September 2008

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En la teoría de los juegos, uno de los aspectos clave para explicar ciertos comportamientos socioeconómicos es el “dilema de los prisioneros”  (en Wikipedia hay una definición muy didáctica), desarrollado por Albert Tucker. En España uno de los autores que más lo ha popularizado en sus columnas, libros  y ahora blog es Manuel Conthe, el ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

El planteamiento del problema es el siguiente: dos personas que cooperando lograrían una mejor solución conjunta, acaban actuando egoistamente para intentar mejorar su situación personal, ya que tienen incentivos personales para hacerlo. Y así apenas prestan atención al hecho de que si el resto lleva a cabo esta misma táctica, todos saldrán perdiendo, incluído ellos mismos.

Esto parece ser lo que ocurrió el pasado lunes en el Congreso de Estados Unidos. De entrada, parecía que se había llegado a un acuerdo para que el plan de rescate financiero se aprobara. Sin embargo, en la votación el plan se rechazó por 205 votos a favor y 228 en contra, muy lejos de lo esperado por el propio presidente George Bush y  por los pretendientes para sucederle: el republicano John McCain y el demócrata Barack Obama.

Los congresistas sabían que cooperando obtendrían una mejor solución para el conjunto. Pero muchos tenían un incentivo para “traicionar” a los demás: al votar en contra del plan aumentarían sus opciones de ser reelegidos para el cargo, ya que la aprobación del rescate era tan impopular que según he leido ahora no sé donde más de dos tercios de los ciudadanos de EEUU la rechazan.

Quizá fue sólo un error de cálculo. Es decir, que muchos (unos 228, para ser exactos) hicieran el siguiente razonamiento: “Como parece claro que se va a aprobar, voto en contra y así obtengo una ventaja personal mientras sale adelante el bien general”. Y, como en el juego del prisionero, esa actitud de querer obtener más beneficio de la situación que los demás acabó haciendo que todos resultaran castigados.

En la versión “plan de rescate financiero” de este dilema a los prisioneros (congresistas) se les va a plantear una segunda posibilidad de jugar. Y tienen tres opciones: mantener sus votaciones, con lo que seguirían tomando decisiones egoistas, pero negativas para el sistema; cambiar y votar sí, con lo que aceptarían una situación negativa personal, pero sabiendo que será beneficiosa para el sistema; y, por último, aumentar el número de votos negativos, porque quienes votaron a favor no querrán correr el riesgo de ser los únicos que miran por el bien común.

¿Qué creéis que elegirán? Lo lógico es que, según se repite el juego, tenderían a colaborar porque se darán cuenta de que las otras soluciones no son las óptimas. ¿Será así esta vez?

De entre los interesantes comentarios que he visto en las últimas horas en mis blog favoritos, éste me ha llamado la atención. El autor reclama como medida lo que yo planteo en este post como pregunta: La Fed debería recortar los tipos de interés hasta el 0 por ciento“. Suena fuerte, ¿verdad?

A mí me parece que lo que se dice en el post tiene sentido. La Fed sigue teniendo en su mano jugar una última baza para tranquilizar a los mercados y demostrar que hará todo lo que esté en su mano para remontar la crisis, aunque los políticos del Congreso sigan jugando a hacerse los duros con Wall Street para ser reelegidos en sus cargos.

Ahora bien, como he dicho antes, es su última baza. Bernanke se quedaría sin ninguna bala en la recámara. Y además a muchos se les pasaría por la cabeza el parecido con la economía japonesa, la solución menos buscada por los banqueros centrales, como se ha visto en la prolongada debilidad de este país, con sy crisis en forma de L.

En fin, un planteamiento muy atrevido, que a mi por lo menos me parece digna de meditar. ¿Cómo lo veis? ¿Os convence esta tesis? ¿Debería el BCE hacer algo similar?

Me ponen de los nervios los estereotipos y las descalificaciones cliché. Me irritan las generalizaciones que muestran a los brókers y los gestores de fondos como tiburones avariciosos y egoistas que se pasan todo el día ante la pantalla y se descargan en el gimnasio, en los vicios y en la lujuria. Me molesta la crítica fácil y tópica a estos (al fin y al cabo) trabajadores cuando estallan crisis como la actual. Me disgusta la caza de brujas sobre ellos, con la que se les señala como culpables de todo y liberamos nuestras conciencias.

