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Aunque gurús del estilo del amigo Krugman, Jim Rogers o Nicholas Nassim Taleb siguen criticando a Ben Bernanke, lo cierto es que el presidente de la Reserva Federal parece haberse ganado a los inversores con sus respuestas a la crisis (que, recordemos, heredó de Greenspan). Al menos, eso demuestra una encuesta realizada por la agencia de información económica Bloomberg entre más de 1.000 inversores de todo el mundo.

En el pasado Halloween se hacían caretas representando al presidente de la Fed como a un demonio

En el pasado Halloween se hacían caretas representando al presidente de la Fed como a un demonio

El 75 por ciento de los inversores consultados asegura tener una opinión favorable del presidente de la Reserva Federal. Además, hay 3 inversores que consideran que Bernanke se ha ganado otro mandato al frente de la Fed por cada 1 que considera que no. Hay que tener en cuenta que su primer ciclo al frente de la presidencia del banco central americano termina el próximo enero.

Bernanke también ha sido el presidente mejor valorado de todos los grandes banqueros centrales.  Jean Claude Trichet, del BCE, ha quedado en la segunda posición, con un 54 por ciento de los votos; el británico Mervyn King se ha quedado en sólo la mitad, reflejo del caos con el que se gestionó el rescate de Northern Rock, y el chino Zhou Xiaochuan, tan sólo un 42 por ciento, probablemente castigado por la poca transparencia característica de China.

Yo también votaría, sin duda, por la reelección de Bernanke. Creo que, salvo el error conjunto con otras instituciones y tremendo de dejar caer Lehman Brothers, ha gestionado muy bien el estallido de una de las peores crisis de la historia, con todas las medidas extraordinarias de liquidez que ha llevado a cabo. Además, lo último que necesita ahora la recuperación económica es la incertidumbre de un cambio en la presidencia de la Reserva Federal. ¿No os parece?

Por cierto, ayer Bernanke empezó su gira de dos días ante el Congreso y el Senado americano, entre las críticas de los políticos de que la Fed ha excedido sus funciones de controlar la política monetaria durante esta crisis. Bernanke dijo que si no lo hubiera hecho el sistema se habría hundido y mostró un mensaje ligeramente optimista sobre la recuperación de la economía. Wall Street, que durante sus palabras redujo las ganancias, acabó cerca de máximos del día. Este miércoles hablará de nuevo.

Aunque soy un seguidor de las teorías de Nicholas Nassim Taleb, últimamente me estaba empezando a parecer un charlatán, otro más en la lista de agoreros que anuncian el fin del mundo financiero, pero sin aportar soluciones e ideas innovadoras para salir de aquí. Un crítico, un provocador y ácido crítico, pero nada más. Sin embargo, un artículo suyo que he leído hoy me ha devuelto la confianza en su figura.

Se trata, en concreto, de un par de párrafos de un artículo publicado por el ensayista y ex broker financiero en el diario Financial Times y que Expansión recoge hoy. Nassim Taleb desglosa los 10 mandamientos para evitar otro colapso financiero, y hay algunos en mi opinión más acertados (y evidentes al calor de lo que ya ocurrido) y otros menos, como ese que dice que “Los ciudadanos no deberían depender de activos financieros o de consejos ‘potencialmente erróneos’ de expertos para su jubilación”. Me parece una auténtica barbaridad.

Pero a mí, lo de que de verdad me ha gustado, han sido los parrafos del final, los que pone a modo de resumen de su visión: “Debemos ir al capitalismo 2.0 de forma voluntaria, permitiendo que lo que debe romperse se rompa sólo, convirtiendo deuda en acciones, marginando al establishment de la economía y las escuelas de negocios, liquidando el premio Nobel de Economía, prohibiendo las compras apalancadas de compañías (leveraged buy outs), poniendo a los banqueros a hacer lo que debería ser su trabajo, recuperando los bonus de aquellos que nos han llevado donde estamos, y enseñando a la gente a navegar en un mundo con menos certezas.

Entonces veremos que nuestra vida ecológica se acerca a nuestro entorno biológico: compañías más pequeñas, una ecología más diversa y no apalancamiento. Un mundo en el que los emprendedores, no los banqueros, asumen los riesgos y en que las compañías nacen y mueren todos los días sin necesidad de ser noticia. En otras palabras, un lugar más resistente a los cisnes negros”.

