¿Qué tiene el número 5 que el número 4,6 no tenga? ¿Qué tiene el 7.800 que el que el 7.384 no? Aparentemente, tanto unos como otros son iguales, por ejemplo a efectos de cotización en bolsa. Pero la realidad demuestra que muchos inversores no los perciben igual. Parece que vemos más probable que las caídas de una acción se frenen en un número redondo que en otro que no lo es.
Voy a poner como ejemplo, por su claridad al respecto, este post leído en un foro de Expansión a finales del año pasado. Habla de la acción del Santander: “Comienza el año sobre los 7 euros. Puede cotizar en algún momento a 6 euros, pero también lo hará a 8 y casi con seguridad a 8,5″. O este otro, en idéntico lugar: “Decir el recorrido del SAN es como jugar a adivino.Por ahora llega a 7 euros, un campamento base, veremos dónde está su suelo en esta época de volatilidad”. Y los ejemplos son infinitos, sólo hace falta darse una vuelta por cualquier lugar donde se hable de inversiones. 
¿Por qué somos así? ¿Por qué ponemos nuestras previsiones sobre algo incierto en función de lo redondo que sea el número? Se trata de un mal que también afecta a los periodistas financieros gravemente. Por ejemplo, el Ibex suele ir a portada si pierde los 8.000 puntos, pero no si cede los 7.400. Y al contrario, tenía garantizada la apertura del periódico si llegaba a los 15.000, pero no al tocar los 14.986, por ejemplo. ¿Por qué somos asÍ?
Mi teoría barata es que, ante la incapacidad humana para comprender el mundo y para vivir en la inseguridad, necesitamos agarrarnos a referencias que nos calmen y nos tranquilicen. Y los números redondos cumplen este efecto. ¿Por qué? Porque son los primeros números con los que convivimos, está unido a la búsqueda de seguridades de nuestra infancia. El primer número que aprendemos es el uno, cuando cumplimos un año. Y esto nos lo repiten costantemente hasta que cumples dos. Y en el cole al principio aprendemos a contar hasta 10, pero no hasta 12.
Por eso, cuando necesitamos después crearnos una sensación de seguridad recurrimos a este tipo de cifras, también en las inversiones, con la falsa esperanza de que nos la darán. Y esa calma nos adormece y marca la toma de decisiones. Es como si nos hipnotizaran, como dice la leyenda que hace la boa constrictor con sus víctimas para después comérselas.
P. D. Pensando porque escribo este post ahora, me doy cuenta de que puede tener relación con que ayer dejé de vivir en una cifra redonda de años, los 30, y pasé a estar en 31. Quizá me haya pasado algo parecido a lo que le ocurrió al escritor Enrique Vila-Matas cuando se acercaba a los 50 y que según dicen le motivó a escribir el libro “Para acabar con los números redondos”.
Tags: educación, inversores, números redondos, seguridad













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28-Apr-2009 at 9:06
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4-Aug-2009 at 13:59
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2-Mar-2009 at 16:48
José
Muchas felicidades, señor. Muchachote. Que sigamos difrutando, como hasta ahora, de esta gran máquina de pensar que hay encima de tus hombros. Aunque los números no sean redondos.
2-Mar-2009 at 19:51
Vicente Varó
Gracias amigo!