February 2009

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Leo en el interesante blog financiero Calculated Risk los datos que hoy mismo se han publicado sobre la situación de los restaurantes en Estados Unidos. El último informe muestra un ligero repunte de la actividad, pero las cifras siguen siendo muy negativas. En concreto, la actividad se sitúa en niveles de contracción por 15º mes consecutivo.

Evolución del índice de actividad de la Asociación Nacional de Restaurantes de EEUU

Evolución del índice de actividad de la Asociación Nacional de Restaurantes de EEUU

No es ninguna novedad que la crisis afecta a estos comercios. Imagino que la mayoría habéis tenido experiencias de restaurantes en los que era imposible reservar hace un año y en los que apenas hay problema ahora. A cambio, nos hemos pasado a los restaurantes de comida barata, como McDonalds, quien tiene unas buenas previsiones para este año.

Y más que podría acentuarse esta tendencia. Sobre todo en Estados Unidos, si se cumple las líneas del presupuesto que ya ha ido desvelando el equipo de Barack Obama. Su idea de subir los impuestos a los más ricos y a las empresas cotizadas para poder redistribuir estas rentas hacia los más desfavorecidos. Por lo tanto, el adinerado, que es quien todavía se permite salir a cenar gastando bastante dinero, sentirá más incertidumbre y quizá abandone este tipo de gastos.

Habrá que ver, de todas formas, la contundencia de la subida de impuestos, que evidentemente no beneficiará nada al mercado bursátil. Pero una medida de este tipo era algo que el mejor inversor de la historia, Warren Buffett, llevaba pidiendo desde hace tiempo. Claro, que a él le gusta beber coca cola y comer hamburguesas casi a diario. En su caso no lo notarán los restaurantes.

Interesantísimo este gráfico que me pasaron ayer. Mide la contundencia y la velocidad de todos los mercados bajistas de la historia, tomando como referencia el índice Dow Jones de Wall Street. La escala vertical refleja las caídas y la horizontal, las semanas que duró la fase de castigo de los índices.

Como se puede ver, el desplome actual ya se ha convertido en el segundo más fuerte de la historia (casi empatado con el del mercado bajista del 37-38), aunque en tiempo está muy por debajo de lo que han durado otros, con casi 80 semanas ya, la mitad de lo que duró el mercado bajista que siguió al final de la Segunda Guerra Mundial.

Está claro que el gráfico lo pueden utilizar tanto optimistas como pesimistas. Los primeros dirán que ya hemos ido demasiado lejos en demasiado poco tiempo, que esto no ha pasado en ninguna otra crisis, que se están haciendo muchos esfuerzos gubernamentales para que haya una recuperación, que la brusquedad de la caída podría venir seguida de una recuperación vertiginosa y demás.

Los pesimistas argumentarán que todavía estamos en la mitad, tanto en tiempo como en magnitud, del desastre más parecido al actual, el Crack del 29. Entonces, a estas alturas del mercado bajista, los índices habían caído prácticamente lo mismo que ahora.

¿Tu cómo lo ves?

Parece que las penas de los ciudadanos son tales, que ya no nos llega ni para ahogarlas en alcohol o similares. Esta mañana he echado un vistazo a un fondo curioso creado hace unos cuantos años en Estados Unidos: el llamado Vice Fund, o fondo del vicio. ¿Y cómo va? Pues fatal, la verdad, como todo: cae cerca de un 50% en el último año. Aquí os dejo su gráfico.

Este fondo se dedica a invertir en compañías de tabaco, armas, alcohol y apuestas. Y fue creado en pleno pinchazo de la burbuja del año 2000 porque uno de sus promotores pensó: “Por muy mal que vayan las cosas, la gente no dejará sus vicios. Seguirá apostando, bebiendo, fumando…” Pero parece que no, como decían el otro día en Gurusblog, hasta el consumo de bebidas está cayendo en Estados Unidos.

Situaciones especiales al margen, la verdad es que lo sorprendente de este fondo radica en que, desde su creación, ha estado entre los más rentables de su categoría, lo que le ha valido por ejemplo tener cinco estrellas de Morningstar y similares. ¿Pero por qué ha caído tanto en los últimos meses?