Estas teorías coinciden en buena parte con ideas a las que llevo dando vueltas desde hace tiempo. Un capitalismo generado a partir de redes más pequeñas, con nodos que acaparan menos poder, un sistema que va de las redes de relaciones económicas absolutamente centralizadas a las distribuidas, con herramientas para comuncarse como las redes sociales profesionales y especializadas, que irán avanzando y adaptándose al entorno, formando una nueva relación entre los actores presentes en las actividades económicas.

Sé que parece algo complejo, pero no lo es tanto: estamos ante una oportunidad histórica para que llegue, de verdad, un capitalismo 2.0, mucho más profundo de lo sugerido hace un año por Bill Gates en Davos. Un capitalismo donde hay más conversación real y menos mensajes unidireccionales de los grandes gigantes financieros y estructuras económicas al resto del mundo.

En fin, me explayaré más en estas ideas en post venideros.

Felices pascuas.

Ya hemos hablado aquí más de una vez de Nicholas Nassim Taleb, autor del best seller El Cisne Negro y de sus vehementes posturas sobre los bancos y las entidades financieras. La entrevista que hoy le ha hecho Bloomberg TV en la cumbre económica de Davos no tiene desperdicio. Para empezar, le preguntan si tendremos que llegar a la nacionalización de los bancos. ¿Cuál es su respuesta? “Es absolutamente necesario, porque los contribuyentes estamos en el peor de los mundos: con lo peor del capitalismo y lo peor del socialismo”.

Si pincháis en la imagen iréis a la página de Bloomberg donde está el video (en inglés)

La reportera le replica que quizá esa no sería la solución ideal, que en Europa hay bancos públicos y son tremendamente burocráticos e ineficientes. Nassim Taleb le corta y le dice que los bancos siempre son así, que siempre nos hacen lo mismo, que habría que prohibirles tomar riesgo, porque saben que al final les vamos a rescatar. “Nos tienen como rehenes”, dice.

En fin, son declaraciones propias de una figura que ya se ha convertido en un polemista, que precisamente cobra de sus ponencias y de las ventas del libro que seguro debe estar a punto de sacar a la luz (es una especulación, no sé si lo está preparando, pero si no lo hace estaría perdiendo una oportunidad histórica de hacer otro best seller). Y desde mi punto de vista hay que medirlas desde la distancia, pero seguro que más de uno y más de dos están en su línea de pensamiento.

Hola, no me he vuelto loco, no. No he convertido este blog en uno de cocina (aunque os pego aquí esta receta del chef Doublas para el pavo en cuestión), no. Ni siquiera se debe al hambre que tengo porque todavía no he cenado, no.

Veréis, este jueves, todos los estadounidenses se reunen en familia para celebrar Acción de Gracias. Como imagino que sabréis, el plato estelar de la velada es el pavo trufado. Y eso me ha recordado un grafiquísimo ejemplo que ponía Nicholas Nassim Taleb en su libro El cisne negro, y que también explica por qué los inversores siempre acabamos cayendo en los desplomes de las bolsas tras años de subida.

Imaginad que sois un estadounidense y mañana, después de degustar el pavo esta noche, decidís que váis a comprar uno y lo váis a estar alimentando durante un año hasta que llegue la siguiente Acción de gracias. El primer día el pavo está tremendamente desconfiado y asustado. Le han sacado de su espacio vital, de su ambiente, está temeroso de ese humano que se lo ha llevado en el maletero de un coche a casa le haga daño. Al darle el dueño de comer ese día, el animal picotea con miedo.

Este pavo se ha salvado de la quema (como pocos inversores evitan el desastre en sus carteras). Foto del Charlotte Observer

Al día siguiente, sin embargo, pasa a tener un poco menos de temor cuando ve que el humano le acerca otra vez la comida. Y al siguiente, un poco menos. Y así sucesivamente. Cada día que pasa, el pavo confía más en su dueño. Y más y más. Así, el día 364º es el que más confiado está. Y el 365º cuando está plenamente seguro del cariño que le tiene su amo… ¡Zas! Le cortan la cabeza y le meten al horno.

En los mercados ocurre algo similar. Cuando más confiado está el inversor, después de mucho tiempo de subidas, es cuando le sueltan le cae el hacha encima, como ha pasado en el último año. Y no podemos imaginar la magnitud del desastre, hasta que ocurre. Somos incapaces de predecirlo casi siempre. Nuestro engañosa seguridad en nosotros mismos nos confunde.

