August 2009

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Dicen los titulares de prensa internacional que Japón ha vivido uno de los mayores vuelcos electorales de su historia, el primer cambio de partido en el gobierno después de 54 años en los que el Partido Liberal Demócrata ha estado al frente. El batacazo para este último ha sido de órdago: ha pasado de 303 a 119 escaños. Nada más y nada menos.

Yukio Hatoyama, nuevo primer ministro nipón

Yukio Hatoyama, nuevo primer ministro nipón

Tiene un gran significado este movimiento de los japoneses. Que una sociedad tan conservadora desde el punto de vista político pegue sacudidas de este tipo a los gobernantes por la crisis económica resulta un aviso a navegantes de lo que se puede venir por delante, un adelanto de grandes vuelcos electorales en las elecciones de los países desarrollados.

El primer gran giro ya lo vimos el año pasado también en Estados Unidos. Sin embargo, su significancia quedó un tanto rebajada por la fuerza de la marca Obama. El resultado entonces se vio más como el resultado de una nueva forma de hacer política y acercarse a la sociedad que como un duro golpe de castigo al Gobierno en el poder. Y en realidad, en Japón también ha sucedido lo mismo, aunque la figura de Hatoyama como profeta del cambio no haya copado tantas portadas occidentales como la del presidente americano.

Me dirán que esto no pasó el año pasado en Europa con las elecciones que se celebraron en Italia y España. El caso italiano siempre es difícil de analizar para alguien externo por la complejidad de sus sistemas, allí caben todo tipo de excepciones. En el caso de España, todavía no había estallado lo peor de la crisis. Es más, desde el partido en el Gobierno se jactaban entonces de resistir “la desaceleración” (que decían) mejor que el resto de Europa.

Claro, obviaban que estábamos todavía más alto que nuestros países vecinos porque ellos se estaban cayendo desde un primer piso y nosotros desde un rascacielos. Así, ellos ya parecen haber llegado al suelo e intentan recuperarse mientras por aquí seguimos sin encontrarlo y cuando lo hagamos el dolor será tan fuerte que nos costará una barbaridad levantarnos.

Los vuelcos electorales seguirán llegando, y la única duda es con cuánta fuerza. Angela Merkel, por ejemplo, ya le ha visto las orejas al lobo con la pérdida de poder de su partido en varios estados clave, y eso que aparentemente la economía alemana repuntó en el segundo trimestre. Según las encuestas previas a esta votación, Merkel todavía tenía bastante margen sobre su rival, 15 puntos percentuales, pero no se puede descartar que para mantenerse en el Gobierno dependa de pactos con otros partidos que están ganando cuota.

Quizá le salve que la competencia política, como también pasa en Italia o España el año pasado, no tiene ninguna figura carismática emergente; ningún candidato ilusionante que parezca agitar la bandera del cambio radical, como ha sucedido en Estados Unidos y Japón, que permita soñar con salir de la pesadilla a los ciudadanos. Pero sin duda habrá que estar muy atento a estos comicios, que son el próximo 27 de septiembre.

Usain Bolt ha destrozado los cronómetros en Berlín. Ha corrido los 100 y los 200 metros en unos tiempos impensables para un ser humano. También hemos visto récords mundiales en los pasados mundiales de natación. No sólo del extraterrestre Michael Phelps, sino de otros muchos que lo han conseguido, dicen, gracias a los nuevos materiales de los trajes. Pero la velocidad va mucho más allá del deporte: también afecta a nuestro entorno y, sobre todo, a la economía y los mercados.

De hecho, las bolsas mundiales también han marcado este 2009 un nuevo récord mundial de velocidad. En ninguna otra gran crisis, los índices habían recuperado tanto terreno con tanta velocidad como en la presente. Estos datos no se han visto demasiado en los titulares, como pasa con Bolt o Phelps, pero la marca también ha sido de hazaña, más de un 50 por ciento en menos de medio año. No es una anécdota, ni mucho menos.

