Si tiene un hijo ahora, será conservador

Tengo una niña de 18 meses que se llama María. No sé si de mayor querrá ser periodista como su padre o ingeniera como su madre; si le gustará el campo o la playa; si será del Barça o del Madrid, pero estoy casi seguro de una cosa: será tremendamente conservadora en la gestión de su patrimonio y le costará esfuerzo invertir en bolsa.

No me lo invento. He llegado a esta opinión tras leer este estudio publicado hace año y medio por los  profesores Ulrike Malmendier y Stefan Nagel que esta semana cita The Economist. La conclusión principal de este paper es que quienes han vivido crisis financieras en su niñez o en su adolescencia tienen una mayor aversión al riesgo que quienes han nacido en tiempos de economía boyante o alzas bursátiles.

Mi peque leyendo una entrevista a George Soros

Mi peque "leyendo" una entrevista a George Soros

Quizá alguien crea que esto es obvio, pero yo creo que no. Cuando uno es niño o adolescente no se fija para nada en cómo van los mercados, ni siquiera sabe que existe la bolsa, y si lo hace, es para considerarla un invento capitalista repugnante. Y sí, a lo mejor algún peque se fija en cómo se está contrayendo el PIB y en el déficit estructural, pero no conozco ningún caso. Entonces, ¿por qué ocurre esto? ¿cómo quedan grabadas estas vivencias de crisis en nuestro mecanismo de toma de decisiones financieras en el futuro?

El mencionado estudio no se queda sólo en la bolsa. Según sus autores, quienes durante sus primeros años de vida han vivido fases de alta inflación, también se muestran reticentes a tener bonos en sus carteras cuando llegan a adultos. ¿Sorprendente, no?

Lo curioso es que esta “memoria financiera” de la niñez no cae al olvido empujada por las experiencias más cercanas en el tiempo. Aunque los profesores han contemplado que las vivencias recientes cada vez pesan más en las decisiones según avanzan los años, la huella de aquellas situaciones originales sigue latente y sigue influyendo en el planteamiento financiero.

Este estudio choca de frente con la concepción de los mercados eficientes. Es decir, el inversor al tomar decisiones no se basa sólo en analizar la información técnica alrededor y elegir la opción más adecuada en rentabilidad/riesgo, sino que sus inversiones finales vienen determinadas por otros factores emocionales, como las experiencias económicas y financieras vividas en su infancia y adolescencia.

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Interesante artículo, aunque viendo como está el patio, tenía ya más que claro que los inversores no sólo tomaban las decisiones basándose en análisis exhaustivos jajaja

Rompetechos

A ver. Yo soy del 62, por lo que ese año debió ser bueno, tanto para el vino como para la bolsa, en la que yo estoy bastante interesado. Pero puedo asegurarte que hay gente de mi generación, amigos míos, que no saben ni quieren saber nada de acciones.
Respetando el estudio, yo creo que los factores emocionales pesan bastante, pero sobre todo los del pasado reciente…. El tema de la infancia como que lo veo más alejado. Creo que pesa bastante más la educación y el entorno familiar que las posibles crisis o períodos de euforia.
Y sobre todo, como dice Zegi, cuando vienes calentito de una bajada sangrienta, a ver quien es el guapo que te anima a comprar algo, seas de la “cosecha” que seas.