En la situación actual, puede que estemos como el pavo en sus primeros días en la casa del nuevo dueño, asustados porque creemos que el mundo nos ha cambiado completamente, e incapaces de pensar que nos quedan un montón de días de recibir buenos alimentos, en forma de rebote con algo más de consistencia. ¿No os parece? Y además el rally navideño está a la vuelta de la esquina.

En fin, veremos que tal evolucionan las ventas en este viernes, conocido como Black Friday, por ser el día en que los comercios venden tanto que logran entrar en ganancias (números negros y no rojos) en el año. Esta vez no creo que ni este día de consumismo desbocado pueda lograr hacer honor a su nombre.

P.D. Los mercados, tan tradicionales ellos, parecen dispuestos a cumplir este año la tradición que dice que Wall Street casi siempre sube entre el día anterior y el posterior a Acción de Gracias, que permanece cerrado por festivo. El miércoles el Dow Jones subió casi un 3%, veremos que hace este Good Friday, en el que sólo abre media sesión.

De los miles de debates sobre la crisis que se pueden escuchar, hay uno que a mí me llama la atención. Para muchos expertos, la crisis de la banca de inversión en Wall Street, la explosión de la burbuja de crédito y el desplome de la vivienda han sido un cisne negro. Es decir, algo no esperado. Para algunos otros, en cambio, esto era previsible, tenía que pasar.

Como periodista que soy, voy a recurrir a la fuente para intentar analizarlo bien. Por eso, os presento este par de videos de Nicholas Nassim Taleb, el padre del concepto del cisne negro. Para él, evidentemente no lo ha sido, ya que llevaba avisando del desastre que generarían las medidas de control de riesgo tradicionales desde hacía mucho tiempo.

Primero, os dejo este resumen que hizo de sus teorías en el programa redes Eduard Punset, quien por cierto es un enamorado de las teorías de Nassim Taleb.

A continuación, os enlazo estas dos más recientes, después de la crisis, ambas están en inglés. Primero, ahí va éste de la CNBC.

Y este otro en el que se enfada un poco, pero no mucho.

En fin, a mí, como he comentado esta mañana con Nuño Rodrigo, que mencionaba a los cisnes negros en un artículo hoy en Cinco Días, me parece que el estallido de la burbuja de crédito no ha sido un cisne negro, pero quizá sí la violencia de la misma. Por cierto, y como anécdota para terminar el post, para Nassim Taleb uno de los mayores cisnes negros de la historia es el uso de la corbata. Nunca la lleva.

Lo malo de seguir las bolsas minuto a minuto es que se puede llegar a perder la perspectiva y el contexto. Hoy y ayer he leído en algunos periódicos, en diversos blogs (incluso el gran Gurusblog) y en varios twitts de gente a la que sigo, como José Antonio del Moral, de Alianzo, que los mercados habían recibido mal la noticia porque caían al día siguiente, con Wall Street cediendo más de un 5 por ciento ayer.

Yo creo que esto es como ver sólo cinco minutos de un partido de fúbol en los que el equipo B marca un gol y decir que ha ganado, cuando en realidad iba perdiendo 5-0 hasta entonces. En las bolsas ha pasado lo mismo: en la última semana, mientras la brecha de Obama frente a McCain se abría definitivamente, Wall Street había subido casi un 20 por ciento.

Este fuerte rebote quizá se originó precisamente porque algunos inversores en Wall Street empezaron a comprar pensando en el aire fresco que trae Obama.  Y quizá, algunas de esas compras provocaron cierres de cortos en muchos valores, lo que prolongó la reacción al alza los índices; y quizá esos cierres de cortos llevaron a otros inversores a pensar que había que subirse en el tren del mercado porque el tradicional rebote de fin de año había llegado.

Y reitero el “quizá” porque tratar de argumentar los movimientos a corto plazo de estos mercados tan volátiles es sólo una muestra más de las limitaciones del ser humano, de que necesitamos fabricarnos explicaciones de la realidad a nuestra medida, crearnos un mundo que quepa en nuestra cabeza, aunque eso suponga simplificar una realidad hipercompleja.