Es como si más allá de la bolsa todos fuéramos almas cándidas, como si el personal de Wall Street o de la Bolsa de Madrid tuviera un gen distinto al resto, como si vivieran en otro mundo. Es la sensación que ya he leído y escuchado mil veces en mil crónicas y con la que he desayunado esta mañana en este post de Carlos Fresneda, firma que sigo habitualmente, corresponsal de El Mundo en Estados Unidos, que está tan bien escrito como repleto de estas generalizaciones. Pero creo que no es así: en mi opinión, la bolsa no es ni más ni menos que un reflejo de la sociedad.

Esa avaricia que se ve en el parqué es la misma que se da en la calle. El dueño de los gimnasios próximos a Wall Street también la comparte y las joyerías cercanas; también quienes se han lanzado al crédito compulsivo para tener unas vacaciones de lujo a las que no llegaban, para comprarse un BMW para elevar su status en el vecindario; o quienes cada fin de semana disfrutamos de cenas opíparas y después pagamos 10 euros o más por cada copa, mientras nos quejamos de lo que cuesta llegar a fin de mes… Todos los que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que, ahora, nos tenemos que enfrentar a la realidad.

Va a ser duro, pero siempre pasa cuando el precio y el valor tiran cada uno para su lado. Al final este matrimonio se divorcia y los niños son los que más sufren. Recuerdo casos como Astroc, como Colonial, como Terra… Cuántos de nosotros hemos comprado acciones de esas compañías llevados por la avaricia sin saber si quiera como eran por dentro ni cuanto estábamos pagando por ellas. Se nos hacía la boca agua y los ojos dólares al ver los 10% Y 20% que subían cada día y sólo queríamos participar ¿Acaso los inversores no eramos tan culpables como las empresas? Por no hablar de la especulación directa con ladrillo.

Todos nos quejamos ahora de la crisis subprime y echamos la culpa a los bancos y los brókers, pero todos hemos participado en esta burbuja de endeudamiento global propiciada por unos tipos de interés muy bajos durante mucho tiempo. Todos, con nuestro egoismo y avaricia por tener más posesiones/dinero/poder/ocio/tiempo libre… No le echemos toda la culpa a Wall Street, en Main Street también hemos participado en este reality show de posesionismo y consumismo al que ahora le llega la carta de ajuste. Es necesaria una reflexión general.

Pues no ha sido un trámite, no. El No del Congreso americano al plan de rescate supone toda una vergüenza para la primera potencia del mundo. Lo que sus líderes han acordado no se ha aprobado en el Congreso y las bolsas se despeñan, con desplomes del 6,5 por ciento del Dow Jones y de más del 7 por ciento para el S&P 500.

Uno se pregunta hasta qué punto son responsables tanto Obama como McCain del resultado negativo del plan de rescate, pero si no son capaces de convencer a sus senadores del mayor plan de rescate de la historia, me crean serias dudas de su capacidad de liderazgo.

Lo que se presentaba como una semana de aliento para las bolsas se va a convertir en todo un infierno. Si hoy han tenido que ser nacionalizados dos bancos en Europa, Fortis y B&B, y uno en Estados Unidos, Wachovia, el pánico puede seguir creciendo durante las próximas jornadas. Los rumores se van a multiplicar.

Ahora se necesita una respuesta contundente, pero de verdad, por parte de los bancos centrales, que ayude a mitigar la situación. Recuerdo que hace unos meses le dije a mi ex jefe que esta crisis iba a ser mucho peor que la de 2000. Ahora debe estar pensando que me quedé muy corto. Pero todos tenemos disculpa en esta crisis. Hasta Warren Buffett parece haberse equivocado con su entrada en Goldman Sachs antes de aprobarse el plan.

Los titulares de los medios online apenas están dando la importancia que realmente tiene al desplome de Fortis Bank. Como os contamos el sábado, estaba siendo un fin de semana de reuniones al más alto nivel en Bruselas para salvar al que hasta hace muy poco era uno de los mayores bancos de Europa por valor de mercado… ¡De los más grandes de Europa!

Pues nada, esta pasada noche los Gobiernos de Bélgica, Holanda y Luxemburgo han tomado el control del banco al inyectar un total de 11.200 millones de euros (cuidado con la equivocada cifra de 11,2 millones de euros que se ve en algunos medios).

Fortis era aparentemente uno de los bancos más sólidos del continente, pero por muy duro que resulte hacerse a la idea: nadie está a salvo. Cuando el mercado se pone “en contra” de un banco y la desconfianza se ceba con él, la entidad no tiene más remedio que ser rescatada. Si todo el mundo quiere retirar sus depósitos y cuentas, el banco está técnicamente quebrado.

