sin crecimiento económico) de los años setenta, los precios han estado tremendamente estables en Estados Unidos. Sobre todo, mirando esta cifra en comparación con el medio siglo anterior, en el que los picos de subidas y bajadas de precios eran alucinantes.

¿Volvemos a tener deflación medio siglo después? Eso parece, aunque falta por ver el efecto que definitivamente tiene China, la gran esperanza de la economía mundial para reflotar el consumo. Así está pasando, por ejemplo, con el petróleo, donde el repunte de la demanda en los últimos meses ha sido la fuerza que ha tirado de la recuperación del barril.

Las portadas del semanario Barron’s siempre son muy respetadas y comentadas en Estados Unidos por los certeros que suelen ser sus análisis. Por ejemplo, y aunque quizá fuera sólo casualidad, su portada de mediados de marzo en la que decía que el suelo de las bolsas estaba próximo, casi coincidió con el inicio del rally que hemos visto desde mínimos en las acciones.

Como en el videojuego Pang, al final siempre te aplasta alguna burbuja

Como en el videojuego Pang, al final en los mercados siempre te puede aplastar alguna burbuja

Pues bien, atención al último número de la publicación financiera: se asegura allí que los descensos de los precios en bonos del Tesoro no ha hecho más que empezar. Una visión en la línea de la que en su momento mostró Warren Buffett (pág 15), quien dijo que la burbuja que se ha producido en el precio de los bonos gubernamentales sólo es comparable a la de la euforia tecnológica del año 2000 y la inmobiliaria de los últimos años.

Esta visión parte de la base de que la economía se está estabilizando en su desplome. Y que, como consecuencia, el miedo irracional a tomar cualquier tipo de riesgo se está evaporando poco a poco. Tener en cartera bonos que dan cerca de un cero por ciento está muy bien si piensas que el allí donde pongas ese dinero tienes riesgo de perderlo.

Hasta cierto punto la reacción hiperconservadora de los inversores y su deseo de mantenerla hasta que pase el temporal ha sido instintiva. El miedo paraliza al hombre, y le lleva a guardar todas sus pertencias en el lugar más seguro. Si, además, tenemos en cuenta la debilidad humana para predecir el futuro y la tendencia a extrapolar el presente, la ensalada sabe a muy agria para el horizonte de los bonos del Tesoro.

Lo curioso, y lo triste, es que muchos de los inversores que van a sufrir el pinchazo de los bonos movieron su dinero allí tras perder mucho dinero con el desastre de la renta variable en los últimos dos años. En España, incluso ha habido alguna comisión de control de algún gran plan de pensiones que ha forzado a los gestores de su plan a adoptar esta estrategia en los últimos meses. Se llevaron las pérdidas de la burbuja de las acciones y los derivados de crédito, y ahora podrían sufrir también la de los bonos. Cuando reaccionen, ¿se llevarán el siguiente pinchazo también?

Aprovechando que es viernes, y que además para todos los que trabajan en Madrid es festivo por San Isidro, vamos a darnos un motivo para el relax y para esbozar una sonrisa ante la pantalla. Me he encontrado con este video de dos “freaks” en toda regla del country y la economía.

El título de la cancíon es “¿Inflation or deflation?” y recoge con mucho humor la disyuntiva ante el que nos encontramos: si se nos viene encima un periodo de caída de precios generalizada, conocida como deflación,  o si por el contrario, la máquina de imprimir billetes que están poniendo en marcha EEUU, UK y Europa creará un periodo de altísima inflación.

Me encanta el estribillo: “¿Inflación o deflación? ¿Nos convertiremos en Zimbabwe o en Japón?”

En fin, yo creo la deflación es lo más temido por los banqueros centrales occidentales por lo mucho que recuerda a Japón, y que le mantiene sumergido en la recesión más prolongada desde la de EEUU en 1929. La inflación alta tampoco es un buen compañero de viaje, pero al menos los bancos occidentales ya tienen experiencia luchando contra este enemigo.

Uno de los artículos estrella en la prensa especializada durante las fases bajistas es aquel que cuestiona las virtudes de la bolsa a largo plazo. El último ejemplo lo tenemos hoy en El Confidencial, pero yo recuerdo haberlo leído en otros medios de información financiera en las últimas semanas. Seamos francos, “desmontar mitos” es algo que nos encanta a los periodistas.

Precisamente por eso me ha llamado poderosamente la atención este artículo que he visto en la edición online del semanario estadounidense Barron’s. El titular es contundente: “Caso cerrado: las acciones funcionan” y el texto empieza citando, por errónea, una famosa portada del Business Week del 13 de agosto de 1979, que proclamaba a los cuatro vientos “La muerte de las acciones”, un hecho que trataré más a fondo en otro post.

El artículo de Barron’s se basa en los estudios realizados por el profesor Jeremy Siegel, autor del exitoso libro “Stocks for the long run”, que ahora va por la cuarta edición. Siegel mide cada periodo de 5, 10, 20 y 30 años desde 1871 hasta ahora, y lo hace para cada uno de los años transcurridos desde entonces E incluso tiene en cuenta las compañías que desaparecen, según se indica en el artículo. Para el cálculo de la rentabilidad tiene en cuenta los dividendos, que suma a la subida o caída de las acciones, y la cifra resultante la ajusta por inflación.

Pues bien, la rentabilidad media de las bolsas en estos plazos, ya descontada la inflación, ha sido del 6,97 por ciento en periodos de cinco años; del 6,84 por ciento en los de 10; del 6,85 por ciento en los de 20 y del 6,23 por ciento en los de 30. Esto no quiere que nunca haya habido periodos en los que estas rentabilidades hayan sido negativas. Bueno, mejor dicho, nunca los ha habido a 20 y 30 años, pero sí a 5 y 10 años, como sucede ahora. En concreto, entre el 20 por ciento de las veces en las fases de 5 años; y el 10 por ciento en las de diez años. ¿Pero cuando se dieron estos casos que ocurrió después? Aquí viene lo bueno.

Tras los malos periodos de cinco y diez años, las bolsas de EEUU han tenido comportamientos mucho mejores que la media de periodos, con ganancias más cercanas al 10 por ciento. Y en el caso de la decena de años, de hecho, nunca después de un periodo bajista, se dio otro del mismo signo. Algo que, como podrán adivinar, sí ha sucedido en las fases de cinco años, si bien sólo ocurrió en 5 de los 31 casos estudiados.

En fin, si no tienen problemas con el inglés les recomiendo encarecidamente la visita al artículo de Barron’s que les he citado arriba, por lo menos para contrastar otros artículos desmontando el mito. El único “pero”, en uno y otro caso, radica en que siempre estamos hablando de rentabilidades pasadas. Y nunca sabremos si el futuro será como el pasado o si esta vez será diferente (y al menos una vez lo será).