December 2008

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Ya sé que ha pasado más de un mes , pero lo he visto hoy y me ha parecido muy curioso. Resulta que en Halloween se acabaron estas máscaras que una compañia americana hizo de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, y Hank Paulson, el secretario del Tesoro y cerebro del criticado Plan Paulson.

Y no os creáis que eran baratas, no. Cada una de ella costaba unos 80 dólares. A mi me ha parecido tremendo. ¿Os imagináis que aquí nos hicieramos unas máscaras del gobernador del Banco de España (Mafo) o del ministro de Economía (Pedro Solbes). Estoy seguro de que a 60 euros no se vendía ni una.

Esta tarde he asistido a una presentación muy interesante en Iniciador, el foro de emprendedores que organizan Javier Martín, Angel María y Lucas Rodríguez. En el de esta tarde en Madrid el ponente ha sido Luis Martin de Cabiedes, uno de los business angels más conocidos del mundo Internet español, y más que hablar, ha respondido preguntas de los asistentes sobre cómo decide invertir en start ups.

En Loogic, el blog de Javier Martín podéis encontrar una crónica de las preguntas y respuestas más interesantes del evento, por eso yo me voy a centrar más en algo que en la cervecilla posterior me ha comentado otro Javier, el amigo de Trackrecord: “¿Te has dado cuenta de que muchos de los rasgos de los que ha hablado también se aplican al buen inversor en bolsa”. A mí, efectivamente, ha habido tres puntos que sí me lo han parecido y así los resumo:

- “Diversifico mis inversiones”
Una de las palabras en las que Luis Martin de Cabiedes ha hecho más hincapié ha sido “diversificación”. En su caso resulta crítica, ya que los nuevos proyectos online suelen tener mucho riesgo. Según ha explicado, con que 1 de cada 10 inversiones le salga bien, le da para vivir de ello. La relación 1 a 10 no es extrapolable a la bolsa, pero sí en otros porcentajes. Muchos inversores siguen o seguimos confiando en unos pocos valores o fondos la mayoría de nuestras inversiones, sin ser conscientes del riesgo que estamos asumiendo.

@luiso, inspirado en @iniciador on TwitPic

Martín de Cabiedes en Inciador (foto de Jaime Estévez)

- “No te debes enamorar de una compañía ni de un emprendedor”
A Luis Martín de Cabiedes no le gusta nada implicarse en el negocio de las compañías en las que invierte. En parte porque a él “no le pagan por eso”, como ha dicho, y en parte “para no enamorarse de la empresa ni del emprendedor”, algo que ha definido como uno de los mayores errores por parte de los inversores, aunque ha dejado claro que cada business angel es un mundo. Él sólo quiere rentabilidad. Multiplicar por 10 o por 30, dependiendo del caso, la inversión que realiza en cada proyecto. Esa frialdad también sería aconsejable para la inversión en bolsa. Muchos se unen casi sentimentalmente a determinadas acciones o gestores, y eso hace más difícil vender cuando llega el momento, elimina parte de la racionalidad que exige el proceso de inversión.

- Deja correr las ganancias y corta las perdidas
Martín de Cabiedes ha explicado que sólo invierte en segunda ronda de ampliación de capital en aquellas compañías que van bien. Es decir, que aunque haya puesto dinero en primera ronda, si la compañía no despega y no cumple las previsiones, asume las pérdidas y punto. Eso sí, en las que le van bien, aumenta la inversión. En el mundo financiero, muchos inversores operan al revés: sólo aumentan las inversiones en los valores o fondos donde les va mal, para intentar promediar, o como se dice vulgarmente en la jerga financiera “promierdar” (perdón por la palabrota). Se suelen cortar rápido las ganancias mientras se dejan correr las pérdidas.

Ën fin, esa es mi visión. Si estuviste en Iniciador y tienes otra visión, coméntala por favor, y si no estuviste y estás de acuerdo o no, también.