Algo parecido le ha ocurrido también al banco británico B&B, situación que el Santander va a aprovechar para comprar activos. El banco de Emilio Botín no deja de dar muestras de fortaleza y parece que será uno de los que salgan con más ventaja de la crisis.

Volviendo a Fortis, a ver cómo queda la situación y cómo afecta al personal en España, cuyo edificio central está en la calle Serrano en Madrid. La incertidumbre que se genera con esta situación nunca es buena para los profesionales que trabajan en las entidades. Esperemos que las aguas se calmen. Fortis tiene negocios de banca privada, banca de inversión y banca para empresas en España.

Leo en Bloomberg que el plan definitivo para rescatar la economía está al caer. Sería una muy buena noticia para los mercados esta semana. Según la agencia, ahora mismo los abogados están trabajando en la redacción del acuerdo, que estaría listo a lo largo del día de hoy (la intención es que sea antes de la apertura de las bolsas asiáticas) y se sometería a votación mañana en el Congreso. Aunque uno entiende que esto sería un trámite, ya que Obama y McCain han dicho que lo apoyan.

De los puntos básicos del acuerdo, quizá el más llamativo, aunque quizá el menos importante para salir de las arenas movedizas de la crisis, es la limitación de los salarios de los directivos. El viernes pasado debatíamos esto mismo aquí en Unience tomándonos un café.

Yo creo que no se deben limitar por ley, que quienes lo deberían hacer son los miembros del consejo de administración. Pero por lo visto han fallado y se han entregado en brazos de sus consejeros delegados o presidentes. Han sido casi más culpables que ellos al no poner coto a las ambiciones y avaricias de sus, al fin y al cabo, asalariados.

Si ellos fallan, debería ser el mercado quien les acabara castigando, como así ha sucedido con el desplome de las acciones de todas estas compañías y la dimisión o cese de muchos de estos banqueros como consecuencia. El problema está en los irresponsables “golden parachutes” que muchos se han fabricado, con la lamentable bendición de sus consejeros.

En fin, que en un principio se aprueba el plan de 700.000 millones de dólares, pero en un principio sólo se pondrán en marcha 250.000 y otros 100.000 si lo autoriza el presidente.

No está generando tantos titulares en España como Lehman, pero ojo a la situación de un banco que tiene más presencia en España que el americano: Fortis se encuentra en una situación tan delicada, que durante este sábado se están celebrando reuniones al más alto nivel en Bruselas. En teoría, para analizar como restaurar la confianza en el mercado, pero eso también se puede hacer entre semana…

En fin, la crisis de confianza pega el gran salto a Europa. Y se ceba en una entidad como Fortis, que el año pasado parecía de las más fuertes cuando estuvo al frente de la entente cordiale con el británico RBS y Santander para comprar ABN Amro. Esperemos que la escalada de nervios se frene pronto.

En España, la entidad tiene presencia en áreas muy diversas, que van desde la gestión de activos (Fortis compró la firma independiente Beta Capital), hasta la banca de empresas y la banca de inversión.

Acabo de leer un interesante post en Fresh Family Office, que os aconsejo vivamente leer, pero os resumo un poco. El autor responde al comentario de un gestor que dice sentirse “acojonado y aterrorizado” con los mercados y que afirma que eso de asesorar a los clientes según su horizonte temporal y perfil de riesgo viene a ser una milonga. Dice: “Ojo, yo también lo he utilizado porque también he estado vendiendo motos en banca privada”, argumenta. La respuesta que le dan desde Fresh Family Office me parece ejemplar, casi me ha faltado aplaudir delante de la pantalla.

Pero volviendo al comentario del asustado gestor, uno no puede más que sentir preocupación. ¿Son perfiles como éste los que rellenan (utilizo esta palabra a propósito) las áreas de asesoramiento de inversiones en las entidades financieras? ¿Se está vendido ‘motos’ a los clientes sin tener en cuenta sus necesidades? Me temo que así sucede en muchos casos. Si no, ¿cómo se han vendido motos-bonos de Lehman a clientes conservadores sin explicarles que estaban invirtiendo en plena crisis subprime en un banco americano?

Si los asesores financieros no creen en lo que deben hacer, que se busquen otro trabajo. ¿Os imagináis a un médico que, cuando a su paciente le sube la fiebre, le dice que se olvide de medicarse y cuidarse, ya que su enfermedad demuestra que la medicina no sirve para nada y que la única solución debe estar en algún unguento milagroso universal que un curandero dice conocer?

