Cuando uno va a ponerle un nombre a un hijo tiene que pensarlo dos veces: puede influirle para siempre. Igual que cuando se va a establecer una denominación a un producto financiero, que puede marcar no sólo “la vida” de este producto sino la de quienes lo contratan. ¿Por qué digo esto? Porque en España tenemos problemas con los adjetivos que hemos dado a dos tipos distintos de activos.
a) Renta FIJA. Eso de “fija” ha hecho y hará pensar a más de uno que no es posible perder dinero. Con más de un familiar lo he hablado más de una vez. Me dicen “Si es fija… ¿cómo vas a perder dinero?”. El tema es que el origen de este nombre no hace referencia a la rentabilidad que vas a obtener de la inversión, sino al tipo de interés que pagará la entidad. Pero el precio puede subir o bajar. Es como si compras un piso para alquilarlo. El alquiler será fijo, pero el precio del piso puede subir o bajar. Si compraste en 2006 y quieres venderlo ahora, perderás mucho dinero, aunque te hayan pagado unas rentas fijas todos los meses.
b) Participaciones PREFERENTES. Esto de “preferentes” tiene un peligro tremendo. Hasta la CNMV ha tenido que hacer un aviso recientemente aprovechando el folleto de colocación de este tipo de productos de Banesto: “El adjetivo preferentes que la legislación española otorga a las participaciones preferentes NO significa que sus titulares tengan la condición de acreedores privilegiados”, se aclara.
Desde luego, los clientes de Banco Sabadell a quienes hace poco el banco les recompró estas participaciones pagándoles casi la mitad no deben sentirse muy “preferentes”. O los clientes de Banesto a quienes se les están ofreciendo estas participaciones, tampoco, si se lee la advertencia en la que la CNMV explica que el banco les está pagando menos intereses de los que le pagarían en el mercado.
En el fondo del embrollo de las preferentes está la necesidad de las entidades financieras de fortalecer el balance. Emitiendo preferentes no tienen necesidad de explicar para que necesitan ese dinero ni diluyen las posiciones de los actuales accionistas, como sí ocurre con una ampliación de capital. Como los depósitos apenas dan intereses ya, la única opción es ofrecer estos productos como alternativa. Lo cual resulta una temeridad absoluta porque su perfil de riesgo es diametralmente opuesto.
Hasta ahora, las entidades tenían una disyuntiva: financiarse a través del mercado, con depósitos o ampliaciones de capital, o esperar ayudas del Estado y, por tanto, de los contribuyentes. Ahora, algunas de ellas, han encontrado una solución alternativa: financiarse a costa de los clientes con menor cultura financiera.
Los medios de comunicación están poniendo mucho esfuerzo en explicar bien los peligros de estas preferentes. Lo podéis ver en artículos como éste, éste o éste. En los blogs especializados también se ha escrito mucho sobre el tema. Recomiendo especialmente este artículo de los amigos de Gurusblog. Entre los usuarios de Unience, el tema también ha sido muy criticado.
Tags: banca, financiación, medios, preferentes, renta fija














2 comments
Comments feed for this article
Trackback link
http://blog.unience.com/que-alguien-le-cambie-el-nombre-a-las-preferentes/trackback/
1-Jun-2009 at 11:45
Miguel Castillo
Es necesario cambiarle el nombre, pero también creo que es necesario subir el importe mínimo para comprar este producto a los 50K euros necesarios para un inversor cualificado. Este producto puede tener sentido para inversores institucionales pero no para pequeño inversores. El problema es que muchos de los clientes que están comprando este producto creen que es una alternativa a un depósito de características similares. Aumentar el límite mínimo de inversión restringiría la maniobra las agencias bancarias para colocar este producto. Yo personalmente estoy encontra de restringir por normal general, sin embargo la auto-regulación de los bancos está fallando y es necesario regular los posibles abusos. Que los bancos no tengan en cuenta la preservación de capital de sus clientes es algo muy serio!
1-Jun-2009 at 16:40
Enrique B.
Muy interesante. Deuda perpétua ultrasubordinada, las denomina Manuel Conthe, que lleva tiempo advirtiendo de este tema en su blog: http://blogs.expansion.com/blogs/web/conthe.html?opcion=1&codPost=51990
Mi opinión es que, para nada, se trata de un producto para inversores conservadores. De las tres características de todo activo financiero en función de las que un inversor debe tomar su decisión: rentabilidad (esperada), riesgo y liquidez (facilidad y certidumbre de convertir en dinero la inversión sin incurrir en pérdidas), no cumplen ninguna hace pensar que sea idónea para ese tipo de inversores.
Su rentabilidad debe ser mejor que la de las acciones ordinarias, pero como dividendo (que no cupón) esta remuneración está condicionada a la obtención de beneficio.
Su riesgo es casi el mismo que el de las acciones ordinarias. Se trata de los penúltimos en el orden de prelación de cobro.
Si se trata de riesgo como volatilidad, teóricamente, al tener un cupón variable, absorben mejor que los instrumentos de cupón fijo, las variaciones de la TIR y venían cotizando en torno a la par. Puesta en tela de juicio la situación de las entidades de crédito, la rentabilidad exigida ha sido mucho mayor que el cupón variable (referenciado a Euribor) y la caída en precios ha sido del orden del 50-60% en algunos casos. Ya tenemos delante el problema del precio de mercado: hay liquidez, sí, pero a precios distintos a los de compra.
Habría que incluir su vencimiento, en principio, perpétuo y el riesgo de amortización anticipada (menos comprensible para el inversor particular).
El último aspecto es que la contrapartida la dá, generalmente, el propio emisor del título en una suerte de mercado OTC.
¿Qué lleva a pensar al director comercial de una entidad financiera que este vehículo es adecuado para el inversor conservador?