Charles Norton, su gestor, decía en esta entrevista que sobre todo por el dramático desplome de la operativa en apuestas, y deja ver que tampoco les va a ayudar la victoria de Obama, porque esperan una regulación más dura y con más impuestos para el tabaco. Sin embargo, dice que el consumo en los mercados emergentes sigue creciendo.

Esta mañana, alrededor de las 11:00, medio mundo virtual se ha parado. El motivo ha sido la caída de Gmail, el servicio de correo electrónico de Google. Automáticamente, los usuarios del correo de Google con cuenta en twitter nos hemos ido alli para ver si a otros les pasaba lo mismo e imagino que en otros servicios y redes sociales pasaba lo mismo.

Había incluso un punto importante de nerviosismo: si uno hacía una búsqueda del término gmail en twitter search, apróximadamente cada minuto salían 500 nuevos comentarios con la palabra gmail hablando del error. Increible, ¿no? Resulta difícil imaginar cómo habrá afectado esta caída a la productividad de medio mundo. O lo que es lo mismo, la dependencia que tenemos de Google en la economía actual.

Quizá quede sólo en algo más que una anécdota, pero este caso ha servido para demostrar los peligros de no diversificar, tan aplicables al mundo de la inversión y las finanzas, los inconvenientes de poner todos los huevos en la misma cesta. Que se lo digan a quienes invirtieron una parte demasiado importante de su patrimonio en los estructurados de Lehman Brothers o en el Santander Inmobiliario o similares.

Una nueva palabra se está poniendo de moda en los ambientes anglosajones al referirse a la crisis financiera: preprivatización. ¿En que consiste? ¿Supone alguna fórmula novedosa para recuperar la confianza de los consumidores? ¿Se trata de una idea revolucionaria para que los grifos de liquidez vuelvan a abrirse y la economía se reactive? Ehhh, no, no lo es.

La “prevatización” se eleva como un nuevo término para maquillar el debate y evitar la temida palabra “nacionalización”. Es decir, se trata de transmitir la idea de que el Estado no va a entrar en los bancos para quedárselos, sino para tirar a la basura todos los activos tóxicos que tienen dentro, arreglar los desperfectos, darles una capa de pintura (cambiándole el nombre, sugiero yo) y sacarlos otra vez al mercado.

El término, al parecer, surgió del blog financiero Calculated Risk y ha sido bendecido incluso por el último premio nóbel de Economía, Paul Krugman, en un post reciente.  Y, desde luego, para quienes hemos estado renegando de la entrada de lo público en lo privado durante tanto tiempo, parece algo más aceptable, como supuesto de partida, que la nacionalización. ¿Por qué? Porque, ironías al margen, tiene un matiz importante: demuestra un interés en volver a lo privado, una intención de que el paso de los bancos por el Estado sea lo más rápido posible.

Lo que está claro es que, aunque la mona se vista de seda, el debate sobre la nacionalización o preprivatización cada vez está más encima de la mesa. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Porque en realidad ya casi está en marcha. Ahora mismo, los bancos que siguen recibiendo liquidez en EEUU lo hacen porque tienen respaldo público. Es decir, porque el Estado está detrás. Si no fuera así, para reflejar el nulo valor de sus activos tóxicos y la caída de sus acciones, tendrían que hacer ampliaciones de capital que tendrían muy poca aceptación, con lo que la quiebra estaría a la vuelta de la esquina.

Si la actividad bancaria ya depende del Estado, si como dice Krugman, los bancos americanos son ahora una especie de zombis mantenidos por la Casa Blanca, ¿por qué no quitarnos todos la careta y reconocerlo? ¿o por qué no quitarnos esta careta y ponernos la de la preprivatización?

Como nos gustaría poder aplicar a los mercados eso que a veces decimos cuando alguien se pega un trastazo y da con sus huesos en el suelo: “De ahí no pasas”. Los mercados han cerrado la semana “pasando de ahí”, del suelo que había funcionado bien los últimos meses para detener las caídas. Otra vez han sido los bancos los que han taladrado el mercado, con caídas muy fuertes de nuevo para el Popular, agobiado por los bajistas y sus rumores.