Está claro que no todos los asesores financieros son iguales. Y los hay que sí creen en su trabajo. Que asesoran con profesionalidad, y calman y apaciguan a los clientes en las épocas de estrés en los mercados, momentos en los que los clientes se olvidan (comprensiblemente) de sus horizontes de inversión. ¿Cómo separar los buenos de los malos?

El boca a boca de esos clientes satisfechos suele ayudar. Cuando tu amigo te dice que a pesar de las caídas del mercado está muy tranquilo con su asesor es que éste está haciendo un gran trabajo. Hasta ahora ese boca a boca sólo podía darse con los compañeros de trabajo, con los amigos o la familia. Pero Internet está cambiando también estos conceptos. Por eso, en la comunidad de inversores Unience estamos desarrollando herramientas que faciliten esa tan necesaria comunicación entre los ahorradores.

Imaginemos la siguiente situación inventada: Pedro Pépez Plómez acaba de cobrar una herencia de 50.000 euros y está pensando dónde invertir ese dinero. Sólo quiere que sea un lugar seguro, porque se da cuenta de que la economía está entrando en crisis, paga más de 1.000 euros al mes de hipoteca y teme quedarse sin empleo en cualquier momento.

De pronto, ve una oferta en el escapate de un banco que le ofrece un 8 por ciento TAE por llevar su dinero allí, pero sólo durante dos meses; después lee en Internet que otra entidad le ofrece un 7 por ciento a seis meses, pero sólo para el 80 por ciento de la inversión; el otro 20 por ciento depende de no se qué movimiento de no se cual índice bursátil; y en el portal de su casa le dejan publicidad de una caja de ahorros que paga el 7,5 por ciento si contratas también no sé cuantos productos del banco.

¿Cuál es el mejor de estos tres ejemplos de productos reales? Vaya usted a saber. Lo único garantizado es el mareo al que se somete el inversor que busca la mayor rentabilidad para el dinero en el que quiere ser más conservador. Las técnicas marketinianas confunden cada vez más al poner tanto énfasis en la rentabilidad y hacen que al ahorrador se olvide de lo que buscaba: seguridad.

Los intereses que ofrecen algunas entidades muestran cierta desesperación en la lucha por atraer dinero. Parecemos asistir a una caza de efectivo, mediante la promesa de unos intereses que casi duplican ya los tipos oficiales. A mí desde luego que no me gustaría estar en un banco o caja al que le sale tan caro financiarse. Y menos en estos tiempos que corren.

Cuando vaya a elegir, Pedro Pépez Plomez debería pararse antes a pensar si su dinero está igual de seguro en un producto que busca rentabilidades cercanas a los tipos de interés oficiales, que en una entidad que tiene que pagar casi el doble para llevarse sus ahorros.

Querido Pedro, no olvides que la rentabilidad y el riesgo son un matrimonio inseparable. Y que si te prometen más intereses, es porque “el mercado” ve en ellos más riesgo. Pedro, hazte en voz alta esta pregunta: ¿Habrías comprado hace tres semanas un depósito de Lehman Brothers (si lo hubiera) porque había lanzado una oferta del 8,5 por ciento a doce meses?

Evidentemente Warren Buffett no suele entrar en este blog y sus razones para invertir tienen algo más de base que llevarme la contraria… ¡Pero menuda casualidad! En cuanto escribí el post de que Buffett estaba escondido en esta crisis, el inversor salió de su madriguera ese mismo día comprando una energética.

Entonces, hicimos otro post diciendo que eso estaba muy bien, pero que sería muy difícil verle entrar en un banco de inversión, algo que había evitado desde su traumática inversión en Salomon hace más de diez años. Pues bien, hoy se ha conocido que el ‘oráculo de Omaha’, como se le denomina, va a invertir 5.000 millones en acciones de Goldman Sachs.

Bromas y fanfarronadas aparte, y precisamente por lo que acabo de comentar, la entrada de Buffett en Goldman me parece muy relevante. Mucho valor debe estar viendo y mucha histeria injustificada en el sistema para invertir de nuevo en una compañía financiera. Con estos mercados locos nunca se sabe, pero su movimiento debería traer algo de confianza al sistema.

Veremos cómo se mueven las financieras hoy en EEUU. De momento, en el resto de mercados, lo están haciendo muy bien, desde Austrialia, hasta Asia, pasando por Europa. Ayer las acciones de Goldman subieron un 3,5 por ciento antes de que se conociera la noticia en un día de fuertes caídas en Wall Street. Los futuros de Wall Street también están subiendo con fuerza esta mañana.

¿Qué os parece el movimiento de Buffett? ¿Creeis que supone un hito cualitativo en la crisis?

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