Hace unas semanas hice una comparación entre la situación del Real Madrid y la mala gestión de carteras. Lo ocurrido hoy, con la destitución de Schuster y el fichaje de Juande Ramos, confirman algunos errores que pueden ser también aplicables como aproximación al mundo de la inversión. Vamos con ellos:

- No respetar el horizonte de inversión
Echar a Schuster hoy denota una falta de horizonte de inversión acuciante. Hace tres semanas el presidente del club blanco dijo que “echar a Schuster ahora sería un error” y creo que recientemente ha dicho algo similar. A mi me recuerda a cuando un inversor cambia de repente su horizonte de inversión. Por ejemplo, compra ahora unas acciones pensando en obtener una buena rentabilidad a largo plazo, pero de pronto caen un 20% adicional y las venden, y viceversa.

- No estar alineado con el gestor/asesor
Desde el pasado verano llevaba Schuster dejando claro que no estaba en sintonía con decisiones del Real Madrid. Pidió un delantero y un extremo, y sus dirigentes sólo se fijaron en Cristiano Ronaldo. Para el Madrid se supone que es importante la cantera, pero apenas daba oportunidades a jugadores. Cuando se dan encontronazos tan fuertes, lo mejor es tomar decisiones cuanto antes y no dejarlo todo en manos del tiempo. En la bolsa, ese tiempo es la tendencia; en el fútbol, los resultados.

- Cambiar de gestor, pero no de cartera
Es muy difícil que un gestor pueda hacer maravilla con los valores que para otro sólo han traído desgracias, como es harto complicado que Juande Ramos pueda hacer rentable a la plantilla que tiene entre manos. Al final, son los mismos jugadores. Y, además, los que había elegido en buena medida el gestor anterior y que no se corresponden quizá con su visión. Por ejemplo, el último fichaje, Huntelar, parecía ser de los que había pedido Schuster.

- Ocultar errores propios
Y, por último, creo que hay mucho de lo que ocurre a veces en el mundo de la inversión, cuando un inversor cambia a su asesor financiero por los malos resultados de su cartera, cuando en realidad éste le había delimitado muchísimo las posibles inversiones. Se trata de encontrar un culpable, un chivo expiatorio, alguien que pague la falta de un planteamiento serio y un horizonte delimitado. Y además se sale pagando una alta “comisión de reembolso”, que en el caso de Schuster decían que podía elevarse hasta a 3 millones de euros.

Bueno, ahí queda eso, leedlo con cariño. Ya sabéis que soy tan culé que, viviendo en Madrid, resido en la Avenida Ciudad de Barcelona, pero creo que se trata de unas comparaciones que hacen más fácil comprender algunas inconsitencias en la toma de decisiones de inversión.

Hace justo una semana tuvimos el placer de visitar el plató de Baquia TV. Fuimos allí para una entrevista con Rodolfo Carpintier, uno de los inversores en Internet con mayor experiencia en España. Os pego a continuación el link de la entrevista, que podéis ver en Baquia TV. (Si pincháis en la imagen también accedéis a Baquia).

Si queréis conocernos mejor qué hacemos en esta red social de inversores. Os aconsejo echar un ojo a esta entrevista.

Una discusión habitual entre pesimistas y optimistas estos días es sobre cuánto de la caída que llevamos recoge el complicadísimo entorno macroeconómico en el que nos adentramos. Yo siempre digo que, por mal que vayan las cosas, un descenso superior al 50% en un año y medio ya recoge muchísimo desastre. ¿Entonces no puede caer más los próximos meses?

Como siempre digo, no lo sé. Y menos a la vista de este gráfico que hace unos días publicó Marc Garrigasait en su muy recomendable Investors Conundrum.

Cada punto refleja la rentabilidad que habría obtenido un inversor si hubiera invertido en bolsa diez años antes. Es decir, el cerca de 25% que marca ahora refleja las pérdidas que acumularía en su cartera quien compró acciones en 1998. ¿Capici?

