Asesoramiento financiero

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¿Barça o Madrid? ¿Campo o playa? ¿De izquierdas o de derecha? Si la dualidad está presente en casi todos los ámbitos de la vida, en el mundo de la inversión no podía ser menos. Lo meditaba hace un rato leyendo algunos de los últimos post que los usuarios hemos escrito en nuestros blogs personales dentro de la red social de inversores Unience.

Por ejemplo, llama la atención ver la diferencia que hay entre las visiones sobre la evolución del mercado en las próximas semanas. Swap, uno de los usuarios, mostraba un futuro poco alentador en un post escrito este fin de semana: “Sigo pensando que aún no hemos visto lo peor y creo que visitaremos los 4000 del Ibex, antes de que esto forme un suelo desde el que poder escalar nuevamente”, decía.

Últimos post de los usuarios de Unience en sus blogs personales

Últimos post de los usuarios de Unience en sus blogs personales

Algunos usuarios, como Esteban, coincidían con esta teoría; pero otros, como ToLearn, Aranea o eltiolavara eran algo más optimistas. Éste último incluso decía que, si no se pierden algunos de los niveles recientemente superados, “ahí es donde hay que comprar buscando stops que nos protegan”. Otro inversor especializado en análisis técnico, bolsacom, también mostraba confianza en el rebote en un post escrito en su blog personal en Unience, estableciendo como meta los 9.000 puntos.

La dualidad también se está viendo con el análisis técnico y el fundamental, un debate que, al final, consiste en decidir si queremos invertir porque creemos que las cosas van a subir o bajar, fijándonos sólo en el precio, o si queremos invertir en buenos negocios que puedan generar beneficios que luego nos paguen dividendos. Y ese debate llegó a un post en el que Dosflores, el primer usuarió que hizo pública su cartera en Unience, escribió para consultar opiniones sobre uno de sus valores en cartera: Grifols.

Yo, personalmente, creo que ambas fórmulas tienen su interés y que el problema está en el radicalismo. Sobre todo, porque el radicalismo ciega. Puede impedir ver, por ejemplo, los riesgos en los que uno incurre cuando opera siguiendo sólo y absolutamente el análisis técnico, que a veces crea la falsa sensación de que todo está bajo control. Por lo menos, entre los inversores menos experimentados, porque quienes ya están en los mercados desde hace tiempo saben que lo único seguro es la incertidumbre (Si no, no habría oportunidades de rentabilidades altas).

Por cierto, también interesantes los comentarios en el blog personal de unosolodoble, otro de los primeros usuarios en compartir información de sus carteras reales en Unience, pidiéndo precisamente opiniones y comentarios sobre su cartera.

¿Qué tiene el número 5 que el número 4,6 no tenga? ¿Qué tiene el 7.800 que el que el 7.384 no? Aparentemente, tanto unos como otros son iguales, por ejemplo a efectos de cotización en bolsa. Pero la realidad demuestra que muchos inversores no los perciben igual. Parece que vemos más probable que las caídas de una acción se frenen en un número redondo que en otro que no lo es.

Voy a poner como ejemplo, por su claridad al respecto, este post leído en un foro de Expansión a finales del año pasado. Habla de la acción del Santander: “Comienza el año sobre los 7 euros. Puede cotizar en algún momento a 6 euros, pero también lo hará a 8 y casi con seguridad a 8,5″. O este otro, en idéntico lugar: “Decir el recorrido del SAN es como jugar a adivino.Por ahora llega a 7 euros, un campamento base, veremos dónde está su suelo en esta época de volatilidad”. Y los ejemplos son infinitos, sólo hace falta darse una vuelta por cualquier lugar donde se hable de inversiones.

¿Por qué somos así? ¿Por qué ponemos nuestras previsiones sobre algo incierto en función de lo redondo que sea el número? Se trata de un mal que también afecta a los periodistas financieros gravemente. Por ejemplo, el Ibex suele ir a portada si pierde los 8.000 puntos, pero no si cede los 7.400. Y al contrario, tenía garantizada la apertura del periódico si llegaba a los 15.000, pero no al tocar los 14.986, por ejemplo. ¿Por qué somos asÍ?