Se trata de un claro reflejo de los tiempos en los que estamos, de nuestras vidas, de nuestros sistemas comerciales y financieros. Es más, me atrevo a decir que es la gran diferencia con la crisis de 1929, un factor a mi juicio tan importante o más que las medidas de los bancos centrales (han funcionado por lo rápido que se han podido aplicar), a pesar de que en la mayoría de las comparaciones que solemos hacer con la Gran Depresión obvian este detalle.

Y eso se traslada también a la forma de tomar decisiones en el mercado. Sólo pensemos en cómo se negociaban las acciones por aquellos tiempos, en los que prácticamente había que realizar el trámite de cambiar un papel por dinero, cuando ahora se cierran en milisegundos.  De hecho, según leo en el blog Comunidad en la Red, el bróker que más cuota de mercado ha arrancado en Estados Unidos se ha basado precisamente en eso, en velocidad. Curiosamente su nombre tiene cierto parecido con el del atleta jamaicano, ya que también tiene cuatro letras y empieza por b: Bats.

Lo mismo ocurre con la gestión de los inventarios empresariales. Con los sistemas tecnológicos de gestión de ventas e ingresos en tiempo real (en cuanto el consumidor paga en la caja), las compañías más preparadas han podido identificar en tiempo real el frenazo del consumo y han sido mucho más flexibles a la hora de reducir sus pedidos y sus gastos. De hecho, los ajustes de los inventarios de EEUU en el tercer y cuarto trimestre de EEUU también fueron de récord mundial, lo que ha provocado que los resultados recientes hayan superado las estimaciones.

La pega es que esto nos sitúa ante un reto evidente: cuanta mayor velocidad tengamos a nuestro alcance, más posibilidades tenemos en nuestras manos, pero también mayor responsabilidad y mayores riesgos. Tenemos que tomar decisiones acertadas en un mundo que se mueve en milisegundos. Y si nos equivocamos, será mucho más difícil hacerlas volver atrás. Quizá ahí estuvo realmente el punto álgido de la crisis para los mercados, con la quiebra de Lehman Brothers, y quizá ahí también estará la recuperación. El mercado sigue acelerando, habrá que agarrarse fuerte.

Nota: este artículo también lo he publicado en el blog No brain no gain de Cotizalia.

Está claro: cuanto más cantada parece para muchos una recogida de beneficios más tarda en llegar y más inversores se quedan con la boca abierta y con las posiciones bajistas temblando. También está claro que cuanto más sube el mercado más cerca está el día en que haya una corrección más o menos sería, lo difícil es saber si todavía falta mucho hasta que llegue ese momento o ya estamos en las inmediaciones.

Las bolsas han dado hoy otra señal de fortaleza importante: de nuevo ganancias en casi todos los índices, que en el caso del Ibex 35 le lleva cerca de los 11.500 puntos. Por si no nos acordamos, hace menos de medio año cotizaba por debajo de los 7.000 puntos.

Lo incuestionable, salvo para los obsesionados con la crisis que siguen pensando que las grandes autoridades mundiales están manipulando estadísticas y resultados para engañarnos a todos, es que de momento, es que hay señales de mejoría evidentes en algunas de las principales economías del mundo. En Estados Unidos hoy se han conocido otro par de datos interesantes.

El índice de precios de la vivienda S&P/Case-Shiller ha repuntado por segundo mes consecutivo. Vale, todavía cae más de un 30 por ciento desde mínimos, pero se trata del repunte más importante desde principios de 2006. Todavía es pronto para pensar que es el inicio de una recuperación sostenible, pero los vientos están cambiando.

Además, el dato de confianza del comsumidor que mide el instituto Conference Board subió en el último mes bastante más de lo previsto y ha vuelto a situarse por encima de 50 puntos, barrera en la que se suele situar la diferencia entre niveles de expansión y contracción.

Según la nota de prensa, las expectativas de los ciudadanos estadounidenses se han situado en el nivel más alto desde diciembre de 2007, sobre todo gracias a las mejores perspectivas sobre el mercado laboral, aunque apenas se ha trasladado al optimismo sobre obtener más ingresos, que suele ser lo que más pesa en el consumo final.

