Productos de inversión

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Cada cierto tiempo, en función de la evolución del periodo económico, situación de las cuentas públicas de la Seguridad Social y evolución de las previsiones de afiliación y cotización a los sistemas de previsión privados, surgen voces desde el frente político que animan a los ciudadanos a la contratación de planes de pensiones privados para asegurar y mejorar mediante el ahorro privado el complemento de las pensiones públicas.

Este tipo de declaraciones desde los estamentos políticos, generan cierta inestabilidad entre la ciudadanía y avivan una y otra vez los discursos sobre la estabilidad, solidez y garantías que nos aporta el sistema público de pensiones. Pero el problema de fondo no lo tenemos en esta evolución futura de las pensiones públicas, la tenemos en la incocrección fiscal que los distintos gobiernos van aplicando a la fiscalidad de los productos de ahorro a largo plazo y la dificultad que nos encontramos en las economías domésticas para planificar un ahorro estable a largo plazo.

El aspecto más interesante de los planes de pensiones se encuentra en el ahorro fiscal que presentan al reducir sustancialmente la base imponible de la declaración de la renta para los contribuyentes que realizan aportaciones a este tipo de productos sumamente ilíquidos.

Estas reducciones han sufrido diversas modificaciones desde que se pusieron en marcha, de tal forma que aunque hoy nos aseguremos una rebaja en los impuestos a pagar en el año en curso, el afán recaudatorio de los distintos gobiernos genera que no sepamos a ciencia cierta cómo va a tributar el dinero que tenemos depositado en estos productos en el momento de nuestra jubilación.

En el fondo, el plan de pensiones sólo consigue diferir el impuesto a pagar al momento de la jubilación, sin olvidar que cada año que pasa, el sistema de deducciones y reducciones que se aplican a los planes de pensiones es distinto, en función de las directrices económicas del gobierno vigente.  A efectos de una correcta planificación financiera de la economía doméstica, inmovilizar fondos en un plan de pensiones se convierte en un deporte de riesgo para todos los ciudadanos.

Gráfico de rentabilidades sacado del último estudio de Pablo Fernández, profesor del IESE, sobre el sector

Los gobiernos deben sentar unas bases claras e inamovibles para mejorar los indicadores de ahorro a largo plazo, crear una fiscalidad estable en esta línea de ahorro y ofrecer unas mejoras complementarias vía reducciones impositivas para conseguir que las rentabilidades de estos productos mejoren sustancialmente, dado que actualmente son productos con una rentabilidad excesivamente baja.

En esta línea, se debe ampliar la gama de productos suceptibles de generar ahorro a largo plazo, ya sean planes de pensiones, inversiones directas en renta fija, renta variable u otro tipo de activos. El único requisito que se debería exigir es el aumento de saldo neto patrimonial a cierre de ejercicio de tal forma que cada individuo pueda diseñar su propio mecanismo de ahorro a largo plazo, con libertad de contratación de productos financieros.

Pero como clave directora principal de este tipo de ahorro, se tiene que exigir estabilidad fiscal en las líneas que se marquen. No es de recibo que cada ministro de Economía modifique en función de las necesidades estatales unas directrices fiscales que se marcan a largo plazo. Si se mantienen los bandazos fiscales en este tipo de productos, será materialmente imposible concienciar a la población en la necesidad del complemento privado del ahorro a largo plazo para incrementar la futura jubilación.

* Remo es uno de los editores de El Blog Salmón y el blog de Actibva

La comunidad de ‘uniencers’ ha vuelto activa de las vacaciones de Semana Santa. Algunos de los últimos post escritos por los usuarios en sus blog personales, han generado mucho interés. Y eso abordando temas muy variados, que van desde los comentarios sobre la composición de las carteras públicas de algún usuario (como la de quien escribe este post) de la red social de inversores, hasta otros muy diversos.

