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Interesante la sentencia que se conoció ayer por la que Altae, el banco privado de Caja Madrid, tendrá que indemnizar a los clientes a los que había vendido bonos estructurados por Lehman Brothers. Y digo interesante no sólo por el precedente que sienta, sino por algunas de las frases, cargadas de sentido común, que deja la sentencia.

Banif se llevó los titulares y las fotos, pero hay otras muchas entidades con clientes molestos, entre ellas la ahora penalizada Altae

Banif se llevó los titulares y las fotos, pero hay otras muchas entidades con clientes molestos, entre ellas la ahora penalizada Altae

Según leo en Gurusblog, que a su vez cita a Invertia, en la sentencia “se considera que la entidad no cumplió “de forma diligente con la obligación de asesoramiento e información” que impone la (MIFID), y no suministró la “información concreta y necesaria” que requerían los clientes para decidir si vendían sus bonos de Lehman cuando plantearon esa opción, el 12 de septiembre de 2008, tres días antes de la quiebra de la entidad estadounidense, con lo que se les privó de esa posibilidad”.

A mi lo que más me gusta es que la jueza O’Connor, dice que “la protección no puede limitarse como pretende la demandada al momento de adquisición de los bonos sino que se prolonga a lo largo de toda la vida del contrato de asesoramiento financiero”. A priori parece una decisión absolutamente de cajón, pero resulta tan complicado escucharla que cuando llega conviene destacarla.

En el caso de los bonos estructurados por Lehman, en la mayoría de entidades que colocaron estos productos no había información suficiente y precisa ni en el momento de compra ni a lo largo de la vida del producto. La mayoría de inversores se enteraron de que estaban invirtiendo en la entidad estadounidense cuando el banco de inversión quebró.

La decisión de la jueza contra Altae abre una nueva puerta para todos los inversores y asociaciones que se quejan desde hace más de un año de haber invertido en un producto cuyos riesgos no le habían explicado bien. Ahora bien, hay que tener en cuenta un matiz de la sentencia contra Altae: la sentencia es por no darles la información suficiente para vender los bonos cuando estos querían, no tanto por el hecho de haberles colocado estos productos con poca información.

Como me temía, ayer hubo una participación muy reducida en la concentración que una plataforma de inversores atrapados en bonos estructurados emitidos por Lehman Brothers realizó ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Según cuenta Tomas Monge en elEconomista, la cifra estuvo entre 20 y 25 afectados. Y en Barcelona incluso se suspendió la convocatoria.



La realidad es que la movilización ha sido muy escasa, sobre todo comparada con las movilizaciones de 400 ciudadanos que el domingo pasado (por segunda ocasión) se manifestaron de similar manera en Hong Kong. Además, según leo en la web de esta plataforma, hubo un problema de organización y algunos inversores se habían ido a un lugar distinto por error. Los que estuvieron en la CNMV entregaron allí 150 firmas.

El resultado de esta convocatoria resulta decepcionante. ¿Las causas? Hay que tener en cuenta que muchos de los inversores en estos productos tienen altos patrimonios y no quieren que se les vea al frente de una manifestación. Llevan sus reclamaciones por otros cauces más confidenciales, y con abogados ya contratados, como los que parecen estar siguiendo desde esta asociación. Además, desde el punto de vista de organización, no ayudaba que el encuentro fuera un día laborable a media mañana.

Desde el punto de vista del ciberactivismo financiero creo que se pueden sacar varias conclusiones.

a) La web 2.0 demuestra ser una herramienta muy válida para crear redes de usuarios que se sienten perjudicados por una misma causa.

b) La espontaneidad que impregna este tipo de iniciativas tiene un alto valor, ya que le dota de autenticidad a las asociaciones.

c) La espontaneidad también tiene su lado negativo: puede provocar errores como no informar con claridad de las acciones a emprender, o de los lugares de concentración, o proponer actuaciones en fechas y horas en las que la mayoría de afectados no puede participar

d) El ciberactivismo financiero es capaz de saltar a los medios, a pesar de contar con pocos miembros activos y que den la cara. Gracias al poder de dispersión del mensaje de Internet, los afectados han aparecido (que yo sepa) en periódicos financieros, en diarios gratuitos, en informativos televisivos…

e) Las entidades financieras se enfrentan a una nueva realidad: han perdido el control de la información. Saben que lo que se dice de ellas en la red es importante, pero no saben cómo actuar.

En fin, estas son mis conclusiones. Estaré encantado de leer y comentar las vuestras.

De todos los temas relacionados con la crisis, el de los inversores atrapados en bonos estructurados por Lehman Brothers y su propagación por la red me sigue pareciendo uno de los más importantes. Vale, sé que no tiene el glamour de las discusiones sobre el intervencionismo o el cambio de modelo en Wall Street, pero está mostrando el inicio de un cambio drástico en las relaciones entre cliente y entidad a través de la web 2.0, como también parece esperar David de Ugarte. Y esto sí afecta directamente a nuestra vida cotidiana.