Puede que sigamos viendo ensalada de datos: unos cuantos buenos, como éstos, y otros tantos malos, pero desde luego esto no se parece en nada en los que veíamos hasta abril o mayo, cuando prácticamente cada lectura de un indicador económico era peor que la anterior.

Las últimas subidas de los índices han convertido a la actual reacción de los mercados bursátiles en la mejor resurección de todas las muertes que en el último siglo habían vivido. O mejor dicho, la más fuerte y más rápida, superando al rebote posterior a 1929. Lo he visto en este gráfico que os pongo a continuación visto en el recomendable blog dshort.com.

Por un lado, casi resulta un alivio que la línea se aleje un poco de la trayectoria de los índices tras el estallido de la Gran Depresión porque hasta ahora sus comportamientos eran casi idénticos. Y eso asustaba un poco.

Respecto a la celeridad, aquí a mí me parece lógico. Todo es más veloz en esta crisis que las anteriores. Y es lógico porque contamos con tecnologías que aceleran las posibilidades de los agentes económicos y financiero como nunca antes.

En 1929 habría sido imposible, entre otras cosas, que la gente de dshort hubiera hecho el gráfico que os adjunto y que yo lo hubiese visto minutos después y ahora os lo muestre aquí. Pues eso mismo ocurre con la gestión de la política monetaria, los inventarios en las empresas, el efecto de las medidas de los bancos centrales…

Un susurro en mi oreja derecha. Jueves de la semana pasada, a las 14 horas: “Vicente, Vicente, Mira que bien, las economías alemana y francesa han vuelto a crecer; la Reserva Federal y el BCE han sido optimistas o al menos esperanzadores en sus últimos mensajes; gigantes del consumo como Wal-Mart han tenido resultados mejores de lo esperado… Anda, igual deberías invertir un poco más para aprovechar la recuperación”.

Una voz en mi oreja izquierda. El mismo día, dos horas más tarde. “Ni hablar. No le hagas caso: vende todo lo que tengas. La cosa está muy malita. Mira, fíjate: las ventas minoristas han vuelto a caer inesperadamente en Estados Unidos; las peticiones semanales de desempleo también han subido contra pronóstico allí. Y eso que te dice el ángel de Wal-Mart tiene truco: los resultados fueron buenos por ajuste de costes, pero no por ingresos, que dieron pena. Y además la cadena alemana Escada se ha declarado en quiebra. Yo vendía y a disfrutarlo”.

Perdonadme la licencia de presentaros la historia así, pero es que refleja con bastante fidelidad lo que me pasó ese día. El viernes me iba de vacaciones unos días y estaba dándole vueltas a qué hacer con mis posiciones. La subida desde mínimos ya era muy alta y, como muchos ahorradores como yo, andaba pensando si recoger parte de las ganancias acumuladas en mi cartera de acciones.

Y en estas, las noticias no podían ser más difíciles de interpretar. Hay casi tantos argumentos para ser optimistas con el futuro económico como pesimistas. Y en mi opinión vamos a seguir así durante un buen tiempo. Esta estabilización y recuperación económica se va a distinguir precisamente por eso: por un baño de contrastes continuo, por una dicotomía estadística que a más de uno le acabará produciendo esquizofrenia financiera. Cuanta más arena veas en la playa, más cal tendrás en tu lavadora.

Pero es que además la situación se refleja en los bruscos movimientos que ya estamos viendo en los índices de sentimiento del inversor. Por ejemplo, la semana pasada había el doble de ahorradores confiados en próximas subidas en las bolsas, según la encuesta de la American Association of Individual Investors, que un mes antes. En concreto, el 51 por ciento de la última lectura, frente al 27,9 por ciento de la primera de julio.

Y esto, a su vez, genera más dudas para quienes estamos atentos a las teorías del comportamiento y de la opinión contraria: si tanta gente se ha vuelto optimista quizá sea porque está llegando el momento de salir del mercado. ¿No? ¿Qué hacer entonces? ¿Aprovechar la inestabilidad del tiempo para salir a surfear o quedarse en casa leyendo un buen libro y jugando de vez en cuando con los sobrinos a la wii?