Mi teoría barata es que, ante la incapacidad humana para comprender el mundo y para vivir en la inseguridad, necesitamos agarrarnos a referencias que nos calmen y nos tranquilicen. Y los números redondos cumplen este efecto. ¿Por qué? Porque son los primeros números con los que convivimos, está unido a la búsqueda de seguridades de nuestra infancia. El primer número que aprendemos es el uno, cuando cumplimos un año. Y esto nos lo repiten costantemente hasta que cumples dos. Y en el cole al principio aprendemos a contar hasta 10, pero no hasta 12.

Por eso, cuando necesitamos después crearnos una sensación de seguridad recurrimos a este tipo de cifras, también en las inversiones, con la falsa esperanza de que nos la darán. Y esa calma nos adormece y marca la toma de decisiones. Es como si nos hipnotizaran, como dice la leyenda que hace la boa constrictor con sus víctimas para después comérselas.

P. D. Pensando porque escribo este post ahora, me doy cuenta de que puede tener relación con que ayer dejé de vivir en una cifra redonda de años, los 30, y pasé a estar en 31. Quizá me haya pasado algo parecido a lo que le ocurrió al escritor Enrique Vila-Matas cuando se acercaba a los 50 y que según dicen le motivó a escribir el libro “Para acabar con los números redondos”.

Esta mañana, alrededor de las 11:00, medio mundo virtual se ha parado. El motivo ha sido la caída de Gmail, el servicio de correo electrónico de Google. Automáticamente, los usuarios del correo de Google con cuenta en twitter nos hemos ido alli para ver si a otros les pasaba lo mismo e imagino que en otros servicios y redes sociales pasaba lo mismo.

Había incluso un punto importante de nerviosismo: si uno hacía una búsqueda del término gmail en twitter search, apróximadamente cada minuto salían 500 nuevos comentarios con la palabra gmail hablando del error. Increible, ¿no? Resulta difícil imaginar cómo habrá afectado esta caída a la productividad de medio mundo. O lo que es lo mismo, la dependencia que tenemos de Google en la economía actual.

Quizá quede sólo en algo más que una anécdota, pero este caso ha servido para demostrar los peligros de no diversificar, tan aplicables al mundo de la inversión y las finanzas, los inconvenientes de poner todos los huevos en la misma cesta. Que se lo digan a quienes invirtieron una parte demasiado importante de su patrimonio en los estructurados de Lehman Brothers o en el Santander Inmobiliario o similares.

Sólo hace falta darse una vuelta por los foros y blogs de Internet para leer numerosos comentarios de clientes de Santander, ahora pillados en el Santander Banif Inmobiliario, quejándose de que su asesor del banco les aconsejó este producto vehementemente hace unos cuantos meses y todo lo contrario unos días atrás. Una situación que ha desembocado en un auténtico caos y la imposibilidad de retirar el dinero invertido.

Lo peor es que más situaciones como éstas son lógicas e inevitables, porque hasta ahora la distribución de productos sigue un esquema de cadena industrial en muchas entidades financieras: llega una circular desde arriba que da las directrices a los empleados para vender determinados productos de manera genérica. Esto ha funcionado hasta ahora, pero el mundo está cambiando. Y quien no lo vea sufrirá. Por eso, a muchas entidades financieras les asusta, les aterra la red, y no saben que hacer más allá de su página web.

En otros sectores ya ha empezado a ocurrir. Hasta ahora, para que un producto tuviese éxito comercial bastaba con tener dinero para hacer una gran campaña de publicidad en medios de comunicación tradicionales, sobre todo televisión. ¿Le importaba a alguien las distintas características de los consumidores? No. Era un mensaje unidireccional de la empresa: me da igual como seas, este producto te sirve tanto a ti como a tu vecino.

Esta forma de vender está en el extremo opuesto a lo que debería ser la comercialización de productos financieros. Quizá todos podamos lavarnos los dientes con una pasta de dientes estándar o limpiar nuestra ropa con un detergente estándar, pero no todos tenemos unas necesidades financieras estandarizadas. Por eso, no vale para todos los clientes un fondo estándar ni un depósito estándar ni una acción, disfrazada comercialmente de bono convertible, estándar. No.

¿Se imagina que va un día a la farmacia y sin preguntarle qué le pasa el boticario le da un antiinflamatorio? No. Usted primero le dice lo que necesita, él le escucha y le propone un fármaco. Y quizá aconseje una marca u otra según le haya convencido una compañía farmacéutica o la otra (no lo sé), pero al menos le da algo que usted necesita para curarse. Sin embargo, todos muchos hemos entrado en una sucursal y nos han ofrecido un producto financiero sin preguntarnos qué nos duele, y sin decirlo nosotros.