Me llama la atención, por ejemplo, la mala reputación que se está generando en Internet sobre Banif, una de las mejores marcas en banca privada hasta la fecha. Tanto es así, que ya hay quien aprovecha las numerosas quejas de ahorradores para buscar negocio poner publicidad junto al nombre de la entidad y atraer gente hacia una plataforma: si probáis a poner “Banif” en Google, junto al link a la página del banco, aparece esta publicidad de una firma de abogados este enlace patrocinado: “¿Perjudicado por Lehman? Si te vendieron una cosa por lo que no era y no te resignas, infórmate. afectados-lehman.lexblah.com”

Resultado al buscar Banif en Google

Mi gran duda sigue siendo cómo reaccionarán las entidades a esta nueva realidad, la de usuarios que le cuentan sus quejas e indignación al mundo entero. Para buscar una respuesta concreta, me he puesto en contacto con Banif. Según su responsable de comunicación: “Hemos cumplido escrupulosamente la normativa CNMV”, me ha dicho, añadiéndo que la entidad “se dedica a velar por los intereses del cliente”. “Ya -le he respondido-, pero esta versión oficial no convence a los clientes que están quejándose en Internet. ¿Cómo pensais abordar esta situación?”.

Las respuestas me han dejado una clara impresión (personal, por supuesto): les preocupa el caldo de cultivo y el boca a boca negativo que se está creando en los blogs y en los foros en torno a Banif, pero no saben cómo responder. Muy en la línea del interesante artículo que publicó Expansión el viernes en su suplemento Digitech: “La opinión de los internautas tiene colgadas a las empresas”.

Y en este caso, además, ya no es sólo la opinión, sino la acción, ya que los ahorradores afectados están incluso pensando en manifestarse ante la sede de Banif. Veremos si son capaces de movilizarse con contundencia, cosa que personalmente veo complicada y que, de momento, como se ve en esta web, en la que sólo hay seis usuarios apuntados al evento, tampoco parece tener muchas respuestas afirmativas en los blogs y páginas de afectados.

Algo está cambiando en las relaciones entre las entidades financieras y sus clientes. Ahora, ya no se lamentan en soledad o ante quien le atiende en la sucursal de los productos que les han vendido. Ahora, gracias a la web 2.0 se ponen en contacto rápidamente, crean blogs, se asocian en foros, crean plataformas online de afectados… Bienvenidos a una nueva realidad: el ciberactivismo aplicado a las finanzas.

Desde el lunes, cuando ya publicamos aquí el primer post sobre el asunto a raíz de la angustia de una ahorradora, se han disparado los blogs creados ex profeso para protestar por ahorradores que tienen estructurados de Lehman en su cartera, aunque muchos ni siquiera lo sabían cuando los contrataron en su banco. Un amigo me ha pasado hasta cinco que tiene controlados, que se han creado en las últimas horas, algunos creados por abogados especializados en asuntos mercantilistas.

Os los resumo a continuación y, como podeis ver, son tremendamente críticos con alguna de las entidades que los vendieron. Si conoces algún otro foro o blog sobre el asunto, pásanoslo y lo incluimos en esta lista:

- Afectados por Banif-Lehman-  -Banif y Lehman Brothers-  -Unidos para que Banif responda- -¿Qué puedo hacer si tengo productos de Lehman Brothers?, creado por el abogado Fernando Zunzunegui, que también está viendo las ventajas de la web 2.0 para ponerse en contacto con posibles clientes. Todo un innovador en su sector. -Y lo mismo puede decirse de otra firma que no dice su nombre pero que ha creado el blog LexBlah para “afectados por la venta de bonos de Lehman Brothers a través de Banif”-

En estos enlaces, los usuarios comparten sus experiencias, se animan a protestar, se asocian… Mi gran duda es saber cómo van a responder las entidades a esta nueva realidad que se les plantea. Donde cada cliente puede explicar su disgusto y generar un devastador boca a boca negativo a través de blogs, foros y demás.

Hasta ahora la crisis había dañado a los hedge funds, a los fondos monetarios dinámicos, a las bolsas e incluso a las materias primas en las últimas semanas. Pero ahora le ha podría tocar el turno a otro activo que hasta ahora parecía escapar al temporal: los productos estructurados.

Leo un comentario en una noticia de elEconomista muy preocupante, de agobio total: “Tengo un bono sobre un producto estructurado, comercializado por Bankinter y cuyo emisor es Lehman Brothers, alguien me puede aconsejar, ante mi angustia y desesperación si cobraré algo (…) Dios Mio era casi todo mi patrimonio”. Alba, como se nickea la autora del comentario, habla del producto Bono Fortaleza.

En apariencia este producto tiene poco riesgo, ya que para perder dinero exigía que una de las acciones de ING y Deutsche Bank estuvieran cotizando durante los próximo ocho años más de un 50 por ciento por debajo del precio al que cotizaban en enero de 2008. Sin embargo, quien miraba sólo esto olvidaba el otro riesgo de este tipo de productos: el de contrapartida. Es decir, que quien emite el bono no te pueda devolver el dinero. Y ahora, por lo visto, la desesperación va de boca en boca con estos productos, con el agravante de la incertidumbre por no ser productos líquidos.

Es pronto para saber qué pasará con bonos como el Fortaleza, y otros estructurados por Lehman comercializados por otras entidades. Pero a buen seguro que el nerviosismo generado entre quienes tienen estos productos hará que se vea con otros ojos lo que parecían ser productos infalibles y de bajo riesgo.

P. D. Leo en Invertia que los fondos de BBVA tienen una exposición de 86,5 millones en bonos de Lehman. En la misma noticia se dice que “otros vehículos de Bancaja y Caixa Catalunya también están expuestos a los bonos de la entidad estadounidense”.