En mi caso, cuando el ángel y el demonio volvieron para preguntarme qué pensaba hacer, les pedí a ambos que me dejaran en paz. Y durante un buen tiempo. En las próximas semanas y meses los que estamos muy pendientes del mercado vamos a vivir muchas situaciones de estrés como esta, muchísimas. Se avecina un periodo largo de confrontación continua entre el bien y el mal, entre el “mejor de lo previsto” y el “peor de lo estimado”. Y en esa batalla permanente habrá que encontrar el equilibrio, más vale estar descansado y preparado para ello. Por cierto, al final no toqué mi cartera.

Nota: este artículo también se publica hoy en mi blog “No brain no gain” en El Confidencial.

Si las búsquedas que hacemos en Internet representan de alguna manera nuestro estado de ánimo respecto a la economía, la esperanza ha cogido la bandera en los últimos meses. Acabo de echar un vistazo a Google Treands, la web de Google para comparar las búsquedas de determinadas palabras, y he encontrado un resultado interesante.

La diferencia entre las búsquedas de la palabra “recovery” (recuperación) y la palabra “crisis” se ha ampliado hasta niveles no vistos desde hace dos años, en el verano de 2007. Queda así muy lejos de lo que sucedió en septiembre y octubre del año pasado, cuando “crisis” llegó a superar y con mucha distancia las búsquedas de su polo opuesto.

Esta mejoría en el estado de ánimo también se refleja en la gráfica de las referencias a ambas palabras en artículos de medios de comunicación. Como se ve en el gráfico bajo estas líneas, la enorme distancia entre ambos términos a favor de “crisis” se ha ido reduciendo paulatinamente hasta casi encontrarse en el inicio del verano. Ahora ambas han caído por el efecto vacaciones.

Como siempre, estos son los datos. Ahora llegan las interpretaciones. Para muchos, el hecho de que ahora estemos como antes del estallido de la crisis puede indicar que estamos recuperando cofianza, para otro todo lo contrario, que si antes del estallido estábamos así, también puede llegar tras el verano otro zarpazo económico.

Geisha se creía un marinero. Cuando era pequeño, lo encontraron atrapado unos pescadores japoneses en sus redes y decidieron incorporarlo a la tripulación de su barco como mascota. Y allí vivió hasta que acabó recalando en el Loro Parqué de Tenerife. Lo curioso es que, según vi en un reportaje en televisión, al principio hubo que realizarle un intenso proceso de educación, ya que tenía problemas de personalidad: se creía un marinero.

Geisha había sufrido las consecuencia del efecto anclaje, el mismo que ya os conté que tienen por ejemplo los ansarinos al nacer. Y esto generaba una situación preocupante para el animal: se comportaba de manera distinta a como tenía que hacerlo, a sus objetivos vitales. A mí, que ando buscando patrones de este tipo para entender la realidad a la hora de tomar decisiones de inversión, me resultó familiar esta historia.

¿Es posible que al invertir repliquemos el comportamiento de los primeros a los que hemos visto hacerlo, o al menos tomemos decisiones de la misma manera o claramente influidas por ellos? Yo, a falta de experimentos que lo confirmen, diría que en muchos casos así sucede.

Cuando empiezas a invertir, sueles preguntarle primero a algún conocido que ya tiene experiencia en el mercado. Su respuesta y sus comportamientos se convierten entonces en tu primera referencia real en este mundo. Es lo único a lo que puede agarrarse nuestro subconsciente, nuestro único mapa para moverse por este mundo de las inversiones, al menos hasta que encuentre otro mapa para comparar o desarrolle el suyo propio (me temo que en muy pocos casos).

Y creo que esto provoca, como en el caso de Geisha, graves problemas para los inversores que tienen esta facilidad con los anclajes. Primero, porque probablemente se asocien a una idea equivocada de la realidad: mucha gente miente al hablar de inversiones concretas. Hay una tendencia a contar los pelotazos que has dado con determinado título y cómo lo has hecho y a “olvidar” las fuertes pérdidas en otros.