La buena noticia es que Internet está cambiando esta tendencia. Con las nuevas herramientas, los inversores buscan la información que les interesa; se encuentran con otros en su misma situación; comparten inquietudes y crean comunidades donde analizan y evalúan productos. Y estamos sólo en el principio: poco a poco dentro de las mismas surgirán nuevas herramientas y pequeños grandes líderes que altruistamente o emprendiendo negocios fomentarán el aumento de la cultura financiera real.

Las entidades tendrán que esforzarse en conocer bien a sus clientes y ofrecerles productos que se adecuen a sus necesidades financieras. Y si no la hacen, correrán el enorme riesgo reputacional de que, en cuanto se tuerza un poco la situación, los clientes se irriten porque se les ha colocado algo que no se ajustaba a sus necesidades o que ni siquiera les explicaron bien.

Como ya está pasando, estos ahorradores se encuentran en la red con otros en su misma situación, comparten penas, se asocian y sus quejas generen un riesgo reputacional gigantesco para la entidad. A ésta no le quedará otra que reaccionar, si es capaz de entender que el mundo está cambiando y ya no tiene un poder comercial casi ilímitado. Y tendrán que competir con los asesores independientes, sea cual sea su tamaño, que sí entiendan esta realidad y lideren este proceso de cambio, escuchando bien a los inversores. ¿No os parece?

El pasado lunes escribí un post sobre la necesidad o no del asesoramiento financiero a raíz de la comparativa entre la situación de Nadal y la de Federer. Y la verdad es que ha generado un interesante debate, tanto a través de los comentarios al post, como con otros usuarios a través de otros medios sociales y del email.

Imagen tomada de Stock.xchang

Imagen tomada de Stock.xchang

Y, a sugerencia de algunos de ellos y gracias a sus comentarios, quiero profundizar en el tema. Las reflexiones de Gerard Domínguez y Gurus Mundi en el post de Nadal-Federer me llevan a pensar en que antes de preguntarnos sobre si necesitamos asesores financieros o no, debemos plantearnos en que situación está el conocimiento por parte del gran público de la figura del asesor financiero y su tipología, que yo creo que es bastante dispersa.

Con fin de profundizar en esta idea, me gustaría pediros a los lectores de este blog abrir un debate serio sobre esta cuestión. Y, para empezar, me gustaría centrarme en escuchar vuestra visión sobre qué debemos pedirle a un asesor financiero. O, mejor dicho, qué debe tener un asesor financiero para serlo. Lanzo varias preguntas para la reflexión:

- ¿Qué titulaciones se debería exigir a un asesor financiero?
- ¿Qué tipo de experiencia se debería exigir a un asesor financiero?
- ¿Cómo de independiente de las entidades financieras que fabrican productos deberían ser?
- ¿Cuántos clientes convendría que tuviera un asesor financiero para poder dar el servicio requerido?
- ¿Confiarías más en un asesor que te muestra un buen track record de su cartera o la de sus clientes (sin desvelar sus nombres, claro)?

Ya sé que cada asesor es un mundo, y que no hay un cliché que los resuma a todos. Pero creo que  plantearnos preguntas cómo éstas y las que se os ocurran nos permitirá darle vueltas a ideas que están en el aire y que no suelen revisarse a nivel individual.

Todos los años Inverco, la asociación de los fondos de inversión y los planes de pensiones, organiza una comida a principios de febrero con periodistas para hacer balance del año pasado y previsiones del presente. Este año ha sido el primero que entre los presentes había un blogger, el que escribe, aunque no sé si por convencimiento o porque todavía seguía en la base de datos de prensa de Inverco.

En fin, al grano. El centro de la conversación giró en torno a los planes de pensiones, ya que de los fondos había poco que hablar: el año ha sido tan negativo en salidas de dinero, el peor de la historia, que ya estaba todo dicho. Y centrándonos en pensiones, en Inverco se mostraron contentos por el hecho de que en 2008 aumentaron las aportaciones netas a planes de pensiones. Es decir, entró más dinero del que retiraron quienes se van jubilando.

Eso sí, el flujo positivo cada vez es menor, pero el discurso oficial de la asociación es de satisfacción, de que bien han ido las cosas ante el mal momento que atraviesa todo. Y me sorprende porque todos sabemos que si esto sigue ocurriendo es porque muchos españoles tienen la costumbre de hacerlo para desgravar impuestos y no por la calidad de los productos.