Aunque hay muchas lecturas que hacer, y Marc ya ha hecho unas cuantas en su blog, a mí me llama la atención el hecho de que sólo una vez en la historia, en concreto tras el crack del 29, habría sido peor momento que en el escenario actual para haber invertido en bolsa.

Pero esta lectura aparentemente positiva tiene una negativa para quienes crean que se viene encima otra gran depresión como entonces. Incluso quien invirtió una vez ocurrido el desplome de 1929-30 tuvo unas pérdidas a diez años gigantescas, mayores todavía que en el periodo actual. Como podéis ver, tanto los optimistas como los pesimistas tienen argumentos para pelear.

Imagina que pasas por delante de un edificio en demolición y te encuentras con un comercial que te ofrece la posibilidad de comprar a buen precio el solar que va a quedar para hacer un gran centro comercial. ¿Cuál sería tu respuesta? Valorarías si el precio es adecuado, si el negocio que montarías allí te generaría suficientes beneficios, los socios que tendrías que buscar… Pero no creo que dijeras: “De eso nada, cómo le voy a comprar nada… ¡si este edificio está en plena demolición!”.

¿Por qué con las bolsas mucha gente si piensa así? Los mercados llevan desplomándose 18 meses y muchos ahorradores piensan que hasta no dejen de caer cascotes no habrá nada que hacer. En los días de rebotes que tienen lugar ahora es habitual en foros y chats la siguiente pregunta: “¿Qué está pasando si la cifra del paro ha sido la peor en nosecuantosmil años?”.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma visión. Hay quienes ven en este derrumbe una oportunidad para construir unos sólidos cimientos de rentabilidad futura. Éstos no miran tanto si las acciones pueden caer un 10% o un 20% adicional, sino que se fijan en si el precio es adecuado para el valor que ellos dan al negocio, los socios y gestores que tienen estas compañías, los flujos de caja que pueden generar…

Ellos empiezan a comprar cuando todos los demás no quieren acercarse a menos de un kilómetro del edificio en demolición. Y, por eso, los suelos se suelen formar mientras siguen apareciendo noticias lamentables, no cuando los cimientos de la recuperación económica ya están plantados.

Quién sabe si estamos cerca del suelo, no tengo ni idea, pero sí sé que el día que los mercados empiecen a remontar parecerá el peor de los días. Como hace cinco años y medio, cuando no sabíamos hacia dónde se dirigía el mundo tras la famosa foto de los Azores, que suponía el inicio figurado de la Guerra de Irak.

Parece que los Reyes Magos y la bolsa no se llevarán bien a partir de ahora. A Bolsas y Mercados Españoles (BME) se le ha ocurrido la brillante idea (es una ironía) de convertir el 6 de enero en un día de trabajo para muchos profesionales al abrir ese día la bolsa, algo que ha indignado a muchos empleados de bancos y brókers que operan en España.

Hasta ahora, ante los calendarios de sesiones de BME, éstos no tenían más remedio que el recurso de la pataleta, pero ahora pueden asociarse: han creado un grupo en Facebook que ya tiene…. ¡Más de 500 miembros! Incluso se ha iniciado una recogida de firmas en Barcelona para intentar frenar la decisión de BME, que imagino será inamovible.

Se trata de la gota que colma el vaso. En los últimos años BME ha ido adoptando su calendario de festivos al europeo, con el fin de no perder días de negocio y que esos trades se vayan a sus rivales europeos. La estrategia es comprensible. Sobre todo, poque BME se debe a sus accionistas y no quiere cerrar mientras “los comercios de alrededor” abren.

Pero con esta decisión obliga a trabajar a mucha gente que hasta ahora tenía ese día como una festividad tradicional. Muchos padres y madres no podrán irse a jugar con los regalos que los reyes hayan traído a sus hijos al parque, sino que tendrán que irse al parqué a pasar un día insulso y casi sin operaciones. Veremos cómo acaba este brote reivindicativo de los ‘actores’ del mercado frente al propio mercado.

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