Los analistas técnicos ya tienen trabajo para intentar buscar una nueva zona hacia la que se dirijan los índices. De momento, en Bolságora no descartan una caída adicional de entre el 15 y el 20% en los índices. Lo cierto es que una vez que hemos perdido el suelo y hemos caído al infierno de los mínimos, ni siquiera el mismo demonio, como pasa en la viñeta que pongo más arriba, sabe habrá más abajo.

Sólo hace falta darse una vuelta por los foros y blogs de Internet para leer numerosos comentarios de clientes de Santander, ahora pillados en el Santander Banif Inmobiliario, quejándose de que su asesor del banco les aconsejó este producto vehementemente hace unos cuantos meses y todo lo contrario unos días atrás. Una situación que ha desembocado en un auténtico caos y la imposibilidad de retirar el dinero invertido.

Lo peor es que más situaciones como éstas son lógicas e inevitables, porque hasta ahora la distribución de productos sigue un esquema de cadena industrial en muchas entidades financieras: llega una circular desde arriba que da las directrices a los empleados para vender determinados productos de manera genérica. Esto ha funcionado hasta ahora, pero el mundo está cambiando. Y quien no lo vea sufrirá. Por eso, a muchas entidades financieras les asusta, les aterra la red, y no saben que hacer más allá de su página web.

En otros sectores ya ha empezado a ocurrir. Hasta ahora, para que un producto tuviese éxito comercial bastaba con tener dinero para hacer una gran campaña de publicidad en medios de comunicación tradicionales, sobre todo televisión. ¿Le importaba a alguien las distintas características de los consumidores? No. Era un mensaje unidireccional de la empresa: me da igual como seas, este producto te sirve tanto a ti como a tu vecino.

Esta forma de vender está en el extremo opuesto a lo que debería ser la comercialización de productos financieros. Quizá todos podamos lavarnos los dientes con una pasta de dientes estándar o limpiar nuestra ropa con un detergente estándar, pero no todos tenemos unas necesidades financieras estandarizadas. Por eso, no vale para todos los clientes un fondo estándar ni un depósito estándar ni una acción, disfrazada comercialmente de bono convertible, estándar. No.

¿Se imagina que va un día a la farmacia y sin preguntarle qué le pasa el boticario le da un antiinflamatorio? No. Usted primero le dice lo que necesita, él le escucha y le propone un fármaco. Y quizá aconseje una marca u otra según le haya convencido una compañía farmacéutica o la otra (no lo sé), pero al menos le da algo que usted necesita para curarse. Sin embargo, todos muchos hemos entrado en una sucursal y nos han ofrecido un producto financiero sin preguntarnos qué nos duele, y sin decirlo nosotros.

La buena noticia es que Internet está cambiando esta tendencia. Con las nuevas herramientas, los inversores buscan la información que les interesa; se encuentran con otros en su misma situación; comparten inquietudes y crean comunidades donde analizan y evalúan productos. Y estamos sólo en el principio: poco a poco dentro de las mismas surgirán nuevas herramientas y pequeños grandes líderes que altruistamente o emprendiendo negocios fomentarán el aumento de la cultura financiera real.

Las entidades tendrán que esforzarse en conocer bien a sus clientes y ofrecerles productos que se adecuen a sus necesidades financieras. Y si no la hacen, correrán el enorme riesgo reputacional de que, en cuanto se tuerza un poco la situación, los clientes se irriten porque se les ha colocado algo que no se ajustaba a sus necesidades o que ni siquiera les explicaron bien.

Como ya está pasando, estos ahorradores se encuentran en la red con otros en su misma situación, comparten penas, se asocian y sus quejas generen un riesgo reputacional gigantesco para la entidad. A ésta no le quedará otra que reaccionar, si es capaz de entender que el mundo está cambiando y ya no tiene un poder comercial casi ilímitado. Y tendrán que competir con los asesores independientes, sea cual sea su tamaño, que sí entiendan esta realidad y lideren este proceso de cambio, escuchando bien a los inversores. ¿No os parece?

Pruebe con este trabalenguas: ·El sistema está estafado, ¿quién lo desestafará? El desestafador que lo desestafe, buen desestafador será·. Hoy se ha conocido en EEUU el penúltimo megaescándalo financiero, con la peculiaridad de que este señor estaba entre la lista de estafados por Bernie Madoff. Empieza a parecer de chiste, aunque la cosa sea bastante seria.