Hay un tema inquietante en los datos cada año. Los ciudadanos retiran su dinero de los planes de pensiones en cuanto se jubilan. Y cada vez más. ¿Los motivos? Aquí está la discusión. Para mí, está claro: por las flojas rentabilidades. A diez años, con datos a cierre de diciembre, los planes de pensiones sólo ganaban un 0,6% de media anual. A cinco años, un 1,14%. A tres años pierden un 0,82% y a un año, la caída supera el 6%. Sólo a 15 años se acerca al 4% y a 18, al 6%.

En fin, yo en el turno de preguntas me centré en esto que os cuento. Para mi éste es realmente el motivo. Pero desde la asociación consideran que no, que se debe a un tema cultural entre los ahorradores, y a los pocos ingresos que se han hecho antes de la jubilación. Y ahora confían en que haya mejoras en la liquidez de los planes y, de paso, una mejor fiscalidad, para fomentar este producto. Me gustaría saber qué opináis.

Y, sobre todo, que entre todos respondamos esta pregunta: ¿Alguien estructura sus inversiones en planes de pensiones como resultado de una planificación financiera con vista a la jubilación o sólo se hace pensando en tener que pagarle un poco menos a Hacienda en la declaración del año siguiente?

Últimamente, cuando charlo sobre inversiones con amigos o familiares, siempre se cuela por algún rincón de la conversación el debate sobre el asesor financiero. Y no suelen ser discusiones sobre la tipología ni similares, sino directamente sobre si conviene tener uno o no. Pues bien, ayer viendo el partido de tenis de Nadal y Federer se me ocurrieron algunas ideas al respecto que me gustaría compartir.

- Un buen asesor ayuda, y mucho
Viendo cualquier día a Nadal y Federer uno podría pensar: “Si son dos de los mejores tenistas de la historia, ¿quién va a saber más de ellos?” Sin embargo, Rafa suele mencionar a su entrenador, que en este caso también es su tío, como clave en sus victorias.  Todo lo contrario en el caso de Federer. Desde hace unos cuantos años no tiene un entrenador fijo. Cuando todo iba bien, sintió que no necesitaba esa ayuda. Sin embargo, ahora que tiene un problema serio con Nadal, se ve a todas luces que la precisa.

- Por mucho que sepas, viene bien una segunda opinión
Nadal afirmó ayer que le ayudó muchísimo que antes de la final su tio le dijo que se concentrara al máximo en cada punto y que peleara hasta que el físico aguantase. No hace falta saber mucho de tenis para dar este consejo. Es una obviedad. Eso me llevó a pensar en que muchas veces el asesor simplemente debe darte esa visión, recordarte los objetivos de rentabilidad que te fijaste, recordarte que tu perfil de riesgo lo hiciste para no tolerar determinados productos, por mucho que te atraigan ahora y viceversa, etc. En realidad, todo eso tu ya lo sabes, pero si no tienes alguien que te lo recuerda, te acaba pasando como a Federer.

- Ayuda a la humildad, que viene bien para evitar errores
Tener un asesor implica caer en la cuenta de que por ti mismo no puedes saberlo todo. O dicho de otro modo, de manera implícita te ayuda a ser humilde, a saber que puedes errar, que puedes aprender de los demás, a no creerte infalible. Y ya sabemos lo importante que resulta esto en el mundo de la inversión, donde cada uno tenemos dentro la idea de que si acertamos somos buenísimos y si fallamos la culpa es de cualquier excusa que nos pase por delante. Federer ha ganado más títulos sin entrenador que con él, pero cuando todo iba bien. En los momentos difíciles, sufre más.

- La confianza debe ser total, selecciona bien
En el caso de Nadal, la confianza en su entrenador es total. O por lo menos eso parece. Si desconfiara, lo mismo que ahora le ayuda le entorpecería. Y probablemente no le valdría cualquier otro. Por eso, a la hora de seleccionar un asesor es vital seleccionar bien el tuyo, para que haya una confianza absoluta. Y si ésta no aparece, mejor poner fin a la relación contractual. ¿Por qué cuando elegimos una televisión o un ordenador nos informamos hasta el último detalle y cuando pensamos en nuestros ahorros (que es lo que nos llevará a poder comprarnos las mejores televisiones) aceptamos al primero que pasa o nos llama?