Uno de los temas más comentados fue el escrito ayer por Cachorro. Este usuario escribió ayer un post crítico con el último depósito de La Caixa, uno que vincula la rentabilidad al hecho de que Madrid sea proclamada la ciudad organizadora de los Juegos de 2016. En su opinión, “esto último no es más que especulación en estado puro, un depósito que se aleja de los cánones de producto financiero de ahorro para convertirse en una auténtica apuesta, como si de una porra se tratase”.

Los usuarios que hemos respondido a este post hemos estado en la misma línea. Y, como aquí he escrito alguna vez, hemos coincidido en que este tipo de productos no contribuye al aumento de la cultura financiera en España, que en vez de estos juegos malabares, convendría que las entidades diesen a sus clientes rentabilidades sencillas, y no estructuradas bajo extrañas fórmulas marketinianas. Pero en fin, cada entidad tiene su política comercial. Si así les va bien y los clientes la aceptan…

Otro de los temas más comentados en los últimos días ha sido cuándo llegaría el recorte (finalmente ayer) a las bolsas tras varias semanas consecutivas de ganancias. Aquí, el post más comentado ha sido el de Bolsacom, el usuario que ya adelantó hace un mes por sus análisis técnicos que el Ibex podía llegar a los 9.000 puntos. En su último post avisaba del principio de los recortes y considera que ahora el índice puede buscar apoyo en los 7.700 puntos. Y una vez allí habrá que estar muy atento. Otro de los usuarios, Advisor, también alertaba en su blog personal el viernes de la cercanía de un fuerte recorte.

Y, el otro blog más comentado, fue uno que este community manager realizó en su propio blog personal comentando mi cartera pública. Lo hice tras publicar los resultados de algunos de mis valores en cartera.

Imaginemos la siguiente situación inventada: Pedro Pépez Plómez acaba de cobrar una herencia de 50.000 euros y está pensando dónde invertir ese dinero. Sólo quiere que sea un lugar seguro, porque se da cuenta de que la economía está entrando en crisis, paga más de 1.000 euros al mes de hipoteca y teme quedarse sin empleo en cualquier momento.

De pronto, ve una oferta en el escapate de un banco que le ofrece un 8 por ciento TAE por llevar su dinero allí, pero sólo durante dos meses; después lee en Internet que otra entidad le ofrece un 7 por ciento a seis meses, pero sólo para el 80 por ciento de la inversión; el otro 20 por ciento depende de no se qué movimiento de no se cual índice bursátil; y en el portal de su casa le dejan publicidad de una caja de ahorros que paga el 7,5 por ciento si contratas también no sé cuantos productos del banco.

¿Cuál es el mejor de estos tres ejemplos de productos reales? Vaya usted a saber. Lo único garantizado es el mareo al que se somete el inversor que busca la mayor rentabilidad para el dinero en el que quiere ser más conservador. Las técnicas marketinianas confunden cada vez más al poner tanto énfasis en la rentabilidad y hacen que al ahorrador se olvide de lo que buscaba: seguridad.

Los intereses que ofrecen algunas entidades muestran cierta desesperación en la lucha por atraer dinero. Parecemos asistir a una caza de efectivo, mediante la promesa de unos intereses que casi duplican ya los tipos oficiales. A mí desde luego que no me gustaría estar en un banco o caja al que le sale tan caro financiarse. Y menos en estos tiempos que corren.

Cuando vaya a elegir, Pedro Pépez Plomez debería pararse antes a pensar si su dinero está igual de seguro en un producto que busca rentabilidades cercanas a los tipos de interés oficiales, que en una entidad que tiene que pagar casi el doble para llevarse sus ahorros.

Querido Pedro, no olvides que la rentabilidad y el riesgo son un matrimonio inseparable. Y que si te prometen más intereses, es porque “el mercado” ve en ellos más riesgo. Pedro, hazte en voz alta esta pregunta: ¿Habrías comprado hace tres semanas un depósito de Lehman Brothers (si lo hubiera) porque había lanzado una oferta del 8,5 por ciento a doce meses?