El hombre al que apunta la SEC, Allan Stanford, bajando de un helicóptero. Foto tomada de Clusterstock

Allan Stanford, denunciado por la SEC, bajando de un helicóptero. Foto tomada de www.clusterstock.com

En fin, el protagonista de esta nueva historia de terror financiero se llama Allen Stanford y al parecer prometía unas rentabilidades seguras y consistentes para quien invirtiera en sus productos.

El banco, Stanford Bank, estaba domiciliado en un paraíso fiscal en Antiqua y, al parecer, en las últimas semanas se ha dado la “cómica” situación de grandes inversores volando hasta allí para recuperar su dinero. Tremendo. Todo, claro, para volver con las manos vacías. Un viaje al paraíso que para ellos habrá sido un infierno.

Al parecer el fraude podría rondar los 8.000 millones de dólares, aunque todavía no se conoce mucho detalle. Sölo se sabe que la rentabilidad que prometía era de un 8% anual.

La SEC, la policía de los mercados americanos, ha explicado que Stanford y sus socios no les hacían caso en sus requerimientos de información y documentos. Y tampoco colaboró en absoluto, por lo que se va conociendo, en las investigaciones sobre Madoff, en cuyos fondos también estaba pillado. Pues eso, el estafador estafado.

Hay decisiones que, a priori, resultan difíciles de entender por más que se le de vueltas al asunto. Cuando escribí la semana pasada el post El desastre de los fondos inmobiliarios no pensé que fuera a llegar a estos niveles, pero este lunes se ha conocido que Santander va a congelar al menos el 90% del dinero que más de 50.000 clientes tienen depositados en el Santander Banif Inmobiliario, el mayor fondo de inversión inmobiliario español. La decisión, como no podía ser de otra manera, ha desatado la polémica a lo largo de los comentarios en las noticias, blogs y foros especializados.

Sorprende más todavía por la solución que se le había dado a un problema similar desde su gran rival. La semana pasada podíamos leer en Expansión que BBVA, ante una situación similar, decidió avisar primero a los participes de su fondo inmobiliario de que tenían una última oportunidad de sacar todo su dinero hasta dentro de dos años. Casi todos los inversores se salieron, y lo que hizo BBVA fue poner dinero propio -1.600 millones de euros- en el fondo para dar liquidez a los partícipes que quisieron salirse antes de su último aviso y evitar malvender los activos en cartera.

El Centro Comercial Plenilunio es uno de los edificios más valorados en la cartera del Santander Banif Inmobiliario

El Centro Comercial Plenilunio es uno de los edificios más valorados en la cartera del Santander Banif Inmobiliario

¿Por qué Santander no ha optado por una solución parecida? Una respuesta evidente es que desde esta entidad no están dispuestos a poner cerca de 2.500 millones de euros para dar salida a los partícipes de este fondo. ¿Pero por qué no? Al final, se supone que el equipo gestor de Santander Real Estate deben estar compuesto de gestores que debían conocer que el mercado inmobiliario se estaba frenando. ¿Por qué no vendieron estos activos antes? Imaginemos que no lo hicieron por considerar que tenían activos de muy buena calidad. ¿Por qué entonces no los quiere Santander para sí?

Es evidente que en Santander se habrá analizado la decisión que tomó hace poco BBVA. ¿Quién ha decidido en Santander no invertir en estos activos? ¿Tanta capacidad de depreciación ve el banco en estos edificios que su gestora de patrimonios inmobiliarios tenía en cartera para no invertir en ellos? ¿A quién venderá la gestora ahora estos activos ahora para obtener la liquidez para hacer frente a los reembolsos? Creo que este proceso debería ser hipertransparente y que la CNMV debería estar muy encima. Sólo hace falta darse una vuelta por los foros y blogs para escuchar decenas de teorías conspiratorias al respecto.

¿Por qué se ha gestionado tan mal la comunicación sobre el producto en los últimos meses? ¿Por qué en diciembre se anunció, de pronto, una tasación extraordinaria del fondo, muy poco después de la ventana de liquidez de octubre? ¿Por qué no se hizo esto un año antes, cuando empezó a pincharse la burbuja inmobiliaria o en marzo de 2008, cuando hubo un cambio en la contabilidad de los mismos? ¿Por qué nadie pensó que hacer esta tasación extraordinaria crearía una alarma que llevaría forzosamente a lo que ha pasado ahora, si el propio banco no lo remediaba?