- Si los resultados empiezan a ir mal, no te precipites
En mayo de 2007 Roger Federer rompió con el que durante los últimos dos años y medio había sido su entrenador, el australiano Tony Roche, al que fichó sobre todo para ganar a Nadal en Roland Garros. Al parecer, la causa habían sido las derrotas que había sufrido en un par de torneos antes de París. Durante el periodo que estuvo con Roche (aunque sólo le ayudaba unos meses al año), Federer ganó seis Grand Slam. Curiosamente, ese 2007 Federer sí inquietó un poco a Nadal en París, pero al año siguiente, el pasado, se llevó una soberana paliza. Había contratado temporalmente a José Higueras como asesor, pero sin continuidad no hay confianza, y eso genera un circulo vicioso.

En fin, según voy escribiendo se me van ocurriendo nuevas ideas, pero no quiero hacer un post excesivamente largo. ¿Alguna idea, comentario o sugerencia?

Tengo una niña de 18 meses que se llama María. No sé si de mayor querrá ser periodista como su padre o ingeniera como su madre; si le gustará el campo o la playa; si será del Barça o del Madrid, pero estoy casi seguro de una cosa: será tremendamente conservadora en la gestión de su patrimonio y le costará esfuerzo invertir en bolsa.

No me lo invento. He llegado a esta opinión tras leer este estudio publicado hace año y medio por los  profesores Ulrike Malmendier y Stefan Nagel que esta semana cita The Economist. La conclusión principal de este paper es que quienes han vivido crisis financieras en su niñez o en su adolescencia tienen una mayor aversión al riesgo que quienes han nacido en tiempos de economía boyante o alzas bursátiles.

Mi peque leyendo una entrevista a George Soros

Mi peque "leyendo" una entrevista a George Soros

Quizá alguien crea que esto es obvio, pero yo creo que no. Cuando uno es niño o adolescente no se fija para nada en cómo van los mercados, ni siquiera sabe que existe la bolsa, y si lo hace, es para considerarla un invento capitalista repugnante. Y sí, a lo mejor algún peque se fija en cómo se está contrayendo el PIB y en el déficit estructural, pero no conozco ningún caso. Entonces, ¿por qué ocurre esto? ¿cómo quedan grabadas estas vivencias de crisis en nuestro mecanismo de toma de decisiones financieras en el futuro?

El mencionado estudio no se queda sólo en la bolsa. Según sus autores, quienes durante sus primeros años de vida han vivido fases de alta inflación, también se muestran reticentes a tener bonos en sus carteras cuando llegan a adultos. ¿Sorprendente, no?

Lo curioso es que esta “memoria financiera” de la niñez no cae al olvido empujada por las experiencias más cercanas en el tiempo. Aunque los profesores han contemplado que las vivencias recientes cada vez pesan más en las decisiones según avanzan los años, la huella de aquellas situaciones originales sigue latente y sigue influyendo en el planteamiento financiero.

Este estudio choca de frente con la concepción de los mercados eficientes. Es decir, el inversor al tomar decisiones no se basa sólo en analizar la información técnica alrededor y elegir la opción más adecuada en rentabilidad/riesgo, sino que sus inversiones finales vienen determinadas por otros factores emocionales, como las experiencias económicas y financieras vividas en su infancia y adolescencia.

En una de estas interminables sobremesas navideñas, un familiar me lanzó la pregunta con la que he titulado este post: “¿Y cómo van los fondos ahora?”. Claro, dar una respuesta general era fácil: mal, muy mal. La mayoría se desplomaron en 2008 e incluso muchos conservadores han tenido pérdidas desmesuradas. Pero él siguió preguntando y se produjo una conversación que intento replicar ahora:

- Familiar: “Es que yo tengo uno, ¿entonces saco el dinero?”
- Yo: ¿Pero cuál tienes?
- Familiar: “Pues del Banco X”
- Yo: “Ya, pero el Banco X igual tiene mil fondos, ¿cómo se llama?
- Familiar: “No lo sé, pero me dijeron que era bastante seguro”
- Yo: “¿Pero es un garantizado, un monetario, uno de renta fija?”
- Familiar: “No lo sé… Pero invertí unos 1.800 euros”

Mi objetivo aquí no es ridiculizar a mi familiar, ni mucho menos. Se trata de una persona de alta formación técnica, con un buen trabajo y “creo” que un interesante salario. Es más, cuando compra algo es de los que les gusta informarse bien. Por ejemplo, ante una botella de vino, se informa antes, compara, pregunta a conocidos y suele conocer muy bien las características del producto. “¿Y por qué no haces lo mismo cuando inviertes?, le pregunté yo. “Porque esto de la economía es muy difícil…”

Al perfil de mi familiar, aprender lo básico de la inversión les costaría menos que saberse todos los componentes del ordenador portátil que se van a comprar. Sin embargo, lo ven como algo inaccesible, y quedan totalmente expuestos a lo que el empleado de una sucursal que tiene que cumplir determinado objetivo de ventas le quiera ofrecer.