Pero segundo, y más importante, porque las soluciones y la forma de gestionar el ahorro de un inversor no suele servir para otro. Cada uno debe plantearse primero cuánto dinero quiere invertir; cuántas pérdidas está dispuesto a asumir; en qué plazos… Y especialmente qué objetivos tiene con la rentabilidad que espera obtener (¿La educación de sus hijos? ¿Comprarse un deportivo? ¿La jubilación?). Y en esto es muy difícil que dos inversores seamos exactos.

Geisha nunca habría sido un buen marinero, no estaba en este mundo para eso, sino para vivir en su comunidad de pingüinos, criar y perpetuar la especie, algo que consiguió tras su proceso de educación en el Loro Parqué de Tenerife. Los inversores que hemos dado nuestros primeros pasos mimetizando los de quienes pasaban por allí quizá también lo necesitemos.

Nota: este post se publicó también el jueves en mi blog “No brain, no gain” en El Confidencial

Atención a todos los que seguís indicadores de opinión contraria. En la encuesta de esta semana de la American Associaton of Individual Investors (AAII), ya hay más de un 50 por ciento de inversores que se muestran optimistas (bullish) sobre el futuro de los mercados en las próximas semanas, algo que no sucedía desde mayo de 2008.

Gráfico realizado a partir de los datos de AAII

Gráfico realizado a partir de los datos de AAII

Esta cifra supone casi el doble de la registrada en la lectura de principios de julio, cuando este indicador de sentimiento tocó mínimos de los últimos meses. En concreto, entonces se quedó en el 27,9 por ciento, frente al 51,1 por ciento en el que está ahora. Por el contrario, el sentimiento bajista ha perdido muchos adeptos. En sólo un mes ha pasado del 54 por ciento hasta el 33 por ciento.

Como bien sabéis, una de las lecturas más habituales de estos datos es que, quien se declara optimista es porque ha comprado acciones y quien se muestra pesimista todo lo contrario: ya ha vendido. Por lo tanto, cuanta más gente sea optimista menos quedan por comprar y más por vender. Lo que explica que la anterior ocasión que el indicador de sentimiento cotizara en estos niveles concidió con un pico del mercado.

Lógicamente, no quiere decir que vaya a ocurrir de nuevo lo mismo, pero sin duda se trata de una pista a seguir de cerca por quienes tienen en cuenta estos indicadores.

Los últimos dos agostos fueron horribles en cuanto a noticias sobre la crisis económica, pero en esta ocasión está sucediendo todo lo contrario. Entre hoy y ayer se ha conocido noticias que dan sustento al buen comportamiento de los mercados desde mínimos: la principal sorpresa ha venido del centro de Europa. Resulta que las economías de Alemania y Francia crecieron en el segundo trimestre. En ambos casos, un 0,3 por ciento.

El consumo ha tirado de la economía francesa

El consumo y la balanza comercial han tirado de la economía francesa en el segundo trimestre, como se ve en el gráfico. También de la alemana.

Ha sido una noticia que ha sentado muy pero que muy bien al mercado. El Ibex ha hecho la enésima demostración de fortaleza y se ha ido por encima de los 11.100 puntos. El resto de índices de los grandes mercados europeos también avanzan más de un 1 por ciento y marcan nuevos máximos anuales.

El caso de las economías alemana y francesa resulta peculiar y hasta difícil de entender para los españoles por la dificultad para establecer una comparación útil. Allí la burbuja inmobiliaria no se había hinchado en los últimos años y, por lo tanto, el dolor en este sentido y en cuanto a destrucción de empleos ha sido bastante menor que en nuestro país o en Reino Unido.

Y tanto en Alemania como en Francia el consumo ha sido uno de los factores que ha influido para bien en el crecimiento del PIB, junto con el saldo positivo entre exportaciones e importaciones. Es decir, no se trata sólo del efecto del mayor gasto público de los gobiernos que están citando muchos que desconfían de que estos datos sean representativos.

Lo cierto es que han coincidio con dos días de mensajes positivos desde los dos principales bancos centrales. Ayer la Reserva Federal americana afirmó que “la actividad económica se está estabilizando” y que “las condiciones en los mercados financieros todavía han mejorado más en las últimas semanas”. El BCE ha escrito en su informe mensual que “el ritmo de la contracción se ha moderado claramente” y que la “contracción global podría haber tocado fondo”.