A mi, cuando estaba en prensa, los responsables de la gestora de Santander me dijeron que el producto seguiría dando rentabilidades estables porque la valoración que se tomaba para hacer el valor liquidativo era la más baja de las dos posibles, que son capitalización de las rentas (alquileres) y valor de tasación de los activos. Y me decían que ahora se utilizaba la primera y que la segunda tenía que bajar una barbaridad para empezar a ser la que definiera el valor liquidativo por lo mucho que habían subido en los últimos años (un argumento que a mí me pareció que tenía sentido y así lo traslade a mis informaciones).

¿Tanto ha bajado ya? Las tasaciones oficiales no reflejan un desplome importante de los precios por ahora. ¿Se ha cambiado la forma de valorar sobre la marcha? Si se ha hecho, ¿por qué no se ha avisado antes a los partícipes para que puedan salir?

Esta noticia ha hecho un muy flaco favor, evidentemente a los partícipes de este producto, pero también causará daños colaterales a los otros fondos inmobiliarios: muchos inversores pensarán “si el más grande congela los reembolsos sin previo aviso por no tener liquidez para los reembolsos, ¿qué no será susceptible de sufrir el más pequeño?”. También ha hecho un flaco favor a la red comercial del banco, que va a tener que dar explicaciones muy difíciles de entender a los más de 50.000 partícipes del producto. Y, sobre todo, deja muchas preguntas sin responder, sobre las que convendría tener más claridad.

Si uno quiere aprender para cualquier ámbito de la vida, sólo tiene que mirar la naturaleza. Yo la semana pasada pude hacerlo gracias a que me tomé un par de días de vacaciones y aproveché la oferta de vueltos baratos de Iberia para irme a Tenerife. Allí, era visita obligada el Teide, claro, y en el centro de visitantes que hay poco después de entrar en el parque nacional me encontré con este cartel:

Si uno aplica la frase a la realidad financiera actual, el sentido está muy claro. Los inversores también tienen movilidad y pueden huir si las condiciones se tornan demasiado duras, como han hecho muchos durante los últimos meses. “Sin embargo, muchos optan por resistir, pues en un medio tan difícil como éste, son pocos los que logran sobrevivir y, por lo tanto, la competencia no es muy fuerte”, como dice el cartel.

Efectivamente, el precio de seguir en el mercado ahora es un ambiente lleno de bruscas volatilidades, frio, doloroso, con sufrimiento, como los animales que siguen en lo alto del Teide. Pero eso también deja a los inversores oportunidades. Por ejemplo, comprar buenas compañías a precio de ganga, después de que otros  se hayan visto obligados a vender a cualquier precio, porque tenían que salir de allí, ya fuera para hacer liquidez y devolver los créditos que habían pedido (desapalancarse) o por pura necesidad de seguridad.

Pero ojo a la frase final del cartel: “No obstante, los recursos son escasos y hay que ingeniárselas”. De ese “ingeniárselas” uno concluye que no todo el mundo vale para estar ahora allí donde las condiciones de vida para el inversor parecen inhumanas. Sólo quienes tienen capacidad de soportar volatilidades muy altas, sabiendo que han comprado a muy buen precio. Y sólo quienes saben identificar los buenos negocios ahora y aprovechar los bajos precios pueden resistir con éxito en el mercado. Ellos son los “animales de la inversion”. Y son capaces de sobrevivir incluso en el “infierno”, que es lo que significaba en guanche el termino del que procede la palabra Teide.

Pero ojo, en el Teide, ni estos animales se libran de las erupciones de lava y fuego que muy de cuando en cuando realiza el demonio Guayota, el que dicen los mitos que reside dormido en el interior del volcán. En los mercados, debe haber uno parecido, que hacía 80 años, desde el crack del 29, que no se despertaba. Y ha arrasado también a muchos inversores muy curtidos en mil situaciones despiadadas. Pero los que siguen de pie harán mucho dinero en esta crisis.

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