¿Por qué cuando se trata de inversión tantos ciudadanos no buscan una segunda opinión? ¿Por qué no le preguntan a sus conocidos y familiares si ha invertido en estos productos y si están contentos? ¿Por qué sí lo hacen con otros artículos de consumo y no con el dinero que necesitarán para comprarse un coche o directamente para su jubilación?

Aunque para algunos inversores esta etapa ya está superada y sí se informan más a través de Internet, creo que este porcentaje aún sigue siendo demasiado bajo, en comparación con lo que ocurre con temas de consumo. Todavía queda mucho por andar. Y en Unience contribuiremos a recorrerlo poniendo a disposición de los inversores todas las herramientas para que puedan contar con más opiniones e información al invertir.

Esta tarde he asistido a una presentación muy interesante en Iniciador, el foro de emprendedores que organizan Javier Martín, Angel María y Lucas Rodríguez. En el de esta tarde en Madrid el ponente ha sido Luis Martin de Cabiedes, uno de los business angels más conocidos del mundo Internet español, y más que hablar, ha respondido preguntas de los asistentes sobre cómo decide invertir en start ups.

En Loogic, el blog de Javier Martín podéis encontrar una crónica de las preguntas y respuestas más interesantes del evento, por eso yo me voy a centrar más en algo que en la cervecilla posterior me ha comentado otro Javier, el amigo de Trackrecord: “¿Te has dado cuenta de que muchos de los rasgos de los que ha hablado también se aplican al buen inversor en bolsa”. A mí, efectivamente, ha habido tres puntos que sí me lo han parecido y así los resumo:

- “Diversifico mis inversiones”
Una de las palabras en las que Luis Martin de Cabiedes ha hecho más hincapié ha sido “diversificación”. En su caso resulta crítica, ya que los nuevos proyectos online suelen tener mucho riesgo. Según ha explicado, con que 1 de cada 10 inversiones le salga bien, le da para vivir de ello. La relación 1 a 10 no es extrapolable a la bolsa, pero sí en otros porcentajes. Muchos inversores siguen o seguimos confiando en unos pocos valores o fondos la mayoría de nuestras inversiones, sin ser conscientes del riesgo que estamos asumiendo.

@luiso, inspirado en @iniciador on TwitPic

Martín de Cabiedes en Inciador (foto de Jaime Estévez)

- “No te debes enamorar de una compañía ni de un emprendedor”
A Luis Martín de Cabiedes no le gusta nada implicarse en el negocio de las compañías en las que invierte. En parte porque a él “no le pagan por eso”, como ha dicho, y en parte “para no enamorarse de la empresa ni del emprendedor”, algo que ha definido como uno de los mayores errores por parte de los inversores, aunque ha dejado claro que cada business angel es un mundo. Él sólo quiere rentabilidad. Multiplicar por 10 o por 30, dependiendo del caso, la inversión que realiza en cada proyecto. Esa frialdad también sería aconsejable para la inversión en bolsa. Muchos se unen casi sentimentalmente a determinadas acciones o gestores, y eso hace más difícil vender cuando llega el momento, elimina parte de la racionalidad que exige el proceso de inversión.

- Deja correr las ganancias y corta las perdidas
Martín de Cabiedes ha explicado que sólo invierte en segunda ronda de ampliación de capital en aquellas compañías que van bien. Es decir, que aunque haya puesto dinero en primera ronda, si la compañía no despega y no cumple las previsiones, asume las pérdidas y punto. Eso sí, en las que le van bien, aumenta la inversión. En el mundo financiero, muchos inversores operan al revés: sólo aumentan las inversiones en los valores o fondos donde les va mal, para intentar promediar, o como se dice vulgarmente en la jerga financiera “promierdar” (perdón por la palabrota). Se suelen cortar rápido las ganancias mientras se dejan correr las pérdidas.

Ën fin, esa es mi visión. Si estuviste en Iniciador y tienes otra visión, coméntala por favor, y si no estuviste y estás de acuerdo o no, también.

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