Aquí, otra vez vienen a mi mente Nassim Taleb y su teoría de la falacia narrativa (a él no le va del todo mal pensando así), y Warren Buffett y su mentor Ben Graham, con su filosofía de los mercados como ‘voting machine’ en el corto plazo frente a los mercados como ‘weighting machine’ a largo (tampoco le ha ido mal con esta fórmula durante su vida, desde luego).

En fin, mi conclusión para el análisis del tema Obama y las reacciones de los mercados, siendo consciente de estas limitaciones:
- La llegada de Obama SÍ ayudó a los mercados, les trajo esperanza, aire fresco, que eran lo que necesitaban muchos inversores en los peores momentos de la semana pasada.
- Parece que a Obama le podría apoyar (ya veremos cómo) gente como Krugman, Buffett o Rubin, yo creo que el mercado lo valorará a largo plazo. Si me apuran, incluso veo por ahí a Soros, que ya asesoró a Gordon Brown en su alabado plan de rescate bancario.
- Se ha vuelto a cumplir el viejo aforismo de compra con el rumor y vende con la noticia.
- Tras el soplo fresco, ahora el mercado necesita más buenas noticias, como un plan de ayuda para las familias más endeudadas (¿Por qué no una quita de deuda?). Y hay que recordar que entre los demócratas se aprobó con mayoría absoluta el famoso ‘Plan Paulson’ o TARP.
- Ahora, y aquí sí le doy la razón a los amigos de GurusBlog, “ni Obama es Dios ni va a arreglar el mundo en dos días”.

Todo esto, con matices, porque yo creo que el mercado se mueve ahora mismo por factores técnicos que se nos escapan, como hedge funds liquidando posiciones, el inicio de las compras de activos tóxicos en Estados Unidos o la posible intervención de los páises asiáticos en los mercados de divisas.

Pero si algo tengo claro es que los mercados siempre van por delante, casi nunca por detrás, salvo en situaciones imprevisibles y “cisnes negros”.

El pasado mes de julio, cuando yo todavía trabajaba en elEconomista, realizamos una encuesta entre numerosos analistas y gestores preguntando dónde podría estar el suelo de los mercados en verano. La mayoría de opiniones estuvieron en la zona de 10.700 y 11.000 puntos, con unos más cercanos y otros más lejanos a esa cifra. Pero hubo una respuesta muy particular.

Tan peculiar y especial que no la pude incluir en el gráfico que hicimos con los niveles que estimaba cada experto. Fue la de Álvaro Arístegui, de Interdín, que dijo esto: “No entiendo de suelos, yo diría que no hay. En2003 llegamos a 5.500 puntos… ¿Por qué no ahora si el tema es mucho peor, con burbuja inmobiliaria y crediticia, sobrevaloración de activos, desaceleracion económica, paro, inflación, etc.?”, se preguntaba.

Hoy, con el Ibex habiendo llegado a perforar los 8.000 puntos durante algunos momentos de la sesión, las divisas alocadas y con los futuros americanos cayendo el máximo permitido me han venido a la mente aquellas palabras de Arístegui. Y ha sido por dos razones: primero, por su evidente acierto en el diagnóstico. Su visión es la que más se ha acercado a la realidad.

Y segundo, por la frase del principio de la cita que os he copiado, la que he llevado al titular de este post. “No entiendo de suelos, yo diría que no hay”. ¿Pero por qué los buscamos? Yo creo que es una necesidad del ser humano ante la inmensidad del mundo: lo vemos tan complejo e inabarcable que necesitamos fijarnos referencias para no sentirnos perdidos. Es como cuando llegas a una gran ciudad y sientes la urgencia de identificar calles o edificios que te sirvan como referencia.

El pasado martes yo razoné 10 argumentos para pensar que ya estabamos tocando suelo, pero desde entonces el mercado ha caído casi otro 15 por ciento más. Y no sólo yo, también cité en aquel post a gente que lo ha hecho tan bien durante las caídas como Bolságora y que también empezaba a ver tierra firme para un posible rebote.

Mi conclusión: quizá no estemos en la mejor época para hacer razonamientos, quizá cada vez que razonamos en un mercado tan roto como éste, cada vez que le intentemos buscar un suelo, quedaremos en evidencia. Y sólo sabremos si aquello era un suelo mucho tiempo después. Mientras tanto, quizá nos engañamos con lo que Nassim Taleb llama “falacia narrativa”.