También dice que espera crecimientos negativos en las economías europeas en los próximos trimestres, pero que a lo largo de 2010 podrían empezar a verse crecimientos positivos, algo que ya habría ocurrido en el caso de Alemania y Francia según los datos conocidos este jueves, aunque también hay que recordar que se trata sólo de la primera lectura, que puede ser revisada al alza o a la baja.

P. D. El día también ha tenido su punto negativo, con la caída inesperada en Estados Unidos de las ventas minoristas el pasado mes.

Cuando uno se imagina una negociación para una compra o una fusión se imagina a los actores del proceso de riguroso traje y rodeados de abogados. Todo lo contrario a las imagenes que os muestro y que acabo de ver en Techcrunch del acuerdo entre la gente de Facebook y Friendfeed, en una operación por la que el gigante de las redes sociales comprará a uno de sus rivales por unos 50 millones de dólares, según se dice. Las fotos las públicó Paul Buchheit, uno de los cofundadores de Friendfeed en su página personal en esta web, con el título “Después de firmar los papeles”. Ahí van

A la derecha del todo Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, con su polar y su pantalón corto. A su izquierda tres de los cuatro cofundadores de Friendfeed: de izquierda a derecha, Paul Buchheit, Bret Taylor y Jim Norris. A la izquierda del todo el director de desarrollo corporativo de Facebook, Vaughan Smith.

A la derecha del todo Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, con su polar y su pantalón corto. A su izquierda tres de los cuatro cofundadores de Friendfeed: de izquierda a derecha, Paul Buchheit, Bret Taylor y Jim Norris. A la izquierda del todo el director de desarrollo corporativo de Facebook, Vaughan Smith.

Como bien se dice en este post de Techcrunch, es posible que las fotos no sean tanto de la firma del contrato o de la parte final de la negociación, como de una reunión posterior para celebrarla. Pero para el caso que comento no importa: sólo el hecho de publicar estas fotos tan desenfadadas el día del acuerdo de una operación de tal calado ya muestra detalles de este nuevo estilo de hacer negocios.

De izquierda a derecha, Mark Zuckerberg y Vaughan Smith, por Facebook; Paul Buchheit, Jim Norris y Bret Taylor, por Friendfeed.

De izquierda a derecha, Mark Zuckerberg y Vaughan Smith, por Facebook; Paul Buchheit, Jim Norris y Bret Taylor, por Friendfeed.

Por cierto, que repasando la operación, por los pocos detalles que se conocen hasta ahora se podría decir que Facebook paga la “compra” de cada usuario de Friendfeed (tiene alrededor de 1 millón) en unos 50 dólares, prácticamente la misma valoración que Facebook (que superan los 250 millones de dólares) hizo de los suyos cuando el fondo ruso DST entró en su capital el pasado abril.

Interesante también la valoración por empleado que sale de la operación: como en friendfeed sólo trabajaban 12 personas, por lo que cada una “valdría” casi 5 millones de dólares. Sé que estas valoraciones no son nada significativas de la marcha de los negocios, facturación, ebitda y demás, pero son los únicos datos que tenemos para intentar hacer alguna comparación con otros negocios.

Y ahora, la pregunta para muchos que todavía están iniciándose en Facebook y han oído hablar de Twitter, pero aún no han creado cuenta: ¿Qué es Friendfeed? Pues stambién e trata de un servicio en el que los usuarios pueden compartir información, contenidos o conocimientos con otros usuarios. Su peculiaridad es que permite agregar lo que se genera en tus blogs y otros servicios y redes sociales. Por ejemplo, en mi usuario en Friendfeed yo tengo conectada mis cuentas de Twitter, Facebook, WordPress y Google Reader.

Por cierto, que Facebook ha iniciado la fase beta con un nuevo servicio que ha puesto en marcha: Facebook Lite. A este ritmo de crecimiento, me pregunto si se plantean la salida a bolsa o esperarán a ser rentables para